Demencial: muchos jóvenes conducen borrachos y drogados

Publicado por el ago 8, 2016

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No me lo invento yo, qué va, sino que lo refleja una encuesta elaborada por la Fundación Mutua Madrileña con la Asociación para el Estudio de la Lesión Medular Espinal (Aesleme) con información facilitada por 3.533 personas de 18 a 25 años de catorce provincias españolas, entre 2014 y 2016. Datos contantes y sonantes, así de crudo, así de espantoso: hasta el 80 por ciento de la juventud confiesa haber visto a sus amigos conducir con copas de más o directamente drogados.

Nada menos que un 80 por ciento, es decir, la inmensa mayoría conduciendo así. Y eso que los encuestados cometen un error de percepción: difieren en su actuación y la de sus seres próximos, de modo que sólo uno de cuatro (27%) admite haber conducido en semejante estado…

1-alcoholAlgo falla estrepitosamente en esta sociedad nuestra tan avanzada y tecnificada. Es verdad que el 53 por ciento manifiesta haber intervenido para evitar que sus amigos condujesen así de mal, conforme a una «cierta toma de conciencia» sobre los peligros del consumo de alcohol y las desastrosas consecuencias que estas sustancias acarrean para sentarse al volante. Es más, poco a poco gana adeptos la idea del conductor alternativo: uno de la panda que no bebe para poder llevar el coche sin riesgo. Pero la abrumadora mayoría no percibe riesgo ante estas conductas temibles. A su vez, un 28% de los jóvenes declara que nunca se ha visto en la situación de tener que actuar para impedir que sus amigos conduzcan ebrios.

Llevo tiempo diciendo que vivimos demasiado rápido. Es al menos mi percepción. Observo a muchos jóvenes actuar con el desparpajo de los adultos sin la cuarta parte de experiencia. La educación brilla por su ausencia en muchos casos y a todos los niveles, en multitud de familias estos asuntos apenas se abordan (si es que se hace), y en los colegios la educación vial es materia testimonial.

El resultado es evidente, como lo es el repunte en la siniestralidad que venimos sufriendo en lo que va de año, también por el incremento del tráfico, de acuerdo, pero con más muertos sobre la mesa, muchos por conducir indebidamente. Con crisis económica o sin ella, la gente joven maneja un dinero para uso personal impensable en épocas no lejanas, todos bien pertrechados con caros teléfonos móviles y con automóvil a la primera de cambio. Y ese dinero fácil que fluye con tanta «alegría» abre muchas puertas, algunas desgraciadas, como el abuso de alcohol y el consumo de estupefacientes.

No es nuevo, claro: siempre se ha bebido y la droga no es cosa de hoy. Pero la popularidad que han alcanzado escalofría. Es más, para muchos tomarse una pastillita es inherente a salir de «fiesta», y no digamos tres o cuatro copas. Luego, el coche, los accidentes no dejan de ser daños colaterales derivados de esa triste realidad.

Lo peor es que todo esto tiene mala pinta, con pocos visos de cambiar. ¿En base a qué iba a hacerlo? ¿A la política punitiva de las autoridades? Siempre estará ahí, con fines recaudatorios o sin ellos, como cada cual quiera entender, pero yendo a peor. Quizá cuando más de uno empiece a ver de cerca el peligro que comportan estos hábitos, con amigos que se quedan en el asfalto o se manejan sobre sillas de ruedas, la cosa torne a mejor. Es sólo una expectativa, un acto de fe, aprender a palos, quizá incluso después de hacer daño a terceros inocentes, que ésa es otra.

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