Alemania sólo los quiere eléctricos

Publicado por el Jun 26, 2016

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A tener en cuenta: mientras Francia amaga con dejar de subvencionar el diésel, en Alemania comienzan a ser multitud las voces de la administración que apuntan a 2030 como el año en que dejarán de venderse coches con motor térmico, sean diésel o gasolina. Ojo, digo yo que llevarse a término la medida también incluiría las versiones híbridas. A fin de cuentas también recurren a mecánicas, sobre todo, de gasolina, ¿o no?

Para hacer efectivo todo ello, el reto es mayúsculo. Haciendo números, hablamos de 14 años, un plazo casi «sideral» a la velocidad que evoluciona la vida y progresa la tecnología. De acuerdo. Pero no todo es alumbrar vehículos sofisticados, porque la electricidad que los mueve, aunque proceda del hidrógeno (pila de combustible), tiene que salir de alguna parte.

1-electricoY ahí nos topamos con la «madre del cordero». Por una parte, los poderosos lobbies de producción eléctrica en países como el nuestro no lo van a poner fácil; de hecho, no lo hacen ya. Un ejemplo de manual es la polémica sobre la producción solar privada, que tarde o temprano ha de vérselas con el enganche a la red ordinaria si quiere cubrirse las espaldas, con el gasto que comprende todo ello.

Pero es que en países como Alemania, y no digamos en España, no queremos ni oír hablar de energía nuclear. Con todo el riesgo que entraña si las cosas se hacen mal, de acuerdo, pero despreciando que no libera emisiones contaminantes en la producción cotidiana.

Entonces, ¿a qué carta nos quedamos? Muchos gobernantes «a la última» demonizan el automóvil como si de la peor bestia se tratase, por mucho que no renuncien (ni lo harán) a los millones de euros que reporta en impuestos. Mientras, en Alemania subvencionan la compra de coches eléctricos con 4.000 euros a la par que hacen lo propio con la producción eléctrica del nocivo carbón. ¿Esto cómo se come?

Hace unos días me comentaban que los coches de gas son una buena solución. De acuerdo, pero también contaminan. Es decir, apremia asumir que el progreso entraña costes, por una vía o por otra. A veces por varias a la vez. Queremos movilidad, pero que no contamine. Queremos electricidad, pero sólo si es limpia o renovable (de una u otra forma, no existe, así de simple, por muchos molinos y placas solares que instalemos). Deseamos un mundo sostenible, pero no renunciamos a movernos de un lado a otro, y cuanto más rápido, mejor. La contradicción humana encuentra en la estupidez su mejor reflejo.

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