Cierto: el coche eléctrico también contamina

Publicado por el may 22, 2016

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Tiene razón el presidente de Repsol, Antonio Brufau, cuando manifiesta que el coche eléctrico también contamina. Puede que no emitiendo gases, que no emite, pero por la vía indirecta claro que lo hace. A fin de cuentas, no es el maná. Por cierto, ¿se ha parado a pensar la mayoría en la contaminación que generan el rozamiento y desgaste de los neumáticos? Porque ésa es otra…

No nos engañemos: prácticamente todo lo que moviliza a las sociedades tiene una repercusión en el entorno, y no precisamente positiva. Brufau incide en que la electricidad que alimenta a los coches eléctricos «no sale de la nada», y es verdad. De paso, ironiza con el caso alemán: «No sé si allí la subvención de 4.000 euros es al coche eléctrico, al sector del automóvil o al carbón, pues el 45% de la generación eléctrica en Alemania es con carbón. Esto quiere decir que un coche eléctrico alemán emite las mismas partículas que uno convencional europeo, porque al hablar de emisiones hay que tener en cuenta, junto a las que suelta el vehículo, las que se producen durante su fabricación, la de las baterías y hasta las generadas en la fase de desgüace del automóvil».

mitsubishi-i-miev-1-650pxAsí es. A fin de cuentas, quien algo quiere algo le cuesta, y lo demás es llevarse a engaño. En esto, y para variar, sobre todo las sociedades más avanzadas caemos una y otra vez en la demagogia simplona. Queremos electricidad, pero ni oír hablar de la generación nuclear, por ejemplo, cuando la térmica deriva en una desastrosa polución.

Y pensamos, ilusos, que sembrando el paisaje con miles de molinos de viento (de nuevo, su producción libera emisiones, y no hay impacto medioambiental una vez plantados, qué va…) y placas solares resolveremos la papeleta. Ni de lejos.

Siempre digo que no conozco a nadie que no desee llegar a casa, pulsar el botón y que no le funcione desde el microondas a la luz, la nevera o la recarga del móvil. Claro está, el objetivo es intentar que la producción eléctrica y los medios de transporte, con el automóvil a la cabeza, impacten en el entorno cuanto menos, mejor.

En ello están, por ejemplo, los fabricantes de automóviles, progresivamente «estrangulados» por autoridades como las de la Unión Europea que les obligan a reducciones drásticas en los niveles de contaminación. Reducciones que, por cierto, obligan de todas todas a la hibridación de los coches como única alternativa inmediata, pues si no es imposible llegar a esos estándares.

Hibridación como fase previa a la electrificación completa del parque móvil y que, claro, comporta su correspondiente cuota de contaminación por producción de electricidad y de baterías, etc. En fin, guste o no la «pescadilla que se muerde la cola». Un día de estos tendremos que sincerarnos y afrontar el precio a pagar por un progreso y un nivel de confort que no pueden ser tan sostenibles como desearíamos.

 

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