Etiquetas de contaminación, ¿y luego qué?

Publicado por el abr 17, 2016

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Como reflejamos estos días en ABC Motor, Tráfico ha clasificado el parque de vehículos en un código de etiquetas de color que, progresivamente, hará llegar a los propietarios de coches. La escala, por cierto, similar a una idea llevada a cabo en Méjico DF hace años, responde al estándar de emisiones de partículas como el dióxido de nitrógeno, recogido en el Plan Nacional de Calidad del Aire y protección de la Atmósfera 2013-2016.

La DGT emitirá y hará llegar en mayo etiquetas para el 50% del parque correspondiente a los vehículos más limpios. En concreto, los distintivos ambientales llegarán a los titulares de 16 millones de vehículos clasificados como Cero Emisiones, Eco, C y B.

Una idea, a priori, buena: discriminar positivamente a los vehículos menos agresivos con el entorno. Además, las pegatinas deben facilitar políticas municipales en episodios de elevada contaminación y ayudar a promocionar nuevas tecnologías, con beneficios fiscales o relativos a la movilidad y el medio ambiente.

dgt--620x349La clasificación está recogida en el Registro Nacional de Vehículos de la DGT y es accesible en tiempo real a organismos con competencia en materia de movilidad, seguridad vial, tributaria o medio ambiente.

El nivel Cero Emisiones corresponde a ciclomotores, triciclos, cuadriciclos y motocicletas, turismos, furgonetas ligeras, vehículos de más de 8 plazas y mercancías que sean eléctricos de batería (BEV). Y junto a ellos, los eléctricos de autonomía extendida (REEV), eléctricos híbridos enchufables (PHEV) con autonomía mínima de 40 km y los de pila de combustible, de los que en España, de momento, poquitos.

La categoría ECO son los turismos, furgones ligeros y de más de 8 plazas clasificados como híbridos enchufables con menos de 40 km de autonomía. También los híbridos no enchufables (HEV), los que usen gas natural (GNC y GNL) y aquellos que se valgan de gas licuado del petróleo (GLP).

Para hacerse con la etiqueta C, el coche o furgón ligero deberá ser de gasolina y estar matriculado a partir de enero de 2006, o bien ser diésel si lo hizo después de 2014. También entrarán aquí los de más de 8 plazas y mercancías de gasolina y diésel, matriculados a partir de 2014. Es decir, los de gasolina deberán superar la norma de emisiones Euro 4, 5 y 6, y los diésel, la Euro 6.

Por último, la categoría B es para turismos y furgonetas ligeras de gasolina matriculados a partir de enero de 2000, o bien diésel desde 2006. De igual modo, los de más de 8 plazas y mercancías de gasolina y diésel matriculados a partir de 2005, que deben cumplir la norma Euro 3 y, en diésel, la Euro 4 y 5.

Dicho esto, queda la parte mollar: ¿quién controla todo ello? Porque una cosa es emitir y enviar las pegatinas y otra bastante más cruda salir a contemplar la triste realidad, con vehículos que van soltando «de todo» por el escape.

Cierto: una avería mecánica puede surgir en cualquier momento, incluso después de haber superado satisfactoriamente la ITV. Pero ésta debe ser rigurosa en cuanto a la vigilancia de emisiones. Es más, lejos de multar a diestro y siniestro, estaría bien que las autoridades aumentasen los controles esporádicos en la vía pública. Chequeos que paren en seco a más de un desaprensivo que parece un «calamar soltando tinta» por los bajos, con total desprecio a la salud de todos. Y eso por no hablar de motos, sobre todo scooter, con escapes trucados par ganar algún caballito a costa de hacer un ruido insoportable.

De la nueva regulación me quedo con la parte que habla de «promocionar e incentivar beneficios fiscales o relativos a la movilidad y el medio ambiente». ¿Seguro? Porque para algunos, y me refiero a muchos de los que mandan en este país, sobre todo en el ámbito local, el coche es algo así como «la bestia parda» a batir por tierra, mar y aire. ¿Que no?

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