A Colau tampoco le gustan las motos

Publicado por el mar 14, 2016

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Aunque, en realidad, habría que preguntarse qué es lo que le gusta, más allá de la polémica y de la foto fácil en primera plana. En apariencia, hasta en contra de sus intereses.

Hace unos días, la alcaldesa de Barcelona ya se las trajo con los militares presentes en el Salón de la Enseñanza celebrado en la Ciudad Condal. Parece que no veía adecuado que contasen con un stand ofreciendo empleo y formación a través de la milicia. A la postre, su metedura de pata se ha saldado con una abrumadora asistencia de público a la citada carpa. El tiro por la culata.

harley-davidson-1457783006855La gestión de la huelga de los empleados de Metro de Barcelona en plena celebración del Mobile World Congress, del que meses atrás se especuló tampoco era del agrado de la primera edil (pese al dineral que reporta a las arcas municipales), viene a ahondar en la cuestión. Ahora, la «guinda» es la cancelación de la concentración que, durante los últimos siete años, ha llevado a cabo la legendaria marca motociclista Harley-Davidson.

Fuentes del diario La Vanguardia indican que sus responsables han decidido zanjar el contrato con el promotor local del evento, informando de la decisión el pasado enero al ayuntamiento. Niegan polémica con el consistorio de Colau (tampoco les interesa abrir «guerras» de mayor recorrido) y lo enmarcan en un «replanteamiento de estrategia».

Pero ojo, y ahí va el matiz: el propio Consistorio afirma que la organización propuso celebrar un desfile por toda la ciudad de motos de varias marcas sin temática concreta, algo que a los responsables municipales les pareció «complejo y falto de interés estratégico para Barcelona», por lo que descartó dar luz verde. Y es aquí donde los promotores acusan a la alcaldesa de haberse cargado la cita por motivos ideológicos.

El año pasado, la concentración arrastró a 20.000 aficionados a lomos de sus monturas. Pero es que, atención, hasta un millón de visitantes se dieron cita en el recinto de Fira, en Montjuïc, para ver de cerca el espectacular mundo Harley, disfrutar de su filosofía y conocer su particular estilo de vida.

Se pudieron conducir y probar motos, se organizaron rutas guiadas de la mano de H.O.G. Barcelona Chapter, hasta nocturnas, para disfrutar del skyline local, se rindió homenaje a la Guardia Urbana de Barcelona, volcada en el encuentro, entregándola de regalo una Harley JD de 1928 restaurada, hubo una gran fiesta country donde más de 1.000 personas disfrutaron de música en vivo a través de 30 conciertos, un espectacular desfile de banderas por las calles de Barcelona con más de 12.000 motos… Y todo sin disturbios y con la gente feliz y gastando dinero.

¿Dónde está el problema? ¿No es «turismo sostenible», como también opina Colau de los cruceros que arriban al puerto de la ciudad o de los nuevos y cada vez más sofisticados hoteles cuya construcción ha sido, de momento, paralizada? Vaya lío, uno tras otro, sin alternativas, sin la menor intención de arreglar las desigualdades sociales de las que tanto se jactan las nuevas autoridades locales, que una y otra vez se han llenado la boca de buenos propósitos sin el menor soporte.

Durante años, la concentración Harley-Davidson de Barcelona, una de las más potentes de Europa, ha gozado del favor consistorial. ¿Qué pasa, que los anteriores regidores «estaban a sueldo» y la de ahora ha llegado para «limpiar la basura oculta bajo las alfombras»? ¿O es que quizá Harley suena demasiado americano, demasiado imperialista…? ¿Dónde está la gestión, la nueva forma de gestión de la que tanto presumen? Nada, absolutamente nada. Al contrario, un embrollo tras otro, ahora con las motos que, por cierto, son legión en la capital catalana.

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