Coche colaborativo, ¿nuevos hábitos?

Publicado por el Nov 8, 2015

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En sus distintas modalidades, la iniciativa del coche compartido, o si se prefiere del coche colaborativo, va tomando forma incluso en países tan escépticos como el nuestro. En otros como Alemania, para algunas cosas reyes del consumismo y sin embargo en vanguardia de la compraventa de segunda mano de todo tipo, esta modalidad de uso del vehículo está a la orden del día.

IMG_2859También en Francia. En un reciente viaje a París pude comprobar la cantidad de automóviles utilitarios eléctricos que pueblan sus calles —en la imagen junto a estas líneas—. Son de la compañía Autolib, y encarnan una interesante iniciativa parecida al alquiler de bicicletas —incluso eléctricas— a la que poco a poco nos vamos acostumbrando aquí, en ciudades como Madrid, Sevilla o Barcelona.

La idea es tener a mano un coche —a ser posible de contaminación mínima o nula, pequeño y maniobrable— para usar por horas o días a precios de «combate»: desde poco más de 11 euros al día en caso de suscripción anual.

En la capital de España una propuesta de este tipo desembarca en breve, como recogíamos hace unos días en ABC.ES: corre a cargo de la compañía filial de Daimler Car2Go y permitirá moverse en un área de 85 kilómetros cuadrados.

Otra fórmula muy a seguir la pista es la del alquiler de coches entre particulares: ahí está la plataforma Drivy con las miras puestas en hacerse con el favor de 8.000 usuarios en todo el país y 1.000 coches registrados hasta finales de año. La empresa nació en Francia en 2010 —otra vez nos adelantan…— y cuenta en toda Europa con 35.000 coches y 700.000 abonados, así como con 350 coches y 1.500 usuarios en el conjunto de España. Cuentan sus responsables que sólo durante su primera semana en Madrid han anotado 100 coches.

drivykeysFunciona así: usuario y propietario del coche se ponen de acuerdo, se firma un contrato que puede imprimirse en la web de la compañía o a través del móvil y se hace efectiva la entrega de llaves. Desde ahí, el vehículo queda cubierto por un seguro específico de Allianz, sin cambiar la póliza habitual y con asistencia en carretera 24 horas.

El 70% del precio del alquiler lo recibe el propietario del automóvil; el resto se lo reparte Drivy y Allianz. La fórmula, más enfocada a gente joven y usuarios esporádicos de vehículos —por ejemplo, para escapadas de fin de semana— que al turismo, como en los rent a car tradicionales, permite ahorrarse un 30% sobre las tarifas de alquiler tradicionales.

En una línea parecida, si se quiere un punto más formal, figura el carsharing, con datos muy a tener en cuenta: un estudio reciente de la firma Bluemove demuestra que el coche colaborativo —«coche de barrio» para algunos, desde dos euros la hora— merece la confianza del 93% como una alternativa de movilidad. Es más, para el 69% de sus usuarios el vehículo compartido ha cambiado su forma de movilidad, modificando incluso su estilo de vida; palabras mayores.

Bluemove-plaza-de-santa-anaSus usuarios, hasta en un 61%, no tienen coche en propiedad, que sí tuvieron en el pasado (71%). En realidad, un 40% lo vendió y un 18% decidió no repararlo cuando se averió, tras comprobar lo cómodo y flexible de alquilar por horas, pagando sólo por el tiempo de uso sin gastos adicionales como seguro, parking, gasolina o mantenimiento. Al parecer, el 27% de los clientes de carsharing —esencialmente, vecinos de grandes urbes— ha convertido esta modalidad en su medio de transporte para ir trabajar, aunque lo más frecuente es recurrir al coche compartido para escapadas y días festivos.

Sea como fuere, entre unas y otras posibilidades, la idea de racionalizar el concepto de automóvil no es poco en tiempos en que la estrechez económica parece haber llegado para quedarse sine die. Hace mucho que algunos particulares alquilan por horas su plaza de garaje en ratos que no la usan. Otros lo hacen hasta con su casa pensando en turistas —que pregunten si no la que hay liada con esto en Barcelona—. Y es que está claro que, ahora como nunca, cada céntimo cuenta. Y eso de tener un coche a menudo grande y caro, casi siempre aparcado para usarlo una vez a la semana —o ni eso—, parece un lujo fuera de toda lógica.

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