Doble fila, historia de la idiotez humana

Publicado por el Sep 13, 2015

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No voy descubrir aquí la rueda: todo conductor, y no sólo una vez en la vida, ha dejado el coche mal aparcado en doble fila. Es un hecho científicamente demostrado. Pero, como siempre, la cosa tiene matices.

Por una parte, resulta evidente que aparcar, así en general, es una odisea, hasta pagando. Y aquí entramos en el carrusel de posibilidades: que si dejo el coche en doble fila solo para un recadito —coger el periódico, la barra de pan…—, que si estoy esperando a que baje la novia, el amigo, mi prima… Y no digamos la de los colegios, a diario a la carrera. Otra, para escribir una tesis. A menudo protagonizada por las mamás —ojo, también lo hacen los papás, que es de ley denunciarlo—, por mucho que duela escucharlo. «Es un segundo, ya me voy…», con un reguero de coches colgando que no pasan o no logran salir de su plaza.

Es verdad, casi nadie deja el coche en doble fila de forma indefinida. Pero digo casi nadie porque los hay con la cintura para hacerlo e irse a comer plácidamente al bar de turno. Todo desparpajo, sobre todo si es fin de semana o un horario tardío en el que no se prevé multa a la vista. Y no importa, qué va, que cierren el paso o bloqueen a quien lo hace bien.

Una vez, hace años, terminé llamando a la grúa porque no me quedó otra. Era domingo y dio tiempo a que viniese, cargase el coche infractor y se marchase sin que el dueño apareciese. ¿Una hora de reloj? Más más, algo así como dos…

IMG_2431Luego están aquellos que, por así decirlo, ‘se despistan’. Por ejemplo el de la imagen junto a estas líneas: ha pasado tanto desde que dejó el coche ‘tirado’ en doble fila, por supuesto sin prestarle la menor atención, que hasta los que había a su lado bien estacionados han desaparecido, dejándolo en mitad de la nada, en una posición tan absurda como ridícula. Y desde luego, perjudicial para el tráfico que usa el carril. Prefiero no entrar en los que, abiertamente, practican la triple fila, un despliegue de medios propio del virtuosismo.

A veces la policía peca de celo y multa a las bravas, aunque la ley ampare. Pero que somos incapaces de poner un punto de cordura al uso del coche, aparcando donde debemos, por mucho que luego toque caminar un rato, es incontestable. A fin de cuentas, una secuela más del uso indiscriminado que casi todos hacemos del automóvil, cuando en ocasiones podemos optar por alternativas como andar, que sí, es muy sano, o coger un transporte público, ¿verdad?

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