Mutamos al volante

Publicado por el sep 6, 2015

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Je, ya sabía yo que tarde o temprano algún estudio pondría nombre a los perfiles y caracteres que adoptamos conduciendo. Pues han sido Goodyear y la LSE (London School of Economics and Political Science) los encargados de hacerlo, a mi juicio acertando de pleno, o casi. Hay que reconocer que muchos (¿la mayoría, tal vez?) mutan cuando se sientan al volante e inician la marcha. Que experimentan una auténtica transformación al mejor estilo Jekyll y Hyde, y no siempre para bien…

Vaya por delante que se trata de un ‘mal’ que atañe a conductores (y conductoras) de toda índole y nacionalidad. Habla el informe de siete tipos de personalidades o perfiles que se manifiestan de forma habitual. Empiezan por el llamado conducirprofesor, que necesita asegurarse de que los demás saben en qué se han equivocado y espera que se reconozcan sus esfuerzos por enseñarles; el sabelotodo se ve rodeado de incompetentes y grita condescendiente protegido en su vehículo. Luego está el competitivo, siempre por delante sin opción a que alguien se interponga en su camino.

En cuanto al justiciero, castiga cuando cree que el resto ha hecho algo mal, e incluso sale del coche o interpela a otros conductores; el filósofo acepta las faltas del resto de buen grado con explicaciones racionales, mientras que el evasivo trata a los infractores de forma impersonal al considerarlos peligrosos. Por último, el fugitivo se aísla del entorno con música o hablando por teléfono para no relacionarse con los demás conductores.

El estudio remarca algo incontestable: la carretera, la circulación en si, supone un entorno social de interacción a menudo imprevisible e incierto donde, ojo, somos nosotros quienes creamos esas personalidades que tanto nos disgustan. También que esos perfiles son ‘válvulas de escape’ que usamos para lidiar con emociones y sentimientos propios de frustración. Es más, casi todos podremos reconocernos en varios de ellos según el ánimo o las circunstancias puntuales.

Lo malo, y aquí viene el meollo de la cuestión, es que unos y otros pueden generar peligro. Vaya si lo hacen, ¿verdad? Porque, siendo sinceros, ¿quién no ha perdido los estribos en alguna ocasión y se ha enzarzado con otro conductor al que, para empezar, ni siquiera conoce? De hecho, y como el justiciero, los hay capaces de provocar situaciones de locura, sin parar a reflexionar sobre las indeseables consecuencias que pueden acarrear cuando la cosa ya no tenga marcha atrás.

De ahí, y como remarca el informe, la importancia de saber qué conducta solemos manifestar y por qué, para controlarla y hacer de la vía un lugar más seguro. Leyes, educación y conocimiento fruto de la experiencia son los resortes que, casi siempre, evitan males mayores. Dos de ellos dependen de nosotros.

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