Eléctricos, más y más

Publicado por el Aug 23, 2015

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Hace unos meses, en mi artículo ‘La movilidad que viene’ repasaba los sistemas que, a corto y medio plazo, animarán la automoción. Nada nuevo, en realidad, pero evidenciando que, sobre todo, el ámbito eléctrico será protagonista. En mi opinión, pronto, quizá en no más allá de una década, superará en volumen a los motores de gasóleo y de gasolina, por mucho que aún tengan campo de desarrollo.

Sin embargo, para que los vehículos eléctricos se conviertan en el «pan nuestro de cada día» es imprescindible que su autonomía, y la infraestructura de recarga, experimenten un salto exponencial. A día de hoy, acometer un viaje de distancia media es casi imposible en un coche así, salvo que se trate de un híbrido o de un híbrido enchufable. Sistemas de carga rápida, baterías intercambiables, baterías con el doble de capacidad de las actuales —en las que, entre otros, ya trabajan especialistas como Bosch—… Mucho tienen que cambiar las cosas para que la gente se anime a viajar de Madrid a Valencia con esta tecnología y garantías de llegar en tiempo y forma.

recargaY a ese desafío no son ajenos los transportes de gran tonelaje, como autobuses y camiones: en proporción, hacerlos eléctricos es todavía más complejo por pesos y capacidades.

De ahí interesantes propuestas como los carriles inalámbricos o de carga por inducción que ya prueban en Corea del Sur, en concreto a través de una ruta de 12 kilómetros de extensión, y desde hace poco también aquí «al lado», en Inglaterra.

El sistema se aplica en pleno movimiento y está basado en cableados especiales ubicados bajo el asfalto. Emite un campo electromagnético dirigido a un receptor en los bajos de los vehículos eléctricos para reponer las baterías. Los británicos, siempre ambiciosos, han anunciado su propósito de implementar carriles así en las principales autopistas nacionales. A priori, y como digo, serán exclusivos para grandes vehículos. Una red de carga inalámbrica por debajo del asfalto y una idea redonda que permitiría recargar en movimiento a través de tramos fijados cada 32 kilómetros, de los que entrar y salir cuando sea necesario.

Eso sí, y aquí viene el contrapunto, el «pero» que casi siempre aparejan las genialidades: se estima una súper inversión de 700 millones de euros en cinco años, aunque de realizarse, situaría al Reino Unido en la vanguardia de esta prometedora tecnología.

¿Veremos circular coches, camiones y autobuses así por suelo patrio? Creo que sí, porque a fin de cuentas nos movemos en ese contagioso contexto europeo que, aún de cuando en cuando, procura excelentes réditos a los ciudadanos. Y eso que pensar en cosas así, responsabilidad del gobierno de turno, se hace cuesta arriba. Sin ir más lejos, la electricidad que mueve estos sistemas se produce en alguna parte. Por ejemplo en centrales nucleares. Y en España, por mucho que esta fuente no genere emisiones de CO2, está inexplicablemente vetada en la mentalidad de muchos. El último capítulo es el ATC de Villar de Cañas del que el nuevo ejecutivo socialista de Castilla La Mancha, apoyado en Podemos, no quiere ni oír hablar. Otro despropósito para nuestro muy mejorable sistema energético, en gran medida responsable de la revolución sobre ruedas tan necesaria para reducir la contaminación.

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