Aprender no va con nosotros

Publicado por el jun 8, 2015

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El otro día, la directora general de Tráfico, María Seguí, respondía a una pregunta sobre la última campaña de la DGT de control sobre consumo de alcohol y drogas al volante. La acción, aún en curso, no ha arrojado todavía datos definitivos pero, decía Seguí, «tras miles de controles en otras ocasiones se constata que el 40% de los sometidos a test dan positivo en consumo de cocaína o cannabis, o en ambos, de modo que esta vez será más de lo mismo; en una palabra: dramático».

En un plano diferente, pero no lejano, un compañero de profesión, con dos escuelas de conducción de motos y monitor de una tercera, me decía el otro día que «definitivamente, aprender no va con nosotros. La gente no se gasta el dinero en esto: primero porque lo ve innecesario pudiendo hacerlo en cualquier tontería, y segundo porque cuando por algún motivo recala en una escuela de conducción, lo primero que te dice es que a mi qué me van a enseñar, yo conduzco -sea moto o coche, lo mismo da que da lo mismo- perfectamente».

1-cursosSobrados, sí señor. Así vamos por la vida. «Lo más curioso –añadía- es que no hay un solo alumno que cuando acaba, normalmente tras una jornada por 100 euros –comida incluida-, no se acerque a comentar que esto o aquello le ha venido de maravilla. Que le ha hecho ver algo en lo que no había caído, pero sobre todo alguna situación en la que ha encarado el peligro, que está ahí, que es real y que, probablemente, lo ha esquivado más de una vez de pura chiripa, no porque tuviese nociones para hacerlo».

Estos días, en el XIX Salón del Vehículo de Ocasión de Madrid, que abre hasta el próximo 14 de junio, una iniciativa que promueve la DGT pone a los compradores de un automóvil en la feria al frente de una clase. Se trata de una clase teórica y práctica sobre conducción eficiente y sobre el correcto funcionamiento de los nuevos sistemas de asistencia a la conducción que equipan los coches actuales.

En particular, un experto les explicará cómo funciona el famoso control de estabilidad (ESP), algo que la mayoría ignora por completo –por mucho que venga de serie desde 2013 en todos los coches nuevos a la venta y un auténtico salvavidas-, el asistente de luz diurna, la alerta de cambio involuntario de carril, la frenada de emergencia, el regulador o el control de velocidad y, atentos, ese gran misterio que entraña ¡cómo circular correctamente en una rotonda!

Desde estas líneas recordaba que reducir la siniestralidad del colectivo motero es cosa de todos, no solo de ellos. Las cifras de muertos y heridos en carretera no dan respiro, e incluso últimamente, sea porque la mejora económica ha devuelto al asfalto a muchos conductores, sea porque quizá unos y otros hemos bajado la guardia, han repuntado.

No se cuánto tardarán las autoridades en imponer, sí o sí, los famosos cursos de conducción en los que vengo machacando una y otra vez. Quizá no lo hagan nunca, aunque la propia Seguí recuerda la importancia de actualizar la formación vial a lo largo de nuestra vida como conductores. Y que «fabricantes, concesionarios y autoescuelas así lo entiendan y pongan en marcha iniciativas que ayuden a ese reciclaje». Desde luego, reservar esos 100 euros parece razonable (y recomendable), cada, pongamos, ¿cuatro años…?

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