Radares, siembra por doquier

Publicado por el Mar 8, 2015

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Hace unos días me refería a la nueva política de Tráfico de anunciar los puntos donde operan los radares de velocidad, que según parece van a intensificar presencia en carreteras secundarias, las que más accidentes concentran.

La idea, decía entonces, parece sensata: a fin de cuentas, cinemómetros como los de la DGT provocan no pocos frenazos cuando muchos creen advertirlos, en particular a bordo de alguno de esos coches «sospechosos» camuflados de paisano, ya sean en plena marcha o guarecidos entre matojos, que ésa es otra. Hablamos de los Alfa Romeo 159 y Citroën C5, Renault Laguna y Peugeot 407, pasando por Mercedes-Benz Clase C, entre otros.

radaresAlguna «mente pensante» se habrá replanteado que el remedio puede ser peor que la enfermedad: pisar el freno con ganas y por instinto ante la zozobra de una multa, a menudo por rebasar tan solo algunos kilómetros por hora el tope, provoca riesgo de choque por alcance del coche que viene detrás. Y en todo caso, un nerviosismo general al ponerse al volante que no viene a cuento y entraña peligros innecesarios.

Vale, está claro que los avisadores de radar, de momento legales, y los controles y limitadores de crucero que equipan de serie muchos turismos de nueva factura facilitan las cosas, pero no siempre.

Por otra parte, ¿de qué vale un radar si conducimos por encima del límite y frenamos justo donde se ubica para superarlo, y acto seguido incrementar de nuevo el ritmo? El cambio en la norma debería ayudar a ordenar el tráfico y hacerlo más fluido y sensato, homogeneizando el ritmo de la circulación.

Ahora bien, en mi opinión hay un desfase evidente entre los límites establecidos y la capacidad y seguridad que aportan coches y carreteras, pese al discutible estado de conservación de las últimas. Las asociaciones de víctimas discreparán de mi opinión, pero de veras que no alcanzo a ver dónde está el problema en esos 130 km/h largamente anunciados (solo para ciertos tramos y de forma puntual), y que por cierto no acaban de llegar, sobre los actuales 120 km/h.

Para colmo, ha sido anunciar la presencia de carteles advirtiendo los puntos de control de velocidad por radar y aflorar «aparatitos» así por doquier. Hace unos días, en un tramo de apenas 30 kilómetros me crucé con dos camuflados en la N-I Madrid-Burgos, uno de ellos una furgoneta blanca con un trípode situado delante de ella, ninguno en «puntos negros», sino en rectas de buena visibilidad…¿Casualidad? Lo dudo. Más bien parece aquello de «hecha la ley, hecha la trampa»: yo te anuncio los radares, sí, pero los siembro como nunca.

Qué duda cabe, hay más de los que había, y cada vez habrá más porque, no nos engañemos, claro que reducen la siniestralidad, pero también dan dinero. Montados en helicópteros, de los que lógicamente no avisan, en carretera, fijos, móviles o como sea, lo de anunciar su presencia, por mucho que puedas descargarte el listado para instalarlo en el navegador de turno (el que lo tenga y en aparatos que admitan esa actualización) más bien parece una justificación. Una argucia legal para curarse en salud. ¿Cuántos de nosotros lo haremos? Total, ya se anunciaban los fijos…

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