Radares publicitados, ¿una verdad a medias?

Publicado por el Feb 23, 2015

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Recuerdo que hace años, circulando por una autopista norteamericana, me crucé con un coche patrulla aparcado en el arcén con las sirenas puestas. Lejos de atender una eventualidad, medía la velocidad de los vehículos que lo rebasaban. Vaya, no había ocultación que valiese, sino una notoriedad que saltaba a la vista mucho antes de alcanzarlo. Es de justicia añadir que no todos los patrulleros de aquel país funcionan así, porque sí, también los hay ocultos. Y también que en aquellas latitudes ir a más de unos irrisorios 90 km/h es jugársela, aún a costa de dormirse a los mandos.

Aquella experiencia me hizo gracia, casi tanta como la publicidad que, «por nuestro bien», ha hecho estos días la DGT al hilo del cambio en la disposición que obliga a comunicar la ubicación de los cinemómetros que vigilan la velocidad en las vías patrias. Parece operario_radarque en lo que depende del Estado, porque la medida no afecta ni a Cataluña ni al País Vasco, se notificará dónde se encuentran incluso los radares móviles, o al menos los tramos en los que operan.

Algo hemos ganado, sobre todo para evitar el susto que asalta cuando asoma un coche aparentemente «sospechoso». Eso que en muchos provoca un frenazo instantáneo con el riesgo que entraña, aunque circulen de forma moderada, por miedo a ir pasados. Pero, ojo, porque la cosa viene con «letra pequeña».

Claro, porque es cierto que cada mes aparecerán en la web de la DGT 1.200 tramos en los que, por siniestralidad y velocidad media, se reforzará la vigilancia con estos aparatos. Y que esa lista se podrá incorporar a los navegadores (de aquellos que los tengan, que ésa es otra). Pero también que no habrá una señalización «in situ», en carretera, como pasa con los radares fijos.

¿Se dan cuenta de que hablo, habla la nueva regulación, de 1.200 tramos concretos que lógicamente serán variables, por supuesto, unas veces aquí y otras allí? Sobre todo en vías secundarias, como carreteras nacionales y comarcales, de las que se cuentan por miles y que son las que acumulan más muertos.

Lo voy a decir de otra forma: habrá otros muchos tramos en los que la velocidad se supervise, por ejemplo, a través del sistema Pegasus instalado en seis de los helicópteros de la DGT. Y ahí no habrá anuncio que valga, pero sí multa si nos deslizamos más allá de los márgenes anunciados. Márgenes que, por cierto, estrechan si cabe más el cerco sobre los usuarios, no siempre lanzados a conducir como locos, porque en ocasiones, y a todos nos pasa, la velocidad se rebasa a nada que bajemos la guardia. Me pregunto cuántos de nosotros viviremos pendientes de bajar y actualizar ese listado público de ubicaciones…

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