Gasolina: la competencia del mercado es pura ficción

Publicado por el Jan 18, 2015

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Sí, es cierto que el precio de los carburantes ha bajado con el descenso de las tarifas del crudo. Pero también que no en la misma proporción: el barril rondaba los 110 dólares y ahora cuesta menos de la mitad, mientras que el litro de sin plomo se pagaba a 1,40 euros de promedio, y ahora como mucho cuesta 1,11 (20,5% más barato que en junio del año pasado, según datos del Boletín Petrolero de la UE).

Nos cuentan que parte de esto responde a los llamados mercados de futuros. Vale, pero a pie de calle resulta difícilmente comprensible, y además por otros muchos motivos. Esta semana publicábamos en la sección de motor de abc.es una denuncia de Facua que apunta a que las gasolineras sin personal de atención al público podrían ser ilegales. Ojo, se refiere a instalaciones en las que, literalmente, no hay una sola persona a la que consultar cualquier posible contingencia. El colmo. Sin embargo, hace años que nos acostumbramos, sin decir ni pío, a estaciones donde, aún con un empleado detrás del mostrador, uno tiene que hacérselo todo sin beneficio alguno, empezando por el económico.

repostar-gasolinaEs decir, cuesta lo mismo repostar en una de las pocas estaciones de servicio en las que aún atiende un operario, casi siempre en poblaciones rurales, que en una macro gasolinera donde aparcas, tiras de manguera y pones el combustible. Eso, je, si no da la casualidad de enganchar sin querer un poste de prepago que obliga a ir y venir, sacar la dichosa «pistolita» tras meterla por equivocación… antes de que te autoricen tras un cristal blindado.

Poner gasolina es más delicado de lo que parece, entre otros porque es un líquido inflamable. Es incompatible hacerlo con las luces, el contacto del coche o la radio puestos. Lo mismo que mantener una conversación por el móvil mientras fluye el carburante por el riesgo que juega en todo ello la electricidad, incluida la estática. Y eso por no hablar de las prisas y de quien arranque sin antes desenganchar la manguera…

Además, es un pringue. De acuerdo, cada vez son más frecuentes los guantes desechables para que las manos no acaben oliendo mal, pero rara es la vez que la manguera no gotea al desacoplarla, por ejemplo. Y eso por no hablar de si la boca de carga del coche queda en el lado contrario del poste, de si hemos aparcado más lejos de lo debido… En resumen, es una operación para un profesional, que para eso se paga caray.

Sin embargo, la realidad es otra. Las estaciones donde ya hay que pagar hasta por usar el compresor del aire para medir la presión de las ruedas empiezan a aflorar como las amapolas en primavera. Y desde luego no hay un empleado en kilómetros a la redonda que nos limpie el parabrisas, salvo en contadísimas ocasiones.

Un familiar me contaba que en los 60 y en Estados Unidos, donde nos llevan la delantera con esto del autoservicio, el trabajador de la gasolinera incluso echaba un vistazo al nivel del aceite motor. Puede que no haga falta tanto, pero ¿qué tal un precio más ajustado si no hay operarios?

A la hora de la verdad, el oligopolio que subyace en la distribución de carburantes parece hacerlo inviable. Y es que por mucha marca diferente que veamos, en realidad son «cuatro» los que distribuyen todo el carburante a lo ancho y largo de la geografía patria. Sumen el afán recaudatorio en una mercado mal entendido que, como mucho, brinda carísimos productos de supermercado o cafetería como gran valor añadido en estos comercios.

Total, que solo resta el consuelo de los programas de fidelización, sobre todo ligados a las gasolineras de las grandes superficies comerciales, que devuelven parte del abono mensual en carburante (en realidad una cifra testimonial) en forma de bono para consumir en su tienda.

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