Francia declara la guerra al diésel: cuando las barbas del vecino veas cortar…

Publicado por el dic 8, 2014

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Estos días me he fijado en una noticia que, para la mayoría, al menos en lo que toca a medios de comunicación, ha pasado casi desapercibida: la ‘guerra’ que nuestros vecinos galos han declarado al gasóleo.

Me explico. Primero fue el primer ministro Manual Valls quien advirtió que «hay que corregir la política fiscal que ha privilegiado la motorización diésel frente a la de gasolina porque ha sido un error, como demuestran los estudios sobre contaminación».

La cosa tiene su miga, porque Valls lo remacha al asegurar que «la fiscalidad debe orientarse a dirigir las decisiones ecológicas de los ciudadanos (se ve que estos no saben lo que hacen por su cuenta y riesgo)», y que «la reducción de las diferencias entre los impuestos que gravan gasóleo y gasolina en los presupuestos de 2015 contribuirá a ese objetivo». En otras palabras: el gasóleo pasará a soportar en el país vecino una fiscalidad tan elevada como la sin plomo

trafico_paris_00También indicó que su Gobierno hará «un esfuerzo financiero» en favor de los particulares, instaurando «una prima de conversión de los viejos vehículos diésel» en las zonas sometidas a medidas de limitación del tráfico para atenuar emisiones contaminantes. ¿Se refiere a ayudas tipo Plan PIVE…?

Es cierto que el gobierno galo ha garantizado, al menos, la continuidad de la bonificación para los que compran vehículos eléctricos o híbridos recargables hasta el final del mandato de Hollande (2012-2017), así como la instalación de nuevos puntos de recarga para automóviles eléctricos en todo el territorio francés.

Según Valls, «los resultados de un estudio confirman que los habitantes de París pierden seis meses de esperanza de vida a causa de la contaminación que respiran, en gran medida por las partículas finas emitidas por los diésel». Y añade que «se calcula que hasta 42.000 muertes al año en Francia pueden estar relacionadas con las últimas, sobre todo con las carbonadas, cuyo origen está ligado al tráfico y la industria».

En éstas, la también socialista alcaldesa de París, Anne Hidalgo, anuncia un plan para reducir la contaminación en la capital francesa que pasa por prohibir la circulación de vehículos diésel desde 2020 y convertir el centro de la ciudad en un espacio semipeatonal. «Quiero el fin del diésel en París en 2020 y, si es posible, más allá de la periferia. Se trata -declara la alcaldesa- de acelerar la transformación, con la participación del Estado. He comenzado erradicando los diésel del parque móvil de la ciudad».

Y añade: «Según el Instituto de sondeos Ifop, el 54% de residentes en París apoya la prohibición total de los vehículos diésel en la ciudad».

Pero, ¿son realmente más contaminantes estos propulsores? Lo digo porque el prestigioso organismo alemán TÜV Nord establece que los nuevos motores de gasolina de inyección directa y baja cilindrada, más conocidos como downsizing y cada vez más de moda, son hasta diez veces más contaminantes que los modernos diésel, y hasta 1.000 veces más contaminantes que sus predecesores de gasolina de inyección indirecta y mayor cubicaje.

¿En qué quedamos? ¿No será que la administración francesa ha visto un nuevo filón al que agarrarse para paliar sus maltrechas finanzas? ¿O que entre crisis y políticos ande el lío? Hace poco, el ADAC alemán apuntaba a los fabricantes de coches como los culpables de que la actual normativa sobre emisiones no contemple los motores de gasolina de nueva generación, y recordaba la importancia de que, como sucede con los diésel, se incorporen filtros antipartículas, que apenas supondrían un asumible sobrecoste de 500 a 600 euros.

Lo que más me inquieta es que, de una u otra forma, todas esas políticas en pro de la salud pública, titubeantes y faltas de consistencia científica, terminaremos pagándolas los ciudadanos. Y es que si tenemos en cuenta que en España mimetizamos buena parte de las directrices, regulaciones y hasta usos y costumbres de nuestros vecinos al norte de los Pirineos, es bastante certero pensar que acabaremos asumiendo las mismas tesis. Y si no, al tiempo.

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