El tiempo es oro, y la moto un filón

Publicado por el Oct 26, 2014

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Tienen razón desde la Asociación Mutua Motera: usar una moto, grande, pequeña o como sea, para desplazamientos cotidianos ahorra tiempo y dinero, contamina menos en comparación al coche (la mayoría con un solo ocupante), y a la postre ‘regala’ minutos y hasta horas. En realidad, todas las que no pasamos atascados. Calidad de vida.

La información, de la que esta semana nos hacíamos eco en la sección de Motor de www.abc.es, se basa en un estudio de FEMA (Federación Europea de Asociaciones de Motoristas) que ha analizado el tiempo que invierten diferentes clases de vehículos (moto, ciclomotor, turismo, transporte público y bicicleta.) en desplazamientos urbanos concretos por 16 ciudades europeas.

moto_ciudadSus conclusiones son elocuentes: moto y ciclomotor ganaron de forma aplastante en una relación de 15 a 1. En capitales como Oslo o Dublín los ahorros fueron de nada menos que 48 y 38 minutos en trayectos de 27 y 19 km, frente a los tiempos que exige su rival más estrecho, el turismo.

Y en la mayoría de grandes ciudades las diferencias rondaron una media hora por trayecto. Entre que vas y vuelves, ahorras una hora cada día o 240 horas al año, un tiempo valioso para emplear en otras cosas, como descansar, ir al gimnasio o dedicarte a la familia.

Ruiz Gallardón, motero de pro y en otras muchas facetas criticable, apostó por este medio de locomoción, quizá de forma algo taimada, en sus tiempos de alcalde de la Corte y Villa. De entonces datan, por ejemplo, muchos de los aparcamientos reservados a estos vehículos.

No le faltaba razón. Bien lo saben, y lo llevan a término, en urbes como Barcelona o París, donde las dos ruedas motorizadas son legión, por no hablar de media Asia. Poco importa si llueve, truena o hace un frío ‘que hiela’: sus usuarios están hechos a ello y saben que la alternativa, con atascos interminables y horas de nervios, gastos y demoras al volante, no es razonable.

También es verdad que aprender a montar en moto no es algo que se improvise de la noche a la mañana. Y pienso sobre todo en aquellos que con carné de coche B pueden subirse a vehículos de dos ruedas. La moto requiere paciencia, tiento y pericia. Sobre todo, mucha cabeza, porque es fácil sentir una peligrosa autoconfianza a las primeras de cambio, cuando se monta, se acelera y se ve que aquello va, sin más. Lo difícil, claro, es negociar una curva sin salirse o invadir el carril contrario, y desde luego frenar de forma adecuada, en tiempo y forma. En moto el margen de seguridad es infinitamente menor. Huelgan tópicos, pero la carrocería es uno mismo, sin más, y los arrastrones, hasta el menor, son dolorosos.

Y eso que hay muchas variables a nuestro alcance para hacer las cosas bien, como tomárselo con calma y marcarse un progreso firme. La clave no es subir con miedo, sino hacerlo con prudencia y humildad. Los más osados tratan de ajustar minutos a base de maniobras discutibles, si no ilegales: driblar entre coches, adelantar por la cuneta… Se equivocan. Asumen peligros innecesarios que jamás merecen la pena.

En realidad, el ahorro de tiempo está garantizado sin meterse en berengenales ni jugársela, aceptando lo que sabemos sin sentirnos Marc Márquez por mitad de la calle. Equiparse adecuadamente para cada estación del año y valorar cursos de conducción y mejora, hasta de forma regular, también son alternativas pertinentes, por no decir imprescindibles.

De paso, no estaría de más que los que viajan sobre cuatro ruedas evitasen disputas absurdas con los moteros, por mucho que algunos ‘hagan hervir la sangre’, porque, además, equivocarnos nos equivocamos del primero al último. Y en eso no hay políticos, leyes o corrupción que valgan: depende de cada uno de nosotros. Las calles y carreteras son de todos, y todos tenemos que convivir en ellas cada día.

 

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