Circular por ciudad, esa gran «penitencia»

Publicado por el Jun 22, 2014

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A veces parece como si el coche fuese el enemigo público número 1, o algo parecido. Me explico: conducir en ciudad, sobre todo si se trata de las grandes capitales, se está volviendo, por días, misión imposible. Menos mal que, para unos y otros, miles a la hora de la verdad, el vehículo es una lucrativa fuente de negocio. Y me refiero, sobre todo, a las autoridades.

Pongo un ejemplo paradigmático: Madrid. Como es sabido, ya el tráfico es un caos, sobre todo a ciertas horas y en ciertos días, no necesariamente laborables. En espacios como la capital de España no mides las distancias en kilómetros sino en tiempo, que además varía según la hora en que te pongas «manos a la obra».

Me vienen a la cabeza buenos amigos «de provincias» que recuerdan sus viajes en coche por la Villa y Corte como auténticas peripecias tipo «jungla» o «sálvese quien pueda». Y no les falta razón. Manejarse al volante por Madrid requiere tesón y buen entrenamiento, algo así como tono muscular: si dejas de hacerlo una temporada pierdes reflejos y afloran agujetas.

parquimetro3 (1)Y lo digo porque, más allá del tráfico, las «trampas» rondan por doquier. La última  gracieta son los nuevos parquímetros instalados por el Consistorio. Sí, de acuerdo, te guardan el saldo no consumido, ¿previo paso al pago en domingo y festivos? Más que probable. Además, tarifan según la antigüedad del coche, de modo que como lleves uno más viejo y contaminante (al menos en teoría, de eso ya hablaremos otro día) pagas más. Ea…

El otro día tuve que «driblar» con uno de estos nuevos inventos, y la cosa lleva su tiempo. Por lo pronto, hay que elegir el color de la zona donde se aparca e introducir la numeración de matrícula, de modo que ésta hay que memorizarla o llevarla a mano.

Eso, claro, si das con sitio para estacionar en la calle. En cierta ocasión no lo logré y me las tuve que ver con una pesadilla de parking en las cercanías de la Plaza de Neptuno. La cosa no es ya que tuve que pagar más de seis euros por una hora (tarifan por minutos, una auténtica batalla contrarreloj), sino que acabé sacando el coche marcha atrás, tal cual, hasta para superar la barrera, porque dentro fue literalmente imposible maniobrar.

Supongamos que insistes con la obsesión de aparcar en la calle, quizá porque los parking de la zona no quedan cerca o, como digo, exigen precios desorbitados. Pues bien, aquí ya son «mil» las variables en juego. Desde zonas de carga y descarga a tutiplén, hasta plazas para minusválidos que por descontado tiene que haber, pero ¿qué tal bien señalizadas? Sí, porque las hay que comprenden varias a la vez, uno no «lee» a tiempo las correspondientes placas y ¡zas! multa al canto. Fijo. Otro apunte de última hora son las bicicletas eléctricas BiciMAD a cargo de la autoridad municipal. No sé si, a partir de su inminente puesta en marcha, serán miles los que se decanten por este nuevo medio de transporte (ya lo dudo), pero los huecos para recargarlas florecen como setas… en espacios anteriormente reservados al estacionamiento de automóviles, por supuesto.

Otra muy buena son las calles reservadas a residentes: lo normal es advertir que has pasado por una de ellas cuando te llega la multa a casa. Me ha pasado en Madrid, pero también en Granada. Suelo decir que en la «Piel de toro» la señalización de calles y carreteras solo confirma un destino, no ayuda a encontrarlo ni previene de ingratas situaciones como ésa; o está semi oculta o directamente brilla por su ausencia.

¿Más «condimento»? La verdad es que se aparca mal hasta en la periferia, con barrios nuevos sin apenas estacionamientos disuasorios. Pasa hasta en pueblos alejados de las grandes urbes, aunque luego el transporte público alternativo sea deficitario y lento. En la misma línea, los alcaldes de medio país parecen haber dado con el «becerro de oro» peatonalizando cada tramo de calle. Ignoro cómo se llega hasta ellas o de quién se nutrirá el comercio ubicado en esos espacios, al paso que vamos.

En resumen: el automóvil sigue siendo un excelente «maná» con el que hacer business: impuestos directos e indirectos, aparcamientos públicos de precios innombrables, carburantes por las nubes… Sin embargo, al menos en ciudad, facilidades ni media y trabas, casi todas.

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