Por qué suspendemos el carné de conducir

Publicado por el may 26, 2014

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Si atendemos a la evolución de informes educativos como el PISA de la OCDE, en el que se recogen pruebas estandarizadas para estudiantes de 15 años, y los varapalos que nos llevamos constantemente en España, no extraña el saldo del último informe de Según Formaster, la Asociación Profesional de Empresas Formadoras en Logística, Transporte y Seguridad Vial.

Al respecto, se hace eco de los suspensos más habituales en el examen de conducir, que tienen qué ver con la distancia lateral y la interpretación de las señales. En mi opinión, no consideramos la importancia que merecen asuntos como estos.

Según Formaster muchos suspenden la parte práctica por no interpretar correctamente las señales de tráfico (el error más común). Una falta grave a la que añadir no respetar el espacio lateral, sobre todo en zonas urbanas.

examenAsevera el estudio que los aspirantes distinguen entre señales, pero confunden el comportamiento ante un stop o un ceda el paso, no miran bien a ambos lados antes de un giro o cruce, y no conocen o realizan la prioridad en los giros a la izquierda.

Apunta también que circular muy pegado a los obstáculos a la derecha o izquierda en zonas urbanas es habitual entre conductores en prácticas. Un peligroso vicio, recuerdan, «que debe evitarse desde el principio para aprender a calcular de forma segura». Especialmente crítico para adelantar bien, sobre todo a los ciclistas, con los que hay que mantener un espacio mínimo de metro y medio.

Otro tema peliagudo, en el examen práctico, es atravesar correctamente una rotonda. Formaster incide en que, entre los errores más frecuentes, figuran la mala incorporación y salida, no ceder el paso a los vehículos que circulan por ella y colocarse mal cuando se cruza la rotonda. También lo son otros que, ojo, atañen al paso de peatones. Nervios y falta de observación explican en parte el fenómeno, pero también la eterna falta de preparación.

Suelo decir que el examen de conducir en su totalidad se ha convertido, al menos en nuestro país, en una oposición en la que, por desgracia, no se evalúa de forma adecuada la pericia de los conductores noveles, aunque sea un business rentable para muchos, no solo para la Administración. Desde Formaster apuntan a la falta e inadecuada preparación relacionada con las clases y prácticas piratas. Pero el «mal» va más allá: se origina en la escasísima formación que, desde pequeños, recibimos en las escuelas sobre esto del tráfico y la circulación en su conjunto. Luego, entre los que se toman el examen con despreocupación (aunque lo pasen de chiripa) y los elevados precios de tasas, clases… hacemos el resto. En Estados Unidos, por ejemplo, la prueba teórica es una simple formalidad, un trámite fácilmente superable, y no por ello la siniestralidad resulta más elevada. Sin embargo, en las escuelas se enseña educación vial «de verdad».

Aquí, por el contrario, seguimos sin ver que todo esto es vital para asimilar, de forma progresiva, que al tráfico no hay que temerlo, pero sí respetarlo como merece. Y que es preciso abordarlo con la seriedad que implica, tomando noción de nuestras limitaciones una vez nos sentamos a los mandos y asumimos semejante responsabilidad, que la tiene. De paso, decía ya hace meses y al comienzo de este blog, que los cursos de conducción, para los que ya aprobamos hace años, son una gran inversión para reforzar nuestra aptitud como conductores y, por ende, nuestra seguridad y la de quienes nos acompañan y rodean.

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