Multas a gogó

Publicado por el mar 9, 2014

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Con la nueva normativa que, vía actualizado Reglamento de Circulación, permite a los Ayuntamientos (como sucede en Madrid) multar «al vuelo», es decir, sin parar al teórico infractor, solo de un lejano vistazo, la cosa se puede poner realmente cruda. Y no ya por el arbitrio (hace un par de años sufrí una injusta sanción de este tipo porque un agente de movilidad me vio simple y llanamente sostener un teléfono móvil con la mano, ni siquiera cerca de la cara ni usarlo, y desde luego sin pararme para apercibirme), sino porque entre fallos y despistes de unos y otros la cosa va a tomar un pésimo derrotero.

De hecho, esto no viene sino a redundar en una estadística que, la verdad, pone los pelos de punta. A saber. Según un estudio de la OCU, durante 2013 el 25% de los compatriotas al volante recibió algún tipo de sanción. Los números cantan: es lo más parecido a las máquinas tragaperras, que tarde o temprano hacen caja, y de qué manera.

Este cúmulo de sanciones, cuyas cuantías son consideradas desmedidas por la mayoría, significaron un ingreso al Estado de 658 millones de euros, a una media de 129 euros por conductor. No está mal, ¿eh?

1-conductor_hd_39401De acuerdo, en su mayoría responden a una actitud inadecuada del usuario. Por ejemplo, la encuesta refleja que la gran mayoría se debe a aparcamientos indebidos, con un 82 por ciento que matiza estacionar en doble fila si tiene que hacer un recadito rápido y un 45 por ciento que deja el coche mal parado por la sempiterna falta de sitio. En esto no solo ellos tienen culpa, para ser justos.

Por otra parte, el 90 por ciento de los sondeados admite exceder el límite de velocidad al adelantar (lo que en mi opinión no debería admitir reproche, por mucho que se maneje un margen legal de 20 km/h en la maniobra), mientras que el 82 por ciento indica que lo supera en autopista si hay poco tráfico. Y otra vez con lo mismo: los 120 km/h de momento autorizados en esas vías se quedan cortos, y los 130 km/h que se avecinan en según y qué circunstancias no mejorarán mucho la cosa.

Luego hay datos que hacen pensar: el 47 por ciento de los consultados asegura sin reparo conducir pese a haber ingerido alcohol. Ea…

Bien, ya sabemos qué hacemos mal. ¿Y por lo que toca a las autoridades? Para la mayoría de los encuestados por la OCU las multas impuestas son desproporcionadas, lo que automáticamente deriva en un sentimiento claro y directo de afán recaudatorio, esos 658 millones de euros a los que me refería líneas arriba. Los usuarios y conductores preguntados piden, sin margen, que las autoridades de Tráfico sean transparentes, pues ni siquiera consideran adecuado el pronto pago (ahora extendido en 5 días, que pasa de 15 a 20 para el abono voluntario de los importes tipificados en las multas) para reducir a la mitad las sanciones, y que no pocos tachan de «astuta manera para evitar recursos». Y es que de hacerlo y fallar en el intento, claro, se ha de pagar la cantidad íntegra sin reducción. Sirva este dato: solo el 14 por ciento de los encuestados por la OCU se aventuró a recurrir sus sanciones.

Y, de remate, asociaciones como la OCU, AEA o la Asociación Española de la Carretera estiman que la inversión del Estado en las vías, su mantenimiento y hasta la educación vial «dejan qué desear, lo que impide hacer ver a los conductores que las multas sirven para reducir la siniestralidad». En otras palabras, que el retorno de esos dineros no revierte precisamente en la mejora de las calzadas, por ejemplo. Y si no, y volviendo al ejemplo de la capital española, echen un vistazo al estado de las principales calles y avenidas: los coches pegan más botes que nunca sobre los cientos de miles de baches existentes, y esto no ha hecho sino empezar…

 

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