Cuidado con nuestras propias limitaciones

Publicado por el ene 19, 2014

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Como tantas cosas en la vida, en esto de conducir hay un riesgo soterrado que, a menudo, no vemos o no queremos ver: nuestras limitaciones, a veces por falta de habilidad, otras porque en realidad nunca nos enseñaron a conducir bien y achacamos exceso de confianza (al menos en apariencia), y las más, por pérdida en las facultades, edad o por uso de medicación.

Desde estas líneas, he reiterado que los cursos de conducción son una gran herramienta en cualquier momento para ir mucho más seguros al volante, por más que sintamos confianza en nuestras «sobradas» capacidades. De acuerdo, no son baratos, pero tampoco prohibitivos y sin lugar a dudas suponen una excelente inversión para nuestra seguridad, la de los nuestros y la de aquellos que viajan alrededor.

Dicho esto, hay personas que, decididamente, o no pueden o no deben conducir. Sí, tal cual suena. Amaxofobia, curiosa palabra, ¿verdad? Pues se trata de un serio trastorno que, según distintos estudios, padecen numerosas personas. El 25 por ciento de ellas son hombres y suele aparecer, tanto en hombres como en mujeres, en torno a los 35 años. Ni más ni menos que angustia, miedo a la conducción. Eso que hacen miles y miles de personas cada día con toda la soltura del mundo, y que a otras les aterra.

De una u otra forma, casi todos los que conducimos la hemos padecido en mayor o menor grado, bien al principio, cuando nos hemos quedado solos por primera vez, bien por situaciones traumáticas sufridas en el tráfico, o simple y llanamente porque un día surge. Se puede superar, pero requiere tratamiento y tenacidad, y desde luego no siempre es fácil.

conducir¿Y los que no oyen en condicionesaquellos que no ven bien, a veces por no llevar lentes adecuadas? Sobre todo de noche, cuando los accidentes revisten mayor gravedad, son propensos a deslumbramientos, pero tampoco rehusan ponerse al volante. En el mismo sentido, ojo a los estudios que alertan sobre el peligro de las cefaleas, pese a que no es el primero (ni será el último) que, aún sufriéndolas, no duda en coger el coche para ir a donde sea.

En fin, no es cosa de hacer un glosario represor de todos los males que nos acechan. La verdad, no serviría de mucho, y además esas dolencias ni siempre son persistentes ni nos «atacan» a cada paso.Pero es innegable que están ahí, y que conviene pensárselo dos veces.

Tanto o más que «colgar las botas» cuando, a ciertas edades, no queremos asumir que ha llegado el momento de optar por otros medios de transporte agarrándose al «puedo y se lo que hago», aunque asomen 80 o más primaveras en el DNI.

Sobre esto, la mitad de los conductores con esa edad declaran seguir prefiriendo ir en su coche que hacerlo en medios públicos o, simple y llanamente, viajar como pasajeros. La DGT recuerda que en España son más de dos millones los conductores que rebasan los 64 años (10 por ciento del censo con carné en activo) y que, queramos o no, los reflejos ya no actúan como al principio, ni mucho menos. Vale, con precaución, con mucha precaución, aún entonces podemos desenvolvernos en carretera, pero algún día debe (y tiene) que ser el último. Y seguro que mejor más pronto que tarde.

 

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