A ser posible, calculadora en mano

Publicado por el oct 17, 2013

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La tradición diésel tiene suficiente fuerza en nuestro país para desbancar los intentos de los sofisticados motores de gasolina de hacer la contra. Fabricantes como Mercedes-Benz confiesan vender más del 80 por ciento de sus vehículos con mecánicas de gasóleo. Y tiene lógica, cierta al menos. De una parte, son sensiblemente más austeros que sus equivalentes de gasolina, lo que ha terminado por arraigar una cultura «petroleta» que viene de largo. Por otra, la inclusión, hace años, de turbocompresores ideados para compensar su original falta de potencia (que no de fuerza o par motor) les hace muy agradables en términos de reprís, algo de agradecer cuando se viaja con carga «a cuestas» y aflora una de esas «eternas» rampas de autovía que obliga a echar mano del cambio para reducir una o dos veces. Y no digamos si hay que acomcalculadora_05_2eter un rápido adelantamiento en las todavía abundantes carreteras de un solo carril por sentido.

Añadamos a lo anterior añadimos una depreciación más lenta que la experimentada por los equiparables de gasolina; la cuenta parece bastante clara. Y decimos bastante porque no lo es del todo. Cada vez el precio de un diésel se acerca más al de un similar de gasolina (por no hablar del litro de carburante), pero siguen siendo más caros (como sus averías) y, antes de meternos en ellos «sí o sí» conviene hacerse números, y hacérselos bien.

No es difícil: hay que calcular el coste por kilómetro que implicará cada motor, a partir del precio por litro de carburante, multiplicado por el consumo medio, a ser posible real, y dividiendo entre 100. De nuevo, dividir el saldo/diferencia entre ambos valores entre el salto de precio del diésel al gasolina. El resultado será el kilometraje a completar para que el modelo más caro (habitualmente de gasóleo) comience a ser más barato de usar. Y para averiguar qué tiempo nos llevará hacerlo estimaremos el recorrido que hacemos al año: si son 7.000, 10.000, 15.000 (cuando casi siempre empieza a salir la cuenta) o aún más kilómetros cada 12 meses.

Parece complejo: pues no lo es y sí muy esclarecedor de si estamos anticipando una suma, al hacernos con un diésel más caro en la compra, que nunca nos compensará, por más que intentemos (y quizá consigamos) venderlo a mejor coste cuando llegue el momento.

Dos apuntes para complicarlo un poco más: las mecánicas de gasolina más modernas son cada vez más austerasreactivas, pues en muchos casos cuentan con ese «mágico» turbo que hace las delicias de los diésel. De otra, los híbridos han irrumpido con fuerza, sobre todo los de gasolina/electricidad, y sólo es el comienzo. Dan la batalla en ciudad, ojo, sobre todo a los diésel. Que se lo digan a los cientos de taxistas de ciudades como Madrid que han apostado masivamente por modelos como el Toyota Prius.

De acuerdo, ante tanto mareo desde Motor en www.abc.es arrojaremos un poco de luz comparando modelos, sobre todo de moda y populares, con motores de uno y otro carburante para acercar a nuestros lectores la decisión más certera. Ya hemos empezado con ejemplos muy gráficos, como los Ford Focus, Mini y Volkswagen CC (en éste ahondado en qué diésel de la gama merece más la pena). Y los balances son de lo más elocuentes, ya lo verán.

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