Torrijas de té: mi último atrevimiento gastronómico

Torrijas de té: mi último atrevimiento gastronómico

Publicado por el Mar 29, 2015

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Si hay algún sabor que caracterice la Semana Santa ese es el de la canela, la naranja y el azúcar, y la inconfundible textura de la torrija recién hecha y emborrachada de litros de leche dulcificada. Así lo recuerdo desde mi niñez, y así intento fomentarlo en mi madurez: hay costumbres que no deben perderse porque justifican nuestra esencia, y la fomentan, siempre, a través de la cocina.

Hoy he vuelto a hacer honor a la tradición. He rehusado a hacer una llamada a mi madre, como hice la primera vez que me atreví con ellas, para pedirle alguna recomendación. Si algo he aprendido de madres cocineras de toda la vida es que nunca te van a decir porqué sus torrijas son más buenas que las tuyas, y qué hacen para que sea así. Cuando le pedí la receta a mi madre recién emancipada, no se creía lo que estaba escuchando. “¿Tú, cocinar?”, me decía. Mi mala fama, solo creada por una madre vasca, de esas que no dejan entrar a nadie en la cocina, me precedía. Le convencí de que quería guardar sus recetas y aprender de ella, pero creo que en lo más fondo de su ser, nunca se creyó tal gesta. “A ojo”, me respondía, cuando le preguntaba por cantidades.

Dados sus comentarios, no me quedó otra que aprender haciendo y rehaciendo. Con el tiempo asumí que nunca me saldría con su sabor, así que decidí innovar la receta. Al principio sustituí el azúcar y la canela que se le pone al final por caramelo líquido. Y el resultado fue muy fino: quité la molestía -para mí- de masticar azúcar por tomarla endulzada en caramelo. Cuando mi madre la probó por primera vez, disimuló su cara de horror por haber profanado la receta original y espetó un educado, “¿y esto son torrijas?”. No puedo evitar reírme cada vez que recuerdo su cara…

A partir de aquel momento supe que no tenía nada que hacer para igualar mi receta a la suya, así que me propuse probar torrijas de formas disparatadas. Si había cocineros que las hacían con vino, ¿porque no podría yo probar con otros mejunjes? Y así es como vinieron las torrijas de colacao, de café y de frutas… El aspecto era dudoso, pero el sabor era interesante.

Este año he comenzado con el mismo ímpetu innovador, y así es como me he animado a hacerlas de té. Si, si… de té!. Desde hace un tiempo me he hecho adicta al té y he pensado que era la manera de rendir homenaje a esta infusión que está tan presente en mi vida, y que me ha ayudado, y mucho, a asentar el estómago mejorando mis digestiones… ¿Quieres saber cómo las he hecho?

Torrijas de té 

Hay que dejar reposar la leche con el té cerca de hora y media

Hay que dejar reposar la leche con el té cerca de hora y media

A decir verdad no tienen mayor misterio, simplemente has de poner té en vez de canela o azúcar. Has de cortar el pan -preferiblemente del día anterior- en rebanadas gruesas, y poner a calentar la leche. En cuanto esté caliente, echa varias cucharas de té, al gusto, como si hicieras un té americano. (La próxima vez probaré a hacer un té con agua y lo añadiré a la leche, a ver qué diferencia hay en el sabor).

El hecho de poner el té una vez esté caliente la leche es porque el que he elegido yo, un té japonés (verde-sancha) no puede estar más de 5 minutos, porque de lo contrario se agriaría. De esta manera, la leche y el té están listos al mismo tiempo para después bañar las torrijas en ella.

Cuando ebulle, es el momento de retirarlo. Cuelas el té y como resultado, tienes una cazuela de té americano que huele de maravilla. Durante la cocción le he puesto únicamente una cuchara de miel de romero, y digo “únicamente” porque no soy muy golosa, y el té de por sí llevaba algo de membrillo, con lo que no he querido abusar. De todas maneras, una vez las fríes, siempre puedes equilibrar el dulzor con azúcar, almibar, caramelo… o lo que te apetezca.

Este es el té que he elegido para bañar las torrijas, pero puedes probar con otros a tu gusto. Atrévete a hacerlo! :)

Este es el té que he elegido para bañar las torrijas, pero puedes probar con otros a tu gusto. Atrévete a hacerlo! 🙂

Pues bien, las he dejado bañando cerca de hora y media en la leche con té y después las he rebozado en huevo y a la sartén con abundante aceite. Para hacer este postre, yo siempre recomiendo un aceite de oliva pero cuyo sabor no sea muy fuerte para que no nuble el sabor de la torrija. Por ello, después de conocer las bondades del aceite de la DO Bajo Aragón la semana pasada en una visita gastronómica, decidí probarlo para freír las torrijas y el resultado fue genial. Ese aceite, cuya aceituna es de la variedad empeltre, tiene un sabor característico a oliva pero nunca nubla a la comida que acompañe, siendo suave al paladar, y la preferida de muchos cocineros que no quieren renunciar a un aceite de oliva extra en su cocina.

Después de que se pusieran doradas, las he sacado a un plato con suficiente papel de cocina para que absorbiera el aceite y en vez de ponerle azúcar tradicional, le he puesto azúcar glas, porque como os he contado, no me gusta la sensación de masticar azúcar.

El resultado es una torrija dulce, con un sabor penetrante a té japonés que marida muy bien con tés más ásperos y sin azúcar, como el té rojo;  aunque también lo he probado con té blanco, que es algo más suave y fino al paladar y no nos vamos a lo empalagoso. Es cuestión de ir probando 🙂

Ruta de la torrija en Madrid 

Si no te atreves a hacer torrijas en casa pero te vuelven loc@, toma nota de estas ciudades porque ofrecen rutas de torrijas que merecen mucho la pena recorrerse. En su segunda edición, la Ruta de la Torrija en Madrid ha llegado también a ciudades de provincia, con lo que puede ser la excusa perfecta para pasar el día en algunas localidades que merecen mucho la pena visitar.

Un total de 22 pastelerías selectas se han sumado a esta iniciativa, en las que podemos encontrar todo tipo de torrijas. En Madrid, podremos disfrutar de las torrijas en  Edelweiss (Galileo, 93; Hilarión Eslava, 38; y Paseo de Yeserías, 15), El Riojano (Mayor, 10), González (Avda. Reina Victoria, 68), Horno Castellano (Ascensión Bielsa, 3; y La Diligencia, 4), Horno de San Onofre (San Onofre, 3), La Santiaguesa (Mayor, 73), Pastelería Artesanal Manolo (Conde de Peñalver, 68), Pastelería Diadema (Espíritu Santo, 6) y Pastelería Ipanema (José del Hierro, 60; Alcalá, 355; y Aracne, s/n. Centro Comercial Plenilunio).

En la provincia, los municipios San Lorenzo de El Escorial en Paco Pastel (Pozas, 81; y Plaza de la Constitución, 12. Local 2), Colmenar Viejo en la Pastelería Artesanal Manolo (Corazón de María, 10; C. C. Ventanal de La Sierra; Feria, 7; y Navalaosa, local 3) y Tres Cantos, también en la Pastelería Artesanal Manolo (Avda. de Viñuelas, 21; y Sector Literarios, 21).d ofrecen atractivas propuestas difíciles de rechazar.

Y atención, porque ser un devorador de torrijas tiene premio: si rellenas el cupón que podrás encontrar en los establecimientos participantes, entrarás en el sorteo de un Taller de Repostería a domicilio a cargo de Roberto Martín Comontes, repostero y propietario de la pastelería El Riojano. Entra en su facebook y ¡entérate de todo!

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El ambigú del yantar © DIARIO ABC, S.L. 2015

Detrás de cada plato existe un entramado armónico de sabores, colores y texturas que configura la historia viva de nuestros paladares. Un día descubrí esta literatura oculta tras cada bocado y comprendí que la gastronomía supone una aventura y un lugar de encuentro.Más sobre «El ambigú del yantar»

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