Twelve STRING HIGH VOL.3 o “por quién doblan las campanas”, que diría John Donne

Publicado por el Jan 5, 2019

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La historia de la guitarra de doce cuerdas es larga y se remonta a una mutación a partir del harpa que se produce a finales del siglo XIX. Según el estudioso Gregg Minner, el momento clave se produce con la comercialización de las primeras guitarras de doce cuerdas por parte de René Grunewald en 1902. Grunewald se había hecho famoso por anunciarse ofreciendo dinero por el cuero cabelludo humano, que utilizaba en la confección de sus banjos, tambores y panderetas; algo que hoy nos puede parecer macabro, pero que entonces era tomado como algo normal.

Los primeros anuncios de este artilugio lo muestran todavía como un harpa, y aparecen en Nueva Orleans. El uso posterior de la guitarra de doce cuerdas puede rastrearse en primeros bluesman como Leadbelly o William McTell, aunque su popularidad se dispara en los años sesenta gracias a George Harrison, Pete Seeger y, sobre todo, Roger McGuinn. Es signo distintivo de canciones como “A Horse With No Name” de America, “Dust in the Wind” de Kansas o “Wild Horses” de los Rolling Stones. Todas rinden homenaje a ese sonido que Seeger describió como “un doblar de campanas”. Jimmy Page lo llevó al extremo para dar salida a su “Stairway to Heaven”, con una combinación de seis cuerdas para los solos y otras doce para los coros. Su técnica es compleja, por lo que a excepción de virtuosos como McGuinn, que alcanzó el nº 1 con “Mr. Tambourine Man” de Dylan gracias a su Rickenbacker (rasgo distintivo de su grupo The Byrds), es más frecuente escucharla como guitarra rítmica acompañando a una de seis cuerdas.

Otras canciones que todos tenemos en mente, como “Hotel California” de los Eagles, “Turn, Turn, Turn” de los Byrds, “A Hard Day´s Night” de los Beatles o “Free Fallin´” de Tom Petty & The Heartbreakers se benefician del sonido único e incomparable de este tipo de guitarra. También está presente en “Wish You Were Here”, el homenaje a Syd Barret del resto de los Pink Floyd. Todas canciones de contrastada calidad, a parte de su extrema popularidad. Alguien pensará que esto ocurría en otra era, cuando ambas cosas iban más o menos parejas, aunque también es cierto que en ocasiones, no siempre.

En el siglo XXI el uso de la guitarra de doce cuerdas, lejos de claudicar, sigue vivo y muy activo en manos de músicos que han caído bajo el embrujo de ese “doblar de campanas”. Y por raro que pueda parecernos, ha sido un zaragozano, Pedro Vizcaíno, quien se ha encargado de su reivindicación mediante un proyecto en tres entregas llamado “Twelve STRING HIGH”. El volumen 3 acaba de ser publicado en su sello You Are The Cosmos, toda una rara avis no solo en nuestro país, sino en el mundo, con eco importante allende nuestras fronteras. No en vano, Vizcaíno ha ido coordinando, produciendo y prensando en vinilo y cedé grabaciones de estudio, en su mayor parte inéditas, provenientes de los cinco continentes.

Centrándonos en el último trabajo, lo componen nada menos que 22 temas donde las guitarras protagonistas son las variantes de Rickenbacker 360/12 (que gana por goleada) seguida de la 330/12, aunque hay otras como la Danelectro, la Stratocaster o la Univox Custom 335. Los protagonistas son grupos de ahora mismo que gustan de las melodías y los ritmos powerpop, canciones sencillas de una belleza a veces melancólica, a veces eufórica. Pequeñas piezas de orfebrería que son como cartas adolescentes a un primer amor tras las vacaciones de verano. El arranque es brutal, con tres perlas a cargo de los norteamericanos Scott Gagner y The Small Square liderados por Paul Chastain, seguidos por el supergrupo británico Bennett Wilson Poole, cuyo debut de 2018 ha sido elegido mejor disco del año según la revista Americana UK y que para la ocasión cantan “Changes”, aquella canción de Phil Ochs.

Es difícil escoger entre las 22 canciones en un álbum que opera con una unidad sorprendente, donde encontramos a Sid Griffin de los Long Ryders, a The Modulators, The Nerk Twins o Lannie Flowers, a los australianos The Citradels, o a The Armoires, que cierran de manera brillante un laborioso trabajo que también cuenta con dos aportaciones de aquí: Los Valendas, el grupo mallorquín liderado por Xavier Escutia, y Quant, el proyecto de Óscar Quant. Ya lo decían Everything But The Girl: “When all´s well / My love is like cathedral bells”. Pues eso. Feliz noche de Reyes.

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