El legado de Chuck Berry

Publicado por el Mar 20, 2017

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Fue mucho tiempo antes de la controversia creada en Newport cuando Dylan se volvió eléctrico enfureciendo a Pete Seeger hasta el punto de subir este a cortar los cables del amplificador. A veces nos olvidamos de que él siempre aspiró a vestir vaqueros y cazadora de cuero y cantar emulando los versos de Chuck Berry. Cuando era todavía conocido como Robert Zimmerman en su casa de Hibbing, Minessota, Bob comenzó tocando en grupos de rockabilly como The Golden Chords o The Rockets. Estos últimos grabaron una canción coescrita por él titulada “Big Black Train” en los legendarios Kay Bank Studios, el mismo lugar en el que los Trashmen grabaran “Surfin´Bird”.

Según nos cuenta Jim Propotnick, uno de sus compañeros en los Rockets, Dylan iba para pianista en la línea de Little Richard y Jerry Lee Lewis: “Hizo un buen trabajo interpretando las canciones de Little Richard y creo que a él le gustaba lucir ese mismo aspecto con el pelo tieso en forma de tupé”.

Chuck Berry había sido uno de los promotores del repentino surgimiento del rock & roll con unos versos sencillos y directos, como los de “School Days” donde se coagulaba toda la insatisfacción y el desencuentro generacional de los hijos de la postguerra. Alan Freed desde la emisora WINS de Nueva York, creó un fenómeno seminal de gran magnitud, al programar unas canciones urgentes, comprensibles, provocadoras y llenas de connotaciones sexuales. El estilo de Chuck Berry, su arrogancia y virtuosismo, esa forma de juntar las dos cuerdas tan cargado de sensualidad, la chulería en el escenario, su mirada escudriñadora, aún hoy deja perplejo a quien lo observa.

Alan Freed utilizaba técnicas no muy honestas para radiar a los artistas, y así Chuck Berry tuvo que aceptar que el nombre de Freed apareciera en los créditos del single de Chess si quería que “Maybellene” sonara machaconamente en la radio, algo que ya por entonces tenían estudiado que repercutía y mucho en el boca a boca y el éxito de las canciones.

Cuando Alan Freed, a finales de los cincuenta, se vio envuelto en el escándalo del Payola, la difusión del rock & roll sufrió un varapalo que opera como clave secreta que explica el surgimiento de la escena folk. El propio Zimmerman dio un giro radical en ese punto crucial de su carrera al adoptar el legado de Woody Guthrie, entrando y conquistando el circuito folk de Nueva York.

El fenómeno de los teenager parecía que no iba a aguantar mucho más desde su aparición dando paso a otros modos de vestir y de comportarse. Los beatnicks tomaron los campus universitarios bebiendo café y comiendo sándwiches de manera muy fina. La música cambiaba muy deprisa, y los gustos juveniles, también.

Sin embargo, Dylan volvió al rock & roll a mediados de los sesenta. Una canción como “Subterranean Homesick Blues” estaba mezclando el tipo de estructura musical de los años del folk con los versos de “Too Much Monkey Business” donde Chuck Berry retrata las dificultades de los jóvenes para la vida en la carretera fuera del ala protectora familiar.

Cuando Bob Dylan se encuentra por primera vez con los Beatles gracias al amigo común Al Aronowitz (para fumar hierba tranquilamente y escapar de las hordas de fans enloquecidas tras su último concierto) en el hotel Delmonico de Nueva York el viernes 28 de agosto de 1964, descubren de inmediato un punto de conexión: el rock & roll de Chuck Berry. Los mismos sueños, la misma herencia creativa más temprana.

Ese mismo año 1964 comienza en televisión el TAMI Show, actuaciones en teatros repletos de adolescentes histéricos. Deciden abrir fuego con una incendiaria actuación de Chuck Berry interpretando “Johnny Be Good”. Le acompaña una orquesta orientada hacia el rock dirigida por Jack Nitzsche. La gira americana de los Beatles era inminente. La explosión eléctrica estaba a punto de producirse.

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