Lady Marmalade de Labelle: adiós a Allen Toussaint

Publicado por el Nov 10, 2015

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La noticia llegaba esta mañana con toda esa capacidad que tiene la muerte de asestar un duro golpe cuando se presenta sin previo aviso. Allen Toussaint había viajado de Bilbao a Madrid para realizar una serie de conciertos en nuestro país, un lugar que ya había visitado con anterioridad en otras ocasiones. En concreto, fue en el festival de jazz de Villalba cuando pudimos verlo hace unos años con toda su chulería, engalanado con esmero, brillo y lentejuelas, enseñoreándose del piano y el escenario junto a una multitudinaria banda y un Elvis Costello diminuto ante tamaño artista con mayúsculas, entrado en el ser desde otra madera, forjado en otros hierros. Aquel concierto, ante miles de personas, fue memorable, inolvidable. Siendo Elvis Costello un músico reputado, ver a los dos juntos no resistía la comparación, resultaba casi grotesco ver los esfuerzos del británico por estar a la altura. El concierto fue un éxito absoluto, una de esas noches para enmarcar.

Anoche tocaba en Madrid con una banda más modesta, más cercana y a la vez más arriesgada, en el Teatro Lara. Nadie podía sospechar el desenlace. Tras el concierto Toussaint, de setenta y siete años, se trasladó al hotel y allí, en uno de los pasillos, perdió el conocimiento y se desmayó. Fue trasladado al hospital, donde nada pudo hacerse por su vida. Moría en Madrid este cantante (así se le reconoce en «Los grandes creadores del jazz», de Arnaud y Chesnel, una obra traducida y adaptada al castellano por el también desaparecido y añorado J.C. Cifuentes, “Cifu”), “auténtica alma musical de la ciudad del Delta”, productor, arreglista, compositor, pianista, uno de esos personajes irrepetibles en el ensamblaje de músicas tan variadas como el R&B, el soul  y el funk, con una apertura de miras que lo hizo enseguida favorito de los músicos de rostro pálido ansiosos por conocer los secretos de la cuna del jazz.

El impacto de la muerte repentina y fulminante de Allen Toussaint, compositor en la sombra de éxitos desde sus primeros y gloriosos tiempos para otros músicos como Ernie K Doe y Lee Dorsey, recuerda el de Johnny Guitar Watson, otro gran músico de mente abierta, entre el blues, el rock y el funk, a quien la parca le estuvo esperando agazapada entre bambalinas para asestarle el golpe de guadaña en el mismo escenario, mientras hacía saltar chispas de su guitarra eléctrica.

Ahora ya no está, y sin embargo esta noche uno tiene la rara sensación de que Allen Toussaint (nacido un 14 de enero de 1938) anda vagando por la calle Luna o Montera, observando las luces de neón, las cafeterías, las horripilantes tiendas de escaleras mecánicas como grandes bocas de la Gran Vía, los paneles iluminados, sonriendo entre dientes cuando una mujer criolla va y se le acerca y le dice aquello de Labelle, o lo que es lo mismo, Patti LaBelle, Nona Hendrix y Sarah Dash, en el lujurioso Nightbirds (1974): “Voulez-vous coucher avec moi ce soir?”.

De las diez formidables canciones contenidas en este disco inmortal, dos estaban firmadas por Allen Toussaint, que se encargó activamente además de tocar piano acústico, eléctrico, percusión y de producir todo el elepé. Aunque el mérito mayor para mí fue el haber sido capaz de aglutinar una banda de músicos irrepetible para confeccionar un álbum visionario, que se adelantaba al “gliter disco” inmediatamente posterior. La lista de los músicos que intervinieron en las sesiones de los Sea Saint Studios de Nueva Orleans es demasiado larga, pero ahí estaba Arthur Neville, Lester Caliste al trombón, Lon Price a la flauta, Steve Howard a la trompeta, Carl Blonin al saxo barítono, Clarence Ford al saxo alto, Earl Turbinton al soprano y alto, Alvin Thomas a la flauta tenor, George Porter Jr al bajo, Herman Villere Ernest III a la batería, Bud Ellison a los teclados, Rev Batts a la guitarra, también a la guitarra Leo Nocentelli, Héctor Seda al bajo, Jeffrey Shannon a la batería, y algunos más. Entre las canciones que salieron de aquel horno se encontraba “Lady Marmalade”, tal vez la canción más inmortal de toda la producción que nos deja Allen Toussaint.

 

 

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