Los círculos viciosos de Javier Krahe

Publicado por el Jul 12, 2015

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Una noche estuve en casa de los Krahe, fue una fiesta a reventar en la planta de arriba, reservada a los hijos, de un edificio que daba al Tribunal Supremo. Javier Krahe tenía su guarida en la planta de abajo, comunicadas las plantas por una escalera interior. Como en la canción de Celia Cruz, alguien gritó “¡No hay cama para tanta gente!”. Al final, como en una peli de cine mudo, el follón que se montó acabó con la visita de las fuerzas del orden que dio al traste y puso fin a la fiesta para regocijo del vecindario.

Javier Krahe, a partir del concierto famoso en “La Mandrágora” junto a Joaquín Sabina y Alberto Pérez, se convirtió para los que éramos entonces una década más jóvenes en un autor admirable, por su manejo del lenguaje poético, uno de los pocos capaces de adaptar al presente los hallazgos de nuestros clásicos. Cantando, llegó a ser inimitable el deje de Krahe, entre Brassens, Fabricio de André y Paco Ibáñez.

Personaje madrileño legendario desde finales de los setenta, le tocó vivir en un tiempo intermedio, el de los últimos estertores de la que hubiera sido su época, la de Luis Llach o Serrat, y la aparición de la movida, que acabó arrinconando autores de gran valía, algunos ya entonces muy famosos, como Luis Eduardo Aute, otros menos conocidos, como Sisa, y otros en la más perpetua oscuridad, como el gran Adrià Puntì.

Javier Krahe se dejaba ver poco en las últimas décadas. Ahora que se ha ido, como por desgracia suele ocurrir, será redescubierto -esperemos- ese bien nutrido ingenio suyo unido a tan escuálida figura. Fumador impenitente, hay que decir de Krahe que si algo ha sido siempre es más auténtico y más majo que las pesetas. Y que ha hecho del lema de mi madre, aquel que dice que “no hay cosa más sana que cada uno haga lo que le da la gana” un leitmotiv de obligado cumplimiento.

Para despedirle, me gustaría elegir una canción que me impactó, compuesta por su amigo -otro que tal baila-, el que animó a Javier Krahe a subirse a un escenario, el autor de A Contratiempo, Chicho Sánchez Ferlosio, muerto en 2003, autor de esos versos tan divertidos e ingeniosos que giran en “Círculos Viciosos”. Sabina la publicó como suya en su disco de 1980 Malas Compañías, por lo que Sánchez Ferlosio tuvo que pleitear con CBS para que corrigieran los derechos de autor.

Hasta siempre, Krahe, y que como cantaba el tango de Bartrina:”que nos quiten lo bailao”.

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