Bajo la piel de Billie Holiday

Publicado por el Apr 7, 2015

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Photo of Billie HOLIDAY

Las actuaciones de Billie Holiday son una obra maestra de expresividad contenida que solicitan de una lente para poder observar al detalle cada uno de sus gestos y sombras, cada insignificante movimiento, cada modulación, cada nota sostenida, cada fraseo, obligando a un esfuerzo de atención, a un acercar la mirada hasta adentrarse bajo la piel de la cantante.

Billie murió a los 44 años en el Hospital Metropolitano un 17 de julio de 1959 por complicaciones respiratorias. Llevaba en arresto hospitalario desde el 12 de junio por posesión ilegal de narcóticos. Había llevado el micrófono de jazz a un lugar solamente superado por sus dos grandes influencias, Louis Armstrong y Bessie Smith.

Una Bessie Smith a quien J. D. Salinger dedicó en 1948 un relato titulado “El surco de la aguja sobre un disco de pizarra”. En aquel relato la protagonista es una cantante de jazz afroamericana que muere horas después de sufrir un accidente de coche, al ser rechazada en un hospital del sur reservado a los blancos. Salinger hacía así mención implícita de la trágica muerte de Bessie Smith en 1937 en algún lugar de la Route 61 entre Memphis, Tennessee y Clarksdale, Mississippi.

Bessie Smith fue también  la predilecta de Janis Joplin, que pagó las costas del cementerio para que le fuera puesta tumba y lápida en condiciones allá por 1970, tras ser redescubierto el lugar donde yacían sus restos.

Bessie y su voz de pájaro herido fue la primera y constante fuente de inspiración de una Billie Holiday cuyo camino hacia la fama universal comenzó rodeada de enormes dificultades. Puede decirse que su lugar natural frente al micrófono fue fruto más de la desesperación que del deseo. Nacida en Baltimore con el nombre de Eleanora Fagan de unos padres adolescentes cuando su madre contaba trece años de edad, Billie tomó su nombre artístico de su padre, Clarence Holiday, un guitarrista de acompañamiento en la banda de Fletcher Henderson durante los años veinte. El nombre de “Billie” lo tomó de la actriz Billie Dove.

Billie se trasladó a Nueva York junto a su madre en 1928, viviendo en primera persona las consecuencias del crack del 29. Apenas si podían sobrevivir con trabajos domésticos, hasta que la gran depresión dejó a la madre sin trabajo. Billie recorre la Séptima Avenida en Harlem buscando algo, cualquier cosa. En un club nocturno, el Log Cabin, regentado por Jerry Preston, pide trabajo como bailarina. No tenía dotes para ello, sin embargo el pianista se apiada de ella y le pregunta si sería capaz de cantar. Billie dice que sí, e interpreta “Travelin´ All Alone” y “Body & Soul”.  Consigue así su primer trabajo, seis días a la semana por dos dólares la noche.

Aguantó de esta manera cerca de dos años en Harlem cantando hasta que una noche es descubierta por John Hammond, un entusiasta del jazz, que la recomienda a un por entonces poco conocido clarinetista llamado Benny Goodman. Es con Goodman con quien graba por primera vez Billie Holiday la canción “Mother´s Son-In-Law” en noviembre de 1933 en una banda que incluía una colección de incipientes talentos entre los que se encontraban Joe Sullivan y Gene Krupa.

Dos años después arrancan sus famosas grabaciones junto al pianista Teddy Wilson, que le otorgarán una reputación ascendente en el circuito del jazz. Billie Holiday se hace acompañar de los músicos de la banda de Count Basie, con los que encuentra una complicidad y una afinidad que da lugar a excelentes resultados, sobre todo con el saxofonista Lester Young.

Pero el estrellato definitivo le llegó en 1938, año en el que se la puede escuchar cantando en el Cafe Society de Nueva York, donde fue desarrollando su puesta en escena y su característico estilo, las gardenias adornando el cabello, el ligero movimiento de las manos al cantar, el modo de colocar la cabeza ladeada con respecto al micro… Billie fue ganando adeptos en la misma medida en que fue cayendo en la adicción, hasta que recibe una condena que truncará su carrera artística. Es arrestada por un año y un día con el objetivo de conseguir su rehabilitación, algo que no sucede. Pierde la licencia para poder cantar en los cabarets.

La voz de Billie Holiday fue ganando en profundidad expresiva y en elasticidad, algo que afortunadamente podemos disfrutar puesto que siguió grabando durante la década final de su vida. Conocida como “Lady Day” o “The Voice of Jazz”, Billie alcanzó una capacidad expresiva inigualable en lo que supone trasladar al sonido de la voz humana la totalidad de las emociones, de las más dulces a las más amargas. Una “fruta extraña” que brota de la penumbra de la existencia y que merece ser observada en plano detalle, muy de cerca, para mirarnos en ella como en un espejo.

 

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