Los “38 bucks” deToni Monserrat tras la sombra de Kerouac

Publicado por el mar 30, 2015

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Ayer domingo a mediodía me veo subiendo hacia la plaza de Cascorro. Voy con prisa, a grandes zancadas, para encontrarme con Toni Monserrat que me espera en un bar de la Latina. Se me ilumina la cara al llegar al Rastro y encontrarme empotrado en un muro humano de lo más mezclado que circula a duras penas yendo y viniendo. La explosión de vida a escasos centímetros y el sol que por fin aprieta tiene un efecto eufórico que enardece la piel. Me libero del cálido abrazo y salgo pitando hacia el bar donde hemos quedado. Enseguida encuentro a Toni que tiene el tiempo justo, porque en un rato tienen que bajar las maletas del hotel y coger el avión que le lleva de nuevo a casa, en el sureste de Mallorca.

Toni habla mucho, yo también, pero me toca esta vez escuchar. La conversación se va por derroteros variados, le dejo hablar. Salen cosas, como su viaje por EEUU de costa a costa. La famosa Ruta 66, ese sueño idealizado por tantos de la generación de los que ahora cumplen cincuenta. Se fue con su guitarra y se puso a tocar, parando en Nashville, en Texas, recorriendo el sur con el ánimo no declarado de perseguir la sombra de Kerouac.

Así que creo que ya lo tengo. Toni es un enamorado de América, su música, su literatura, su imaginario. No s el primero ni será el último que escucha a los Eagles o a Gram Parsons y lee a Kerouac pensando: ¿qué diablos hago aquí, en Manacor? El influjo de la cultura norteamericana es muy poderoso. Sin embargo, pocos se adentran lo suficiente para comprender qué hay detrás o simplemente qué hay allí.

Toni se ha empapado por activa y por pasiva, no solo por sus años pasados en el nuevo continente sino por haber sabido aprovecharlos tocando con músicos de lo que se vino en llamar “nuevo rock americano” a mediados de los años ochenta. Así lo tenía en mente cuando monta su primera banda Murder in the Barn. A partir de entonces consigue subirse al escenario con Steve Wynn de los legendarios Dream Syndicate o Jason Ringenberg de Jason & The Scorchers, dos de las bandas emblemáticas de aquel “espejismo” al que Carlos Rego dedicó un libro: Nuevo rock americano, años 80 (Milenio ed. 2010) de esos que uno piensa cómo a nadie antes se le había ocurrido la idea.

En 2013 decide Toni grabar sus ”diarios de carretera” emulando el rollo (sic) de papel continuo y la literatura automática de Kerouac, parcelando su peculiar ruta americana en trece canciones acompañado en esta ocasión de una banda en la que destaca el piano de Jaume Amengual y la mandolina de Gabe Munnikin, pero sobre todo las aportaciones vocales y a la guitarra acústica de Tim Easton, uno de los jóvenes renovadores del género, y sobre todo la aportación vocal de Jason Ringenberg en “Johnny Supermarket”.

El disco, excelentemente masterizado por Hay Zeelen, se mueve en un terreno amable, con abundancia de los medios tiempos, de evocadora factura, con momentos de esplendor como el tramo que va de “Johnny Supermarket”, pasando por “Caroline”, hasta “So Far So Good”. El disco termina en su lado más introspectivo, con dos baladas, “Tumbleweed” y “Ain´t Nobody”. Y tras la escucha me viene el recuerdo de un disco fantástico, aquel “The River & The Sea” (Horizon Music Group, 2006) de Chris Buskey and the High Lonesome Plains, por la sencillez y el acierto de las canciones.

“38 Bucks”, la canción que da nombre al disco de Toni Monserrat Inc. (Desert Dog records, 2013), trata de expresar a fin de cuentas una filosofía de vida: la del olvido y el perdón como gasolina para seguir caminando. Esos “38 centavos” que son una metáfora de la importancia de la generosidad e incluso del desprendimiento de tantas cosas que no son más que pesado lastre. Y, sobre todo, una pasión por la música, la de Steve Earle, la de Peter Case, la de Dwight Yoakam, la de los llamados “renegados del country” que renovaron una escena que parecía no levantar cabeza.

Toni Montserrat se despide, de vuelta a su isla, a preparar su nuevo disco, más eléctrico, que llegará pronto. Mientras, nos deja su 38 Bucks para que nos deleitemos en estos desaforados primeros días de primavera poniéndole a las mañanas banda sonora americana.

 

 

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