En busca de las maquetas perdidas de Los Suspensos

Publicado por el mar 16, 2015

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Érase un tiempo intermedio en el Madrid de la segunda mitad de los años ochenta. Los grandes grupos salidos de la movida como Nacha Pop o Los Elegantes anunciaban conciertos de despedida. Otros, como Los Secretos, Gabinete o Radio Futura, funcionaban bien y evolucionaban. Y otros, la mayoría, habían dejado para la posteridad lo mejor de sí mismos antes de separarse. Hablamos de Mamá, Tótem, Los Modelos, Paraíso o Los Pistones.

El pop español más melódico vivía un momento crítico del que no se pudo recuperar. Como en una muerte anunciada, los nuevos grupos nacionales renegaron de sus orígenes, incluso renegaron del idioma y se pusieron a cantar en inglés.

En ese momento de transición hubo, sin embargo, un movimiento subterráneo de revitalización del pop español que fue impulsado desde programas de radio independientes como “Ráfagas de pop”  y “Mi perdido amor” donde se programaban las maquetas de grupos como Móviles, Stock de Coque, Proyecto, La Isla del Sol o Los Adorables Sobrinos.

Uno de aquellos grupos que recuperaban las melodías pop de los primeros ochenta surgió de la unión entre dos locutores de radio responsables en gran parte de este resurgimiento, Tito Lorenzo y Miguel Riesgo, y una chica llamada Cristina Serrabona. La idea primera del grupo era llamarse James Dean, pero aquello viró hacia Los Suspensos, con la incorporación de Miguel Riesgo a la guitarra rítmica y de Camilo a la batería. Por el grupo pasaron también Enrique Melero, Eduardo y Jimmy Martínez.

Como recuerda Pedro Otero (locutor entonces del programa “El Kastillo de las lágrimas”) en las notas interiores de la reciente edición en vinilo de Maquetas perdidas (La Fonoteca, 2014), “me imagino el rostro de Juan (de Pablos), iluminado al descubrirlos. Pop hecho sin nada, por el propio placer de crear, sin apenas medios ni aspiraciones. Quintaesencia”. Fue el propio Juan de Pablos quien desde su inimitable programa para RNE3 “Flor de Pasión” dio a conocer a Los Suspensos como una joya perdida del pop español y quien se empeñó en llevarlos a grabar a los estudios de Radio Nacional.

El resultado de dichas grabaciones realizadas en 2002 junto a las maquetas originales del grupo de 1988 y 1989 completan el álbum de vinilo publicado hace escasos meses por La Fonoteca, con letras e información adicional en su interior.

Los Suspensos llegaron a realizar un puñado de actuaciones, en Bwana y la sala Universal, y sus maquetas guardaban algunas canciones de pop incandescente como “Lunes en mi ciudad”, donde hacen coros Carlos y Javier Peñacoba (Tótem), “Tu Soledad” con Luis Uriarte (Proyecto) a los coros, “Muchas vacaciones” con la aportación a la guitarra de Alfonso Franch (Móviles) o “La chica de la gabardina”, que es la perla sin pulir que más brilla en el disco junto a “Una Tarde de Septiembre” y que milagrosamente fue recuperada para la historia del pop en español. También se incluyen las de la primera maqueta grabada en 1988 en una tascam de cuatro pistas: ”Muñeco”, “Muchas vacaciones” y “En la ciudad”. No así ”En la Estación”. 

Suenan ecos de Secretos, Modelos, Paraíso, Pistones, Pegamoides, en unas composiciones sencillas plenas de encanto que rondan como tema central la soledad, la despedida, la pérdida y el amor no correspondido.

Leemos en “Lunes en mi ciudad”: “ya sé que es imposible ahora dar marcha atrás, que el recuerdo es ya lo único que va a quedar, pero yo sueño despierta que regresarás”. Y en “Tu soledad”: “Las cosas aún no han cambiado, todo sigue igual que ayer, el tiempo sigue pasando y no sabes qué hacer. Sigues buscando con tu soledad, vas hacia ningún lugar, hoy has vuelto a intentarlo, te salió mal, eres muy joven para querer terminar”.

Por una carambola del destino digna de una novela de Paul Auster me veo de pronto charlando con Cristina Serrabona, que se presta a contestar unas pocas preguntas:

¿De dónde viene el nombre del grupo?: «Éramos un grupo de amigos que suspendíamos, pero queríamos reflejar una forma de hacer música en la que lo importante no fuera cómo sonara, éramos suspensos en música pero aprobados en sentimientos».

¿Qué relación tuvisteis con los grupos de la movida? ¿Érais más pequeños, no?: «Sí, en realidad éramos fans de ellos. Luego con el tiempo nos nombraron herederos de Los Modelos, porque teníamos un aire. Mucho más tarde nos hicimos amigos de Casilda y Ramón, pero ya acabados los Suspensos».

¿Por qué se quedó el proyecto de vuestras canciones en maqueta?: «Creemos que tuvo que ver con el momento en que aparecimos. La movida había muerto y había más discos en el mercado de los que debieran. Todo el mundo ya había grabado un disco, los malos y los regulares. Las discográficas se habían hartado de apostar por cosas que a veces no salieron bien. Aunque también hay que reconocer que no teníamos más intención que tocar por tocar. No era una meta el llegar a grabar nada. Vivíamos el momento».

¿Tenéis más canciones en la recámara sin publicar?: «Sí, en realidad hay muchísimas canciones. Hay algunas que solo están grabadas en cassettes antiguos y que a mucha gente les gustan bastante. Suenan fatal y están grabadas en casa. Después están las que grabamos como Los Suspensos, que fueron pocas por falta de medios. Después yo formé el grupo Naíf con el que grabé varias canciones. Hay muchísimas más»

Quién sabe lo que guardarán esas cassettes. Con que hubiera otra “chica de la gabardina” registrada en cachitos de hierro y cromo, ya habría merecido la pena rebuscar en tan reservado y particular tesoro del pop español. Un tesoro por fin recuperado décadas después, aunque solo sea en parte.

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