Jordi Tardà en busca del disco más raro del mundo

Publicado por el Mar 2, 2015

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La madrugada pasada moría por problemas respiratorios Jordi Tardà, apasionado del rock de proyección internacional nacido en Mataró en 1955. Coleccionista de discos desde los trece años, empezó como promotor de grupos locales, hasta que en 1975 se unió a la Gay and Company donde estuvo hasta 1981 trayendo a España artistas de la talla de Rolling Stones, Bob Marley, Eric Clapton, Queen, Police o Frank Zappa. Al mismo tiempo y como crítico musical y guionista de radio y televisión colaboró en revistas como Disco Express, Popular 1 y Playboy. Para Televisión Española realizó el guión del programa “Musical Express”. Por otra parte difundió sin descanso su pasión por la música desde sus comienzos en Radio Mataró y Radio 4, hasta la aparición de sus propios programas para Catalunya Ràdio (“Dia a dia, rock a rock” y “Tarda Tardà”).

En 1985 se lanza a organizar la Feria del Disco de Coleccionista de Cataluña, en Barcelona, a la que siguieron las de Girona y Reus.  Es también autor de libros como una biografía de John Lennon, El príncipe negro, sobre Michael Jackson, Paraula de Stone, dedicado a sus satánicas majestades o el fantástico Diario de un coleccionista. En este último recorremos la historia de Jordi Tardà siempre en busca del objeto más preciado en el mundo del rock. Así en las ferias y tiendas de discos de ambas partes del Atlántico, de México DF a Memphis; De Nueva York a Austin. De San Francisco a Oklahoma City, Detroit o Chicago. Londres, París, Glasgow, Utrech, una pasión que le llevó durante décadas a no perderse ninguna de las grandes citas del coleccionismo musical.

Recomiendo a todos los amantes de la música la lectura de su Diario del Coleccionista (Planeta, 2002). Un botón de muestra: 1985, Tardà aterriza en Barajas para participar en la Feria organizada por Mikel Barsa, también de Mataró pero afincado en Madrid, en el Hotel Convención de la calle O´Donnell. A media tarde Barsa monta una pequeña subasta solo de discos para diez personas. Algunos, discos promocionales de David Bowie de la serie “Campaña Gay Power. El Poder de la Música Joven”, los ponía sobre la mesa el propio Tardà.  Dice en el libro: “Los había traído a Madrid para cambiar, pero al no encontrar material suficientemente interesante para mí, decidí venderlos y así, como un buen catalán, amortizar mi viaje en avión. Craso error”. Ese día aprendió una lección: “que un coleccionista auténtico jamás vende sus discos, por muy apurado que esté”. “El dinero termina yéndose y el disco ya no lo vuelves a tener, no retorna a ti”. Uno de los singles de Bowie fue a parar a manos de un inglés, Eddie MacElligott que fue uno de sus primeros amigos coleccionistas ingleses, antes incluso que Mark Hayward. En su tienda cerca del puente de Ladbroke Road, en Portobello, había vendido el single de Bowie en cuestión de minutos por cuatro veces más de lo que había pagado en Madrid. Cuando Jordi llegó a casa por la noche, su mujer, Romy, le preguntó cómo había ido. “Bien -le contestó con una mueca-, he vuelto con 20.000 pesetas de más”. “¿No habrás vendido alguno de tus discos?”, le espetó. “Recuerda que algunos singles son míos”. Tardà tuvo entonces un enorme sentimiento de pobreza. Era mucho más pobre que antes de tener aquellas 20.000 pesetas.

La colección de discos raros y memorabilia (objetos, instrumentos, ropa, etc., relacionados con un artista) que deja Jordi Tardà es de las más importantes de España. De una baldosa de la piscina donde se ahogó Brian Jones hasta la bañera de Elton John, de los preservativos Love & Peace de John Lennon y Yoko Onno hasta máquinas del millón de Kiss o Rolling Stones. Discos de oro, la chaqueta personal de Ringo Starr, Mick Jagger de la gira “Urban Jungle” o Michael Jackson. Chalecos como el de Lemmy de Motorhead o vaqueras como la de Eric Clapton, guitarras de Kurt Kobain, Mark Knopfler, de Steve Ray Vaughan, las gafas de Prince del Purple Rain, sombreros  de Frank Sinatra, de Guns & Roses, óleos pintados por Ron Wood y discos, algunos rarísimos, como el disco de piedra de la edición sueca de 1954 con la canción Rock around the Clock de Bill Haley and His Comets. Aunque tal vez el más raro de su colección sea una de las escasas copias autorizadas por Paul McCartney del acetato In Spite of All the Danger / That´ll Be the Day de The Quarry Men, considerado el disco más raro del mundo.

No sabemos qué será de la colección de Tardà. Aunque no sería mala idea una exposición donde poder admirar los viajes y esfuerzos de toda una vida. El propio Tardà llevó a cabo la iniciativa en 2011 con su Museu del Rock, donde con mucha pedagogía llenó los 2000 metros de la cuarta planta de Las Arenas con tan solo un 10 % de su amplísima colección. Una colección única en el mundo que, hasta la fecha, nunca ha podido ser admirada al completo.

 

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