Los Replacements, la banda que pudo reinar

Publicado por el Sep 22, 2014

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Los Replacements, la banda de culto de Minnesota por excelencia, cuenta con su propio documental silencioso, sin música ni actuaciones del grupo, un sorprendente encuentro con sus fans, periodistas y artistas contemporáneos suyos como Jim DeRogatis, Hüsker Dü o Tommy Ramone, dirigido por Gorman Bechard con el título de Colour Me Obsessed: a film about The Replacements.

Bechard quiso hacer un documental en el que solo apareciera el grupo de manera indirecta, de manera que “al igual que la gente cree en Dios sin necesidad de verlo ni oirlo, tuvieran motivos para creer en ellos a través de la pasión, la fe y las historias de otros”.

Uno se entera gracias al film de Bechard de cosas curiosas, como por ejemplo que Paul Westerberg escuchaba los experimentos hendrixianos del Bitches Brew de Miles Davis. Con todo, la sensación final que te queda al terminar el documental es que, como dice muy gráficamente Jim McGuinn, un músico local, “los Replacements se dispararon en el pie ellos mismos”.

Bechard entrevista 145 personajes y gasta 250 horas de cinta. El momento más emocionante es el recuerdo del guitarra original del grupo, el genial Bob Stinson, que murió demasiado joven en 1995.

El documental y la noticia de su reunión a finales de 2012 para editar Songs of Slim (EP sacado en vinilo en tirada limitada de 250 copias para recaudar fondos que ayudaran a Slim Dunlap, el guitarrista de la banda que reemplazó a Bob) volvió a encender el fuego en el interior de sus muchos fans para que se produjera una vuelta a los escenarios que se hacía esperar desde su disolución en 1991.

Tal fuego prendió y dio como resultado un goteo de conciertos que comenzó en agosto de 2013 en Toronto para seguir en Denver y Chicago y que ha continuado durante este 2014, con próxima parada el 5 y el 12 de octubre en el Austin City Limits.

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La recepción para muchos de los aficionados españoles de la música de los Replacements se inició con aquel disco de 1987 para Sire producido por Jim Dickinson en Memphis en el que se veía en la portada un apretón de manos entre un ejecutivo de la compañía y un músico pálido, huesudo y con la camisa hecha jirones.

Aquel elepé, Pleased to meet me, cuya portada rendía honor en el contraste de verdes y azules a un disco de Elvis Presley, el G. I. Blues de 1960 y en el que participaban el mismísimo Alex Chilton y los Memphis Horns, no era ni el primero ni el mejor de la banda de Minneapolis, si nos atenemos a la lista de Rolling Stone de los mejores 500 discos de todos los tiempos.

En tal lista se encontraban los dos anteriores de los Replacements, Tim en el puesto 136 y Let it Be en el puesto 241. Si los comparamos con la carrera de los Beatles, estos serían el equivalente al Revolver y al Rubber Soul de los de Liverpool. Por su parte Pleased to meet me (que siguiendo el símil sería algo así como “el Abbey Road”) posee cuando menos dos de las canciones más estimulantes salidas del imprevisible y agazapado talento de Paul Westerberg: “Skyway” y “Can´t Hardly Wait”, justo las dos que cierran el disco.

Luego llegaría a los cines en 1992 la película Singles, una de esas BSO que salen en el tiempo y el lugar justo, incluyendo “Dislexic Heart” de Paul Westerberg junto a lo más granado del grunge: Soundgarden, Smashing Pumpkins, Mudhoney, Pearl Jam, Alice in Chains; y Paul Westerberg, inteligente, vio las orejas al lobo y supo apartarse de los flashes que son flor de un día para seguir a partir de entonces su propio camino.

En efecto, mucho se discute sobre si Paul Westerberg es o no un genio del rock o simplemente algo parecido a un genio. Canciones como “I Will Dare”, “Colour Me Impressed” de su álbum Hootenanny (1983) “Kiss Me on the Bus”, “Bastards of Young” o “Alex Chilton” así lo apuntan. Su trayectoria tanto con los Replacements como en solitario nos ha dejado hasta la fecha al menos una veintena de canciones imborrables, más de lo que soporta un concierto en directo. Solo escuchen esta oda a su padre, la arrebatadora “My Dad” extraida de su disco Folker, y juzguen por sí mismos.

Haciendo un ejercicio de ucronía me gustaría imaginármelo naciendo en otra época, en una década menos maldita que la que le tocó en suerte, la de mitad de los ochenta, lo que algunos como Álvaro Fierro han llamado la “generación perdida” del rock. No fueron los únicos los Replacements en dejar tras su estela legiones de admiradores en todo el mundo, ahí están Sonic Youth, Hüsker Dü o Dinosaur Jr.

Pero en el caso del irónico, eterno adolescente Paul Westerberg la pasión de los seguidores es más cerrada, y esto tal vez se deba a que su arte es impredecible y hay que estar alerta porque detrás de su carácter quebradizo, casi roto, detrás de esa aparente fragilidad que lo ha caracterizado a lo largo de toda su carrera, está escondido un haz de luz, un fogonazo más bien, que puede dejarte ciego en cuestión de segundos.

Padre de John Paul, su hijo nacido en 1998 de su relación con Laurie Linden, Paul Westerberg publicó en 1999 para Capitol su disco más brillante en cuanto a sonido, gracias a las manos del productor Don Was y con músicos de la talla de Benmont Tench a los teclados, el propio Don al bajo y Jim Keltner a la batería. Suicane Gratification escondía además una canción de esas emocionante con mayúsculas, casi un milagro, como es “Born for Me”, aquella que el bueno del novelista británico Nick Hornby tuvo a bien incluir en su curioso libro 31 songs.

Los Replacements comenzaron siendo un grupo de punk-rock, un auténtico grupo de garage bajo el influjo directo de los Ramones, Johnny Thunders, T. Rex, Motley Crue, Alex Chilton o los Rolling Stones. Su evolución posterior les llevó a un rock resquebrajado que salía airoso con giros impredecibles, remontando siempre como en una emocionante escalada al Tourmalet.

El estilo y la originalidad de los de Westerberg no era fácil de imitar, ya desde sus inicios en agosto de 1981 cuando se publica aquel primer elepé escacharrado, Sorry Ma, Forgot to Take Out the Trash, pero pronto se ganaron el favor unánime de críticos, aficionados y sobre todo músicos jóvenes y no tan jóvenes. Es famoso el espaldarazo que en su día les dio Tom Waits citándolos como una de sus contadas referencias. Cabe asimismo afirmar que gran parte de las bandas emergentes en los años del grunge, de Nirvana a Pearl Jam, todas mencionan a los Replacements como influencia.

Leo en un viejo Ruta 66 nº 60 de marzo de 1991 un texto de Ignacio Julià sobre los Replacements en el que defiende su etapa de madurez, cuando en 1989 publican Don´t Tell a Soul, con canciones como la sublime “Achin´ to be”, y otras que en efecto han perdurado, como “I´ll Be You”. En su conjunto, una admirable lección de talento y coherencia. Recuerda Julià que esa vena emocional puede rastrearse desde los primeros discos del grupo, así en “Unsatisfied” presente en Let It Be de 1984.

Los Replacements fueron descomponiéndose poco antes de entrar a grabar su último elepé, también reivindicado en el mismo artículo por Julià, quien nada podía sospechar de su inminente disolución posterior. Se trata de All Shook Up, de 1990, lugar de cierre y final de una banda única. Aquí ya casi podemos hablar de un proyecto personal de Paul Westerberg donde además de sus compañeros el batería original Chris Mars, el bajista Stinson y el guitarra Slim Dunlap cuenta con invitados de excepción, de Steve Berlin a John Cale, la voz de Johnette Napolitano del grupo Concrete Blonde, David Schramm, Terry Reid o Benmont Tench. Canciones como “Merry Go Round”, con la que se abre el disco, anunciaban ya que el talento creativo de Paul distaba mucho de haberse agotado.

La carrera en solitario de Paul Westerberg en la última a década ha sido errática y desigual, con discos memorables como el doble para Vagrant de 2002 con dos conceptos, la suya más personal en Stereo y la de su alter ego Grandpaboy con la que da rienda suelta a su gusto por el folk y el blues en Mono.

Edita en 2003 un disco de versiones con nueve temas de Jimmy Reed, Hank Williams o John Prine para Fat Possum, subsidiaria de Epitaph, al tiempo que en su nuevo sello Vagrant saca un nuevo disco de aires más folkies titulado Come Feel Me Tremble que supone una continuación de esas visiones sónicas  que Westerberg graba de madrugada durante años en el sótano de su casa. Es tiempo de febril creatividad y Paul edita un nuevo elepé, Folker, en 2004. Este será el último para Vagrant. Los siguientes artefactos los ha editado Westerberg por su cuenta.

Y así fue como contra todo pronóstico Westerberg y los suyos volvieron a reunirse para tocar en Toronto en agosto del año pasado. Lo que en principio iba a ser tres conciertos esporádicos de la banda, se fue ampliando, hasta el día de hoy. Anteayer tocaban en Nueva York y dentro de unas semanas lo harán en Austin, Texas.

Se les ve con ganas de agradar en estos conciertos a sus nuevos fans que son ya definitivamente de otra generación, la de los que se las ven y se las desean para compaginar el grabar el vídeo con la cámara del móvil y la tarea más tradicional de dar botes y disfrutar de la música. Y es que ya han pasado más de treinta años. Tempus fugit.

 

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