Gram Parsons, fugitivo del tiempo

Publicado por el mar 24, 2014

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Siempre me ha intrigado la influencia tan grande que Gram Parsons dejó detrás suyo. Muerto a los veintiséis años, ese chico triste y solitario, según cuenta su compañero en los Byrds Chris Hillman, tenía una clara tendencia a mirar hacia los periódicos de su vida pasada, más que a disfrutar de las noticias del día. Y esto es más que una metáfora. La autodestrucción se había instalado en su mansión sureña, la de un magnate de los cítricos que terminó suicidándose en vísperas de las navidades. Gram perdía a su padre y poco después a su madre, por una cirrosis provocada por el exceso de alcohol. Huérfano desde muy joven, encuentra escape a la maldición en la música, a la vez que se traslada a Harvard para estudiar teología. Solo dura en las clases un semestre, lo justo para tener contacto con lo que andaba haciendo Merle Haggard y encontrar su peculiar camino del bluegrass al country rock. Trasladado a Los Ángeles, edita su primer álbum, Safe at Home en el sello de Lee Hazlewood con la International Submarine Band, disco que no llegará a publicarse hasta 1968.

Reclutado para la reencarnación de los Byrds tras la salida de David Crosby, influye de manera decisiva en la grabación de The Sweetheart of The Rodeo (1968), un proyecto que Roger McGuinn había ideado como una breve historia de la música americana desde sus orígenes. Parsons les convence de ir a grabar a Nashville, y consigue dar cohesión a lo que pretendía ser un disco doble simplificando la idea y centrándola en el country, con canciones de Tim Hardin, Luke McDaniel, Merle Haggard, Bob Dylan, Woody Guthrie y William Bell.

Los Byrds deciden abrir paso ante la avalancha llamada Gram Parsons, que firma las dos únicas canciones originales del disco, compuesto casi por entero por arreglos y versiones de material ajeno. Y sorprende aún más por ser Gram un músico que por razones contractuales no podía aparecer en la nómina de miembros de los Byrds, sino solo como un músico contratado. Los líos entre las discográficas obligaron a retirar las voces ya grabadas de Gram Parsons excepto en “Hickory Wind” y en “One Hundred Years From Home”, que fueron reemplazadas por un Roger McGuinn que hizo lo que pudo por imitar el acento sureño de Parsons.

La aventura junto a los Byrds duró muy poco tiempo. Gram Parsons se niega a ir de gira a Sudáfrica y se traslada a París, donde su magnética influencia pasa a otras manos, esta vez a las de Keith Richards, con quien entabla una profunda amistad. Keith y Gram perdían la noción del tiempo y podían pasarse horas interpretando oscuras canciones country. La influencia de Gram es notoria en la etapa que va de Sticky Fingers Exile on Main St., aportando nuevos brebajes para las canciones de los Stones. Gram y Emmylou Harris aparecen en la formación de los Flying Burrito Bros. después de Santana y antes de los Jefferson Airplane en el cartel del trágico festival de Altamont.

De los Rolling Stones Gram Parsons hace suyas dos canciones. En 1970 junto a los Flying Burrito Bros. (Hillman, Clarke, Kleinow y Leon Russell al piano)  graba una magnífica versión de “Wild Horses”. De las mismas sesiones grabadas con Jim Dickson en la Sound Factory de Los Ángeles saldrá “Honky Tonk Women”, que verá la luz en el disco póstumo Sleepless Nights (1976) gracias al empeño de Emmilou Harris.

Cuatro  discos juntos, dos como Gram Parsons & The Fallen Angels, de los que saldrían hogueras crepitantes como “Love Hurts”. Y dos con los Flying Burrito Bros., una aceleración bluegrass del country rock como nunca antes se había visto. En palabras de Emmylou, “nos sentíamos fuera del tiempo, fugitivos del amor, la ley y el orden”.

Tras su muerte un 19 de septiembre de 1973, su cadáver fue robado y encontrado calcinado en el desierto de Joshua Tree, un lugar mágico que gustaba frecuentar. Se cuenta que fue el propio mánager, Phil Kaufman, quien se encargó de todo, cumpliendo una vieja promesa. Un extraño final para el creador de la ”música cósmica americana”.

La influencia de Gram Parsons se extendió hasta el punto de que, con él, comenzó a generarse un “orden nuevo” dentro del country rock, donde los renegados, los outsiders y los chicos malos comenzaron a tener cabida. El country pasó a ser música sofisticada, vehículo para sentimientos profundos donde se hacía posible incorporar una carga poética de altura. En “Hickory Wind” Gram Parsons vuelve a las páginas de su infancia, recuerdos de un viento del sur donde crecen altos árboles a los que escalar sin descanso. Pero más allá de los recuerdos está la búsqueda del tiempo perdido. Esta canción inmortal nos interpela para preguntarnos lo mismo.

 

 

 

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