Los perjúmenes de Carlos Mejía Godoy

Publicado por el Mar 17, 2014

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El nicaragüense Carlos Mejía Godoy (1943) pasó una larga temporada en España en los años setenta. En 1977 gana en Madrid el Festival de la OTI con la historia de “Quincho Barrilete” interpretada por Eduardo González Siero. Obtuvo entonces una tremenda popularidad en nuestro país. Sin embargo, el “boom” de la música latinoamericana de aquellos años, encendida la chispa tras la incorporación en El condor pasa de Simon & Garfunkel de la danza de Alemías Robles, que dio lugar a la divulgación en nuestro país de “la nueva canción” cubana, argentina, chilena, uruguaya, andina, colombiana, venezolana, brasileña, dejó sumida en el olvido la nueva canción nicaragüense. Los generadores del canon dejaron fuera del “boom” a Carlos Mejía Godoy.

Pero a Carlos Mejía Godoy se le escuchó a rabiar en España. Y se le bailó. Difícil encontrar alguien que no haya hecho un viaje por las crueles carreteras a dos carriles de la época escuchando las cintas de Mejía Godoy y los de Palacagüina, ya sea como paquete enfurruñado en el asiento de atrás, ya sea cantando con la ventanilla bajada y el codo asomando con una mano sobre el volante. Canciones como “Clodomiro”,  “Nicaragua Nicaragüita” “María de los guardias” o “Los Perjúmenes”.

Hace poco mi buen amigo Ramón Guzmán viajó de Washington a Nicaragua por motivos de trabajo. Allí pudo comprobar cómo Carlos Mejía Godoy es un héroe nacional que sigue a día de hoy en plena forma. Ramón me envía su experiencia escrita con tan buen tino y tanta gracia que no he podido resistirme a integrarla aquí para deleite de los lectores. No es un truco cervantino, el tal Ramón existe. Que lo disfruten:

“Va a cumplir setenta y tantos y se cuela en la memoria de cualquiera y nos arranca una sonrisa limpia. Carlos Mejía Godoy actúa jueves y viernes en la sede de su fundación-restaurante-ranchito a la fresca. Por 10 dólares más  consumiciones echas allí dos horas maravillosas, tomando nicacolas y cantando a gusto con los de Palacagüina. Está junto al antiguo Intercontinental, en el centro deslavazado de la Managua que asoló el terremoto del 72.  Aquella víspera de Nochebuena un policía sacó del hotel a Howard Hughes,  peludo y sucio. Donde termina Leonardo di Caprio se volvió tarumba y contaba guisantes y padecía alodinia y no se lavaba por meses; al cabo HH le envió 100 mil dólares al policía pero se los quedo Tachito Somoza, que valló el centro de la ciudad y nunca más se reconstruyó, quedan los mismos cuatro edificios que sobrevivieron. HH huyó, Roberto Clemente en cambio, pelotero boricua probablemente el mejor pelotero de la historia, armó enseguida colectas de ayuda. Pero la gente abandonó la ciudad al tercer día, insoportables el hedor y los saqueos y Tacho y la Guardia Nacional se robaban toda la ayuda. Enterado, Roberto se montó en un avión para cerciorarse, pero se estrelló en el mar con su arroz y sus medicinas: hoy tiene estadios y estatuas y calles y puentes a su nombre y es jolofeimer. Mejía Godoy ayudó lo que pudo. Somoza escribía su final.  De HH se acuerdan pocos.

Puro pinolero, siempre del pueblo, folk, en el mejor sentido, le cuelgan la etiqueta de músico social, reducción bastante injusta. Poeta, cómico, musicólogo, actor, compositor, CMG es el motor, el principio y el fin de la Nueva Canción Nicaragüense. Revolucionario a la fuerza, ¡quien no sería revolucionario en la Nicaragua de Tachito! A Tachito lo voló con un bazooka el Frente, en Asunción, lo había acogido Stroessner, otro. Dicen que los Somoza siguen teniendo riqueza en Nicaragua, ya no aquel banco con túneles, pero sí ganado en Chinandega: enfrente de la antigua Embajada USA está ahora el Barrio Dinamarca, sentado en una de las fallas que viene desde el Lago, ahí andan las fosas llenas de los muertos del seísmo. Nicaragua Nicaragüita, sin canal y tantos muertos.

La música de CMG no es solo social, CGM es músico que toca todos los ritmos de Centroamérica, músico de estampas, de personajes, de verbo rico y tropical, con optimismo e ironía que lo aleja de rencorosos y vendemuertes, poeta, filántropo. Sus temas, la injusticia, la pachanga (los Perjumenes), la pureza de la infancia (Quincho), la dignidad de la pobreza, lo revolucionario y alegre en cristo, la madre, la comida, la felicidad. Algo de Nicaragua tiene que llegar al espacio, de las Segovias, del Momotombo, de los lagos y las misas, de las madres que planchan y rezan por los niños del hambre, de lelos (Clodomiro) y curas que son héroes. Enviemos una canción de amor. O mejor, aprovecha tus vacaciones, visita Nicaragua y pasa por Managua, por la casa de los Mejía Godoy, los diez dólares mejor empleados.”

 

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