Las Grecas y Paco de Lucía

Publicado por el mar 3, 2014

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Las Grecas

Las versiones sobre por qué Paco de Lucía llamó a su rumbita “Entre dos aguas” son compatibles entre sí. Una hace mención a su carácter algecireño, entre el mar y el océano. Otra, el contagio dentro del flamenco de la fusión internacional que se estaba produciendo a principios de los setenta entre músicos de jazz, bossa, rock, latina, jamaicana, incluso india. Hay un alucinante programa de TVE en el que Paco de Lucía presenta a Ravi Shankar, preguntándole por el mito eterno de si los gitanos provienen de la India. El maestro del sítar le contesta que todo lo que ha oído de flamenco le recuerda no a toda, pero sí a una en particular de las muchas músicas de su país, las ragas llamadas ”paravi”. Y le recuerda a Paco de paso que su música es en un 95 por ciento improvisación. Y que él no es amigo de los Beatles -se le pone el gesto serio-, solo impartió clases un tiempo a su alumno y amigo George Harrison.

Se dice que “Entre dos aguas” fue fruto de una pequeña jam session al final de la grabación de Fuente y caudal. Se ha escrito estos días sobre la supuesta influencia del “Te estoy amando locamente” de Las Grecas. El disco de éstas, sostiene alguno, acababa de salir en el mismo 1973, por lo que apenas pudo tener tiempo Paco de verse influido por el trabajo de De Carlos y Felipe Campuzano junto a Las Grecas. Por su parte, otros dan por buena la influencia de las hermanas Muñoz sobre “Entre dos aguas”. Las similitudes entre ambas son importantes, aunque se trate de cosas distintas.

Sea como fuere, y volviendo al título, apunta también a un salto en la historia, el que devendría dos años después con el paso hacia la transición en España. Una tierra de nadie, “entre dos aguas”, que abría el futuro hacia una nueva época. Y, en fin, entre dos aguas no hay otra cosa sino “soledad tumultuosa”. Escribía Félix Grande en la contraportada del disco que tengo en las manos de Paco de Lucía en el Teatro Real (1975): “Hay en la música de Paco una soledad tumultuosa, una bravura radical, una impetuosa pena y una serenidad dramática”.

Pronto -esperemos- saldrá al mercado el último trabajo de Paco de Lucía, dedicado a las canciones de copla que escuchaba cuando era niño. La copla necesitaba, al decir de Paco, una dignificación como género. Aunque solo fuera por reconocer la fecundidad creativa del maestro Quintero y de sus grandes voces: Marifé de Triana, Juanita Reina o La Niña de Antequera. Canción andaluza volverá a poner en circulación un género cuya “profundidad real” se ha visto arrebatada por un cúmulo de razones que ahora no es momento de enumerar.

Reviso el elepé de debut de Las Grecas. Ni que decir tiene que no hay ningún lujo en la edición de CBS de 1974. CBS publicaba a mansalva y nada podía hacer prever que este disco acabara siendo pieza de coleccionismo. Unas notas en la contraportada del productor José Luis de Carlos intentando explicar qué es eso del gipsy rock: “fusión de elementos originalmente dispares en lo cultural, pero compatibles y curiosamente coincidentes en muchos aspectos”, “una mezcla expresiva del “swing” gitano y el “son” rockero”.  Unas pobres notas informativas sobre los músicos que intervienen, los títulos y poco más.

Escuchando hoy las diez canciones del disco Gipsy Rock de Las Grecas, uno se encuentra con una libertad creativa que deja la boca abierta. Porque más que rock  -presente en las guitarras eléctricas en las que se incluyen pedales de distorsión diríamos hendrixianos-, hay unas bases rítmicas que, si bien con base en los tangos del flamenco y la rumba, se van hacia terrenos propios del funk y del jazz soul con un desparpajo y una gracia que no se ha vuelto a ver ni aquí ni en ningún otro lugar. Canciones como “Achilipú” podría ser remezclada sin problemas por un ingeniero de sonido y aplicada la mezcla a la pista de baile en la actualidad. “Te estoy amando locamente” podría ser remezclada en base de batucada o de samba-reggae en manos de Olodum, por ejemplo. Y otras, como “Orgullo”, siguen sonando eminentemente frescas en el tocadiscos. El propio Camarón de la Isla incluía en su repertorio “Amma Immi”, la canción que abre la cara B de las Grecas, firmada -como casi todas las del disco- por Felipe Campuzano, un autor que más que un autor era una auténtica esponja. “Así, así” era una recreación galáctica de “El garrotín”, legendaria canción folklórica de aires aflamencados que cantara ya Antonio Mairena.

Aunque el centro de todo este asunto radique en la audacia de las Grecas al atreverse a cantar una de las más famosas coplas de toda la vida, “La Zarzamora” -de Quintero-León-Quiroga- y vestirla con plataforma para sacar brillo a la pista de baile (anticipándose al fenómeno de la música disco) en una fusión tan peculiar que no ha encontrado continuación. La copla -no así la rumba, asimilada por cientos de grupos con mayor o menor fortuna- sigue ahí, esperando a ser redescubierta.

Sea leyenda lo de las Grecas con respecto a Paco de Lucía o sea verdad, lo cierto es que Fuente y caudal colocó a Paco de Lucía en otra dimensión en el intervalo 1973-1975 sacando a la superficie sus sobrehumanas facultades y haciendo de él enseguida un intocable, dentro y fuera del flamenco, figura querida y respetada como pocos en España y más incluso fuera de ella. No olvidaré el día que pasé con dos chicos en Guatemala City los cuales, al decirles que era español, no pararon de hablarme grandezas del concierto que Paco de Lucía había dado en su país. Me dio por pensar que si había llegado allí, donde apenas llega nadie, lejos de todo circuito de música, a aquel país tan pobre y tan castigado, es que Paco había estado tocando con su guitarra en todas partes del mundo.

La trayectoria de Las Grecas sucumbió entre estafas de los mánager y los problemas de salud  de Tina, aunque sus cuatro discos (1974-1977) son admirables. Pequeños tesoros que incorporaban desde temas de los Brincos (“Nadie te quiere ya”) a rumbas incendiarias como “Dame veneno” de los Chunguitos en una carrera tan singular que no es comparable a nada. Y qué guapas lucían Tina y Carmela con la camisa entrelazada a la cintura.

 

 

 

 

 

 

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