Las diez mejores canciones de los Oscar : se cumplen ochenta años (1934-2014)

Publicado por el Feb 20, 2014

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El próximo 2 de marzo se cumplirán sobre el escenario del Dolby Theatre de Hollywood en la gala de los Oscar de 2014 ochenta años desde que se entregaron por primera vez los premios a la mejor banda sonora y la mejor canción. En aquella primera edición con estatuillas para las canciones las nominadas solo fueron tres.

 Como en Uno de los nuestros, vemos pasar las décadas y, con ellas, las transformaciones de una sociedad y un mundo que se deja retratar por la banda sonora de cada tiempo y lugar. En los Oscar se puede ver, como en una máquina del tiempo, el reflejo de lo que fuimos o, más bien, de lo que imaginamos llegar a ser. En lo relativo a las canciones, hay donde elegir, la cosa está reñida. Aunque no es tan difícil acertar, porque hay al menos diez sencillamente apabullantes, como saltos de Johan Cruyff evitando la segada del defensa.

En la década de los treinta la pelea está lista para el toque de campana desde el principio, con nombres tan poderosos que dejan nuestro presente retratado como un tiempo liliputiense. Irvin Berlin, Cole Porter, George Gershwin… Uf. Eso sí son nominaciones. En 1934 gana el Oscar a la mejor canción “The Continental”, con música de Con Conrad y letra de Herb Magidson. El jazz en los tiempos en los que se sabía cómo pasarlo bien. “Bonita música, peligroso ritmo”. Fred Astaire y Ginger Rogers.

El número de nominados estaba en un principio abierto, así hay años con tres, cinco, ocho nominaciones, hasta que el número se dispara en 1945 hasta llegar a trece (el final de la II Guerra Mundial requería mucha música). Aquello fue un desbarajuste por lo que se buscó un formato estándar de cinco canciones nominadas que ha perdurado desde 1946 hasta hoy en día. En 1956 Doris Day canta “Whatever will be will be (Qué será será)” en El hombre que sabía demasiado, con música y letra de Jay Livingston y Ray Evans.

Y llegan los años 60 que serán los de la hegemonía de Henry Mancini y la pareja Bacharach/David. De Mancini es la inoxidable “Moon River” (1961), cantada en Desayuno con diamantes por una Audrey Hepburn tan moderna hoy como entonces (aunque las malas lenguas digan que no es ella la que canta).

Termina la prodigiosa década de los sesenta con un trallazo de Bacharach/David para la película Butch Cassidy & The Sundance Kid. B. J. Thomas canta “Raindrops Keep Fallin´ On My Head”. Imposible no ponerse a silbar. Gran manejo de Paul Newman con la máquina.

En 1973 la estatuilla cayó en manos de una magnética Barbara Streisand interpretando una de Marvin Hamslich con letra de los Bergman (Alan y Marilyn), una pareja que, junto a James Van Heusen, los mencionados Livingston/Evans, los Sherman (Richard y Robert) y algún otro parecían alojarse en la gala de los Oscar como un decorado más de cartón piedra: pocos nombres se repiten tanto en las nominaciones como los suyos. En esta ocasión, con “The Way We Were” se llevaron el gato al agua para la película Tal como éramos.

Y llegó 1980, cambio de década y momento álgido en la gala de los Oscar, con grandes canciones peleando a dentelladas por el primer premio. Dolly Parton bien podría haber ganado con “Nine to Five”, una composición propia para la comedia de rollo oficina del mismo título. Al final se lo llevó Michael Gore y Dean Pitchford por la canción estrella de la academia de baile de Leroy Johnson y compañía. Canta una encantadora Irene Cara parando el tráfico en las calles con cara de no haber roto un plato: “Fame”. Cuidado con la lámpara.

En 1982 Joe Cocker y Jennifer Warnes -famosa por grabar un disco fetiche para los amantes del hi-fi de versiones de Leonard Cohen- se llevan el Oscar interpretando una de Jack Nitzsche y Buffy Sainte-Marie, grandes nombres salidos de otra época pero aún con capacidad para sorprender, como en “Up Where We Belong”, donde consiguen hacer de un pastelón una de las buenas. La película, Oficial y Caballero.

1985 se viste de color púrpura y aunque el Oscar no recae sobre esta canción con aires de blues rural, llega al menos esta rareza ante los ojos de rostro pálido de Hollywood. Es el año de Lionel Richie, un negro disfrazado de blanco, que encandila con “Say You, Say Me”, que gana el Oscar. De Lionel Richie es la letra de esta otra, escrita por otro de los pocos negros aceptados en la Academia, el capo Quincy Jones. “Miss Celie´s Blues (Sister)” quedó solamente como nominada.

Y, en fin, llega 1987 con un desconocido Franke Previte que pone la casa manga por hombro con “(I´ve) The Time of my Life”, romanticismo aplicado a la pista de baile. Dirty Dancing provoca una peligrosa procreación de las academias de baile en todo el mundo. 

El siglo XX se despedía con algún ligero cambio de tendencia. Los ecos de Seattle llegan hasta la Academia de Hollywood y así pudimos ver perplejos en 1997 cómo aunque la dorada estatuilla recaía en manos de James Horner por “My Heart Will Go On” cantada por Celine Dion en Titanic, entre los nominados se cuela un cantautor rock de nombre Elliot Smith por su canción “Miss Misery”. Elliot contaba entonces 28 años, y a diferencia de otros nominados como Sting, Elvis Costello o U2, la suya era una carrera discreta y naciente. La canción fue incorporada a la película El indomable Will Hunting de Gus Van Sant. El de Portland llegó a cantar en la gala de los Oscar de aquel año. Pero no ganó. Su muerte aún no aclarada se produjo en 2003.

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