Un bolígrafo puede salvar una vida

Un bolígrafo puede salvar una vida

Publicado por el Jan 31, 2018

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[Alejandro-Ruiz Huerta, presidente de la Fundación Abogados de Atocha, cierra el acto de homenaje a sus compañeros asesinados hace 41 años: “Hay que decir sus nombres, como decía Miguel Sarabia, ‘despaciosamente’, porque diciéndolos cobra sentido la Historia y se pone en armonía el Universo”].

 

 

Sin la memoria, no somos nada. Sin la memoria de cómo hemos llegado aquí, estaríamos perdidos. O como rezan los versos de Paul Éluard en el recordatorio del cuadragésimo primer aniversario de la matanza de Atocha, “si el eco de su voz se debilita, pereceremos”.

 

Recordar es una forma de hacer justicia, un paliativo. Por eso, tratemos de evocar aquella noche fría del 24 de enero de 1977 no muy lejos de aquí. En aquel asesinato perpetrado por pistoleros fascistas perdieron la vida Enrique Valdelvira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz, Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco, Serafín Holgado y Ángel Rodríguez Leal. En el atentado resultaron heridos de gravedad los ya desaparecidos Miguel Sarabia Gil, Luis Ramos Pardo y Dolores González Ruiz.

 

Dolores, abogada laboralista y vecinal, sindicalista y presidenta de honor de la Fundación Abogados de Atocha de Comisiones Obreras, murió el 27 de enero de 2015, a los 68 años de edad. En el obituario que le dedicaron en El País mi amigo Rafael Fraguas y Francisco Javier Barroso, se leía: “Cuando en enero de 1969, bajo el franquismo, estaba a punto de casarse con su compañero Enrique Ruano, estudiante de Derecho como ella y con ella también miembro del Frente Obrero del clandestino Frente de Liberación Popular, él murió asesinado, precipitado por una escalera, durante la inspección policial, a la que fue conducido por la fuerza, de un piso de la calle Príncipe de Vergara donde se alojaban unos amigos de ambos”. Años después, Dolores, Lola para todos sus amigos, sigue la necrológica, “logró rehacer su vida sentimental y emprendió una relación con el abogado Javier Sauquillo, con el que se casaría en 1973. Juntos compartieron un despacho laboralista en la calle del General Oráa, hasta que la dirección del Partido Comunista de España, a la que se habían integrado los dos, decidió unificar en un gran despacho, en la calle del Españoleto, numerosos otros bufetes de letrados comunistas y sindicalistas dedicados a la defensa de los trabajadores y de las organizaciones vecinales y ciudadanas, especialidad ésta que tanto Dolores como Javier adoptaron tras su etapa inicial propiamente laboralista como letrados de Comisiones Obreras. Precisamente en una reunión de la célula de abogados de barrios celebrada el 24 de enero de 1977 en el bufete de letrados de Comisiones Obreras ubicado en la calle de Atocha, 55, irrumpió violentamente un comando armado de ultraderechistas”.

 

Fue el segundo gran mazazo de su vida: primero le mataron a Ruano, luego le mataron a Sauquillo. Pero además, en el atentado, Lola González Ruiz recibió impactos de bala en el maxilar, con lesiones que le dejaron daños permanentes y por las que necesitó intervenciones quirúrgicas consecutivas. Llevó con admirable entereza, y fases de melancolía, los dramas que sufrió en carne propia, en propio corazón.

 

Por eso hay que recordar. Siempre.

 

De aquellos abogados que lucharon por traer la democracia a este país solo queda Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, actual presidente de la Fundación Abogados de Atocha de Comisiones Obreras, que también sufrió heridas en aquel episodio que estuvo a punto de hacer descarrilar la Transición. Alejandro consiguió salvar la vida gracias a un bolígrafo Inoxcrom que llevaba en el bolsillo de la camisa, que le había regalado esa misma tarde Ángel Rodríguez Leal, y que consiguió desviar una bala que podría haber sido mortal, y a que el cuerpo de su amigo Enrique Valdevira le cayó encima, protegiéndole de los disparos. Los bolígrafos sirven para contar la verdad, pero a veces, insospechadamente, pueden actuar de detente bala.

 

Celebro conocerle por fin esta otra mañana de enero, más luminosa, más esperanzada.

 

Como celebro que hace cuatro días se cumpliera el primer centenario del nacimiento de una de las figuras más ejemplares del sindicalismo español del siglo XX, Marcelino Camacho, que además recibió este mismo reconocimiento junto a Nicolás Redondo en el año 2011, y a quien también me gustaría recordar esta mañana.

 

En nombre de Reporteros Sin Fronteras, y sobre todo de todos los periodistas que se enfrentan a los poderes (de los Estados, de los partidos, de las empresas, de los grupos violentos) para intentar contar la verdad, para ponerse en el lugar del otro, para prestar atención al dolor de los demás, agradezco este premio que la organización que presido desde hace muy poco tiempo recibe de manos de la Fundación Abogados de Atocha. Mi predecesora al frente de Reporteros Sin Fronteras, Malén Aznárez, que nos dejó el verano pasado, se hubiera emocionado sobremanera por un premio de esta naturaleza, tan entreverado con la historia de la segunda mitad del siglo XX español. Me gustaría por esto, también, recordarla esta mañana de enero con especial cariño.

 

Hace unos días se estrenó una película que me gustaría recomendarles: “Los archivos del Pentágono”. Creo que es de lo mejor que ha filmado Steven Spielberg. Los diarios The New York Times y The Washington Post se enfrentaron a la Casa Blanca de Richard Nixon por haber mentido al pueblo estadounidense y a todo el mundo respecto a la guerra de Vietnam. Por seis votos contra tres, el Tribunal Supremo les dio la razón: era más importante para preservar la democracia revelar los trapos sucios del poder que preservar el secreto de aquellos embarazosos “papeles del Pentágono”. Esta película es un recordatorio para los que seguimos creyendo en el periodismo, un espaldarazo a los que luchan, a los que no se resignan, a los que vencen al miedo con la verdad. Como ya se había proclamado en Virginia el 12 de junio de 1776, “la libertad de prensa es uno de los grandes baluartes de la libertad y nunca puede ser restringida por gobiernos despóticos”.

 

Esperamos estar a la altura de este premio, y seguir luchando por la libertad de prensa en España y en cualquier lugar del mundo. Porque sin una prensa libre y crítica, la democracia zozobra, la libertad está bajo arresto. Recordemos a los justos, a los que nos precedieron. Muchas gracias,

 

 

[Palabras de agradecimiento pronunciadas el pasado 24 de enero en el auditorio Marcelino Camacho de Madrid]

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