Un verano por hacer

Publicado por el jul 29, 2016

Compartir

 

Nubes

 

 

La hora llega, inexorable. Tanto la dulce como la indeseada.

 

En un artículo de Enrique Vila-Matas que arranqué del periódico, pero sin anotar la fecha, titulado Pensar sin represión (una pista segura para hallarlo en la hemeroteca de El País), hablaba de otro que Ludwig Börne publicó en 1823, en el que se decía: «Quien atiende a su voz interior en vez de al vocerío siempre será original. Pero no hay que censurarse, hay que escribir». La tentación de hacerle caso es muy fuerte esta tarde de julio a punto de desnucarse.

 

He hecho acopio de libros para decir adiós a una temporada. Una antología para este verano. Sí, bien podría ser.

 

El poema se titula ‘sobrevivencia’ y pertenece al libro Piedra en :U:, y empieza así

 

 

«ahora

se escuchan

de nuevo

los pájaros

confirmando

que sobreviven

al duro invierno

CANTAN

AHORA

LOS PÁJAROS

PARA LOS CIELOS

y para nosotros»

 

María Auxiliadora Álvarez nació en Caracas en 1956 y vive en Estados Unidos desde 1996. ¿Cantan para nosotros? Si los oímos, tal vez. Si los escuchamos, sin duda. Mirad al cielo, mañana, a primera hora, al abandonar el ruido que hacemos al morir. (He intentado ser fiel a María Auxiliadora y separar los versos (una línea de blanco entre «los pájaros» y «confirmando», y entre «al duro invierno» y «CANTAN»), pero el ordenador no hace lo que quiero que haga).

 

¿Cómo cierra su libro Orquesta de desaparecidos Francisco Javier Irazoki, que nació en Lesaka en 1954 y que desde 1993 vive en París? Con una página que lleva la palabra ‘Testamento’ en el dintel, y reza:

 

«Me gustaría que sobre mi muerte se plantase el árbol de la discreción».

 

Son días y noches tórridos, masculinos, los que vamos arrastrando en Madrid como si fuéramos culpables de algo, como de que no lloviera, como de que no mereciéramos alivio. Por eso tenemos tanta suerte los que podemos irnos a otro sitio y luego volver, cuando haya refrescado. Tenemos mucha suerte de poder hacerlo.

 

Hace unas cuantas semanas que Luis Prados, mi compañero de tantas pasiones y fatigas en ABC, me trajo una fotocopia de una Tercera que escribió Mercedes Monmany. Con uno de esos rotuladores amarillos que sirven para iluminar frases y ayudan a los estudiantes a preparar los exámenes, Luis había subrayado una frase en el último párrafo del artículo. Pertenecía a un texto que Joseph Roth publicó en 1925 y que se titulaba La irrupción de los periodistas en la posteridad, y decía:

 

«La verdadera actualidad no se limita a veinticuatro horas, concierne a la época, no al día».

 

¿Y si nos lo aplicáramos, pero ya mismo, nosotros, a lo que hacemos aquí, cada día, tratando de contar, y de entender, el mundo?

 

En El musgo del bosque, Antón Castro, que nació en La Coruña en 1959 y vive en Zaragoza desde hace años, se lee bajo el epígrafe ‘Antes del alba’:

 

«No sé si me lo dijo ella o lo dicen los poetas:

el amor, el auténtico amor, empieza en los nombres».

 

Dos páginas más tarde termina (las palabras, no queda claro, fueron escritas por Nuria, Furia o Turia) así:

 

«Encima del escritorio había dejado una nota:

‘Furia color de amor. Amor color de olvido’.

Luis Cernuda. Las mejores noches, y esta ha sido

loca y bella, siempre se terminan antes del alba».

 

Al principio, por tontos prejuicios, no solía leer el «semanario católico de información» Alfa y Omega. Ahora no dejo de hacerlo nunca. El pasado 14 de julio mostraba a una mujer con un pañuelo en la cabeza sentada al atardecer en una playa pedregosa mirando al mar y con lo que parece un salvavidas en el regazo. Sobre el horizonte, aprovechando el aire de la foto, un titular: «Réquiem por los ahogados». El texto, al pie, empieza así:

 

«Solo en Sicilia hay 56 cementerios con cientos de tumbas de migrantes anónimos ahogados en el Mediterráneo. Europa cierra a los refugiados sus fronteras y les obliga a emprender travesías cada vez más peligrosas, con el resultado de que, desde 2014, más de 10.000 personas han perdido la vida en el mar tratando de llegar a Europa. Una fundación perteneciente a la Conferencia Episcopal Italiana ha puesto en marcha un programa en colaboración con el Gobierno de Mateo Renzi para devolver los cuerpos de los fallecidos a sus familiares».

 

El  poema se titula ‘Cielo vertical’. Lo escribió Felipe García Quintero, que nació en un lugar de Colombia llamado Bolívar en 1973. El poema está dentro de un libro que se titula Cavado (hasta el silencio):

 

«El viento sucede.

 

La llama, en su silencio, estalla.

 

De azul a rojo, el mar ocurre.

 

La tierra espera, siempre erguida.

 

La realidad deshecha en sus murallas.

 

Suceder de los elementos con la fuga de la voz».

 

Los últimos versos del poema ‘Yo también explico algunas cosas’ que incluyó el poeta José Luis Vega (Santurce, Puerto Rico, 1948) en su libro Música de fondo rezan:

 

«¿Quién habita su casa de neveras vacías,

los sótanos de humo donde alegre pecó?

¿Por qué no habla del cielo de su país natal?

¿Por qué tantas palabras sobre la oscuridad?

Os voy a contestar…».

 

¿Y vosotros? ¿Tenéis una respuesta?

 

 

Compartir

ABC.es

Lluvia racheada © DIARIO ABC, S.L. 2016

Este blog está dedicado a la meteorología cultural y política, el teatro de nuestro tiempo, el periodismo y las sombras corredizas.Más sobre «Lluvia racheada»

Calendario
julio 2016
L M X J V S D
« jun   nov »
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031