De una crónica que se quedó colgada de una mesa de billar en San Salvador

De una crónica que se quedó colgada de una mesa de billar en San Salvador

Publicado por el ene 15, 2016

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«Varias malezas:

efetá

de harapos:

—¿Cuál la motivación de la conciencia?

—¿Por qué me lo preguntas, Jeová?

—¿Prohibido preguntártelo?».

David Rosenmann-Taub (Santiago de Chile, 1927), Oó,o 

 

 

El Salvador 1

 

Hay relatos que se quedan en el alféizar, en la boca, en la lengua perezosa. Historias que se quedan en un archivo que dice deseo, que dice pendiente, que dice quizás, que dice algún día, que dice El Faro, que dice mis amigos salvadoreños, que dice cómo carajo se enseña a escribir crónica, que dice (con Leila, que también andaba por allí, con Jon Lee) ¿pero existe el periodismo cultural?, que dice mayo San Salvador 2015, que dice érase una vez en América, que dice posts Lluvia racheada, que dice ojalá.

 

Era la última mañana del último día, y no había previsto hacer nada al respecto, ni siquiera había contactado con el diario, pero me dio un arrebato de mala conciencia. ¿Cómo no llamar ya que ibas a estar allí en tu penúltimo día en San Salvador, el día en que iban a beatificar por fin a Monseñor Romero? No quedaba más remedio que ponerse manos a la obra. Llamaste y escribiste la crónica, claro. Pero no quisiste estar todo el tiempo junto al gigantesco altar de rock que levantaron para el evento en la plaza de San Salvador del Mundo. ¿Ya no hay manera de hacer nada en la sociedad del espectáculo que no se convierta en sociedad del espectáculo? Por eso me fui caminando hasta la catedral que ya había visitado la víspera. Allí vi rezar con un fervor inusitado, parecido al que experimenté en algunas misas africanas, y también en Irlanda. Mucho menos en España, donde parece que en general se reza con menos fe, o con más escepticismo. Como si se hubieran vuelto todos unos descreídos, influidos por lecturas de Miguel de Unamuno (ojalá), o porque resulta muy cansado creer, y actuar en consecuencia (¿quién se atreve a ser tan consecuente como Simone Weil?). Sí. Me fui a la catedral e hice mis fotos. Me fui a la cripta e hice mis averiguaciones, de nuevo la mañana de la ceremonia, de la gran misa rockera en la que hicieron beato al santo político, y antes de irme al hotel a escribir hice una última parada en unos billares que ya habían atraído mi atención en una visita al centro histórico de San Salvador, que tus amigos del país te instan a que no se te ocurra visitarlo solo en cuando el sol se pone. La Dalia. Allí estaban, los jugadores de billar, ajenos a la beatificación, ajenos a la política del Papa. Impasibles jugando su partida. Tiré mis fotos sin pedir permiso y sin esperar a comprobar si habían salido favorecidos, si se gustaban, y tomé las de Villadiego: Hotel Villa Serena, en el barrio de San Benito, donde estuve alojado durante mi semana salvadoreña.

 

El Salvador 3

 

Mientras preparaba el taller de periodismo cultural Entender (y explicar) el mundo [¡cuán estupendos pueden llegar a ponerse los maestros cuando les llaman maestros!], parte mínima del Foro centroamericano de periodismo, organizado por mis admirables amigos de El Faro, hice un recuento de temas en los que tal vez podrían trabajar los alumnos:

 

—Obituario del dramaturgo y director de escena Filander Funes, muerto al empujar su auto averiado.

—Grupo de Guatemala que presenta estos días la obra Marejada, sobre el mundo gay. En La Casa Tomada (uno de los grandes descubrimientos de los días de San Salvador).

—Teatro Poma. Sede de la fundación del mismo nombre. Representan la obra Los más solos, inspirada en un texto de Carlos Martínez, un reportaje sobre un psiquiátrico-cárcel publicado en El Faro. Dirigido por Luis Felpeto. [La pude ver el último día, a teatro lleno. Desde entonces Carlos Martínez no ha dejado de preguntarme qué me pareció. Lo hizo esa noche. Lo hizo por otras vías. Prometí publicar las notas de mi Diario de teatro/Diario dramático. Pero no lo hice. La obra me conmovió profundamente. La historia es formidable, carne de reportaje, carne de teatro (justo lo que llevamos intentando hacer con Federico Volpini en fronterad desde hace años: que alumnos de entre 12 y 16 años conviertan crónicas en piezas de teatro o en cómic: una forma de animarles a leer lo que no suelen leer, o lo que jamás leerían). Pero me pareció que la función fallaba en el trabajo de los actores, en el exceso de énfasis. Y aunque me gustaron los somieres, que hacían las veces de somieres y de cárceles, de alambradas y de celdas, se perdía el calambre, el espanto, la fibra neta de la historia en una pieza de teatro documento que se dejaba llevar por la rabia de la propia obra. Pero la reacción del público fue entusiasta, y celebró el trabajo de las intérpretes, la puesta en escena, el coraje de llevar a un teatro de San Salvador la materia prima de una realidad que muy pocos quieren ver].

—Perfil del fundador de la fundación.

—La Casa Tomada.

—Nayib Bukele, nuevo alcalde de San Salvador. Millonario de izquierdas, de origen palestino, expublicista.

—Liturgia de una canonización. Cómo la Iglesia y la derecha salvadoreña han cambiado la historia de Monseñor Romero a su gusto.

 

El Salvador 2

 

En el New York Times que compré cuando hice escala en Estados Unidos (tuve una suerte macanuda: escala a la ida en domingo, escala a la vuelta en domingo: el mejor día para hacerse con el Times) Margaret Sullivan, la public editor, es decir, la defensora de los lectores del diario, se refería a la reseña de My Struggle (Mi lucha), del novelista noruego Karl Ove Knausgaard, publicada en el suplemento de libros del añorado diario (lo tenía todos los días tempranísimo en el felpudo de mi casa cuando tuve la suerte de ser corresponsal de ABC en Nueva York). Sullivan se pregunta si había en el escritor a quien se encargó la crítica, Jeffrey Eugenides, un conflicto de intereses. Eugenides había comido con el noruego una vez, y la cita no había sido precisamente cordial. El propio Eugenides había escrito sobre ese almuerzo en un artículo en el Times Magazine unas semanas antes de ponerse manos a la obra para el suplemento de libros. Para reseñistas, ¿cómo de cerca es demasiado cerca?, se pregunta la defensora del lector de la Dama Gris.

 

En la misma página de opinión del diario, Vanessa Barbara, columnista del diario brasileño O Estado de São Paulo, ironiza sobre su condición de sospechosa cada vez que viaja: «A veces me pongo tan nerviosa ante el control de pasaportes que empiezo a parecerme sospechosa a mí misma».

 

Una de las alumnas más entusiastas del curso me regaló un monográfico de la revista Trasmallo (subtitulada «identidad, memoria, cultura») dedicado al poeta, periodista, ensayista y novelista salvadoreño Roque Dalton. Encarcelado varias veces por sus ideas políticas, pasó buena parte de su breve vida (1935-1975) en el exilio: Guatemala, México, Checoslovaquia, Cuba… En la revista se cuenta: «A finales de 1973 regresó a El Salvador bajo el seudónimo de Julio Dreyfus Marín, para integrarse en el Ejército Revolucionario del Pueblo, posteriormente se produjeron diferencias políticas con la dirigencia, la cual ordena su asesinato el 10 de mayo de 1975». En un poema incluido en el número y titulado «El Salvador será», del libro Poemas clandestinos, se lee al final:

 

«Habrá que darle un poco de machete

lija torno aguarrás penicilina

baños de asiento besos pólvora».

 

¿Cuánto de machete? ¿Cuanto de lija? ¿Cuánto de torno? ¿Cuánto de aguarrás? ¿Cuánto de penicilina? ¿Cuánto de baños de asiento? ¿Cuántos besos? ¿Cuánta pólvora? Ahora pienso si este poema inspiró el libro de Xosé Luis Méndez Ferrín Con pólvora e magnolias.

 

Paseando por el casco viejo de San Salvador, ante la iglesia más hermosa de la ciudad, la del Rosario, vi a un indigente durmiendo a pierna suelta ante cuatro figuras señeras de la conquista, si no recuerdo mal, desde Fray Bartolomé de Las Casas al propio Cristóbal Colón. Era una de esas estampas que le estropean la campaña de turismo a cualquier ayuntamiento. Por eso me la guardé hasta este viernes de enero, tantos meses después de aquel inolvidable viaje a San Salvador que se quedó colgado de una mesa de billar, y que termino con una confesión. Del hotel Villa Serena me llevé algo. Un folleto fotocopiado y encuadernado que incluía al final una joya para periodistas. Nada más y nada menos que seis páginas de salvadoreñismos. Anoto uno por página:

 

Ashisha: orina. Asco o protesta.

Chiflón (cambio semántico): fuerte corriente de aire.

Haranaga (cambio semántico): silla de descanso.

Moronga (posible nahuatismo): morcilla. (Cambio semántico): pene.

Plenguen (onomatopeya): golpe, caída.

Ujule (exclamación): ¡Qué barbaridad!

 

 

El Salvador 4

 

 

«Cicatriz… Simulacros…

Escorbuto…

—¡Paseándote con Claudio!

—Porfavorcito, Claudio: ¿arcángel bruto?».

David Rosenmann-Taub, Oó,o 

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Este blog está dedicado a la meteorología cultural y política, el teatro de nuestro tiempo, el periodismo y las sombras corredizas.Más sobre «Lluvia racheada»

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