Para reanudar un blog latente no hace falta invocar al perezoso dios de la lluvia

Publicado por el sep 7, 2015

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carretera

 

 

Septiembre es un mes de falsas promesas. No se corresponde con los recuerdos de la infancia. Entonces empezaba a llover aquí, del mismo modo que empezaba la liga y había que volver al colegio. Ahora ya no es así. El verano se prolonga a destiempo, la lluvia no comparece pese a la necesidad, la liga se apropia de agosto como si tuviera urgencia de adormecer, y no hay la menor opción ni de recuperar el tiempo perdido ni de aprender lo que no aprendimos en su día. El cerebro, como la conciencia, se ha endurecido.

Serena ciencia, de Jorge de Sena, traducido por Martín López-Vega para Pre-Textos, era uno de los libros que esperaban al menos ser abiertos al azar. Lo hago ahora, que en el calendario dice septiembre, aunque no en la climatología, ni en los vidrios sucios, en el deseo, en las dificultades para que la función clorofílica haga su milagro en los carcomidos cielos de China:

 

FELICIDAD

La felicidad se sentaba cada día en el alféizar de la ventana.

 

Tenía rasgos de niño inconsolable.

Un niño impúber

sin amor todavía para nadie,

al que le gustaba demorar las manos

o rozar lentamente con el cabello los rostros humanos.

 

Y, como niño que era,

encontraba un gran misterio en su propio nombre.

 

Vale la pena tratar de poner la oreja en el suelo, como un sioux extemporáneo, para escuchar los dos últimos versos en su lengua materna:

 

E, como menino que era,

achava um grande mistério no seu próprio nome.

 

¿Qué podemos esperar? O, en palabras de un amigo al que recurro cuando estoy casi completamente perdido: ¿A qué estamos dispuestos a renunciar? En su artículo de hoy, en el que habla de su padre, un refugiado, escribe Guy Sorman en el diario en el que trabajo, que es este, que también sirve para atravesar las semanas de septiembre antes de que la lluvia se pronuncie: «hasta hoy Jordania, Líbano, Turquía, han acogido tres millones de “refugiados” y Europa… 300.000. Por eso me avergüenzo de Europa, de su egoísmo, de su miopía histórica y de su arrogancia de pequeño burgués satisfecho». Y la revista The Economist, como es un verdadero periódico liberal, hace hincapié en los beneficios que reportan los inmigrantes, los refugiados, en la sangre nueva para un continente envejecido, antes que en los miedos.

¿Qué nos deparará septiembre? «La felicidad se sentaba cada día en el alféizar de la ventana». Ábrela.

 

 

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Lluvia racheada © DIARIO ABC, S.L. 2015

Este blog está dedicado a la meteorología cultural y política, el teatro de nuestro tiempo, el periodismo y las sombras corredizas.Más sobre «Lluvia racheada»

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