La libertad de expresión tiene nombres y apellidos y empieza por los ojos que leen aquí y pueden dormir en una cama caliente: Avaz Zeynalli

Publicado por el may 3, 2014

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“La muerte es para los que mueren”. Parece una tautología, pero no lo es. Después de algún tiempo he retomado la lectura de Grande Sertão: Veredas, del gran escritor brasileño João Guimarães Rosa, de donde entresaco esta frase para esta tarde de mayo en Madrid en que enarbolamos una bandera que no es la de ningún país, sino que es la de la palabra que merece ser dicha contra viento y marea, en medio de la oscuridad, como un faro, y a plena luz. Ese derecho que en países como Azerbaiyán, antigua república soviética bendecida por el oro negro, que los jugadores del Atlético de Madrid exhiben inocentes en sus camisetas, es un espejismo. Allí reina un dictador llamado Ilham Aliyev, que “presume de un escaparate de bondades y progreso, de crecimiento económico y elecciones cuatrienales”, como relataban en fronterad las periodistas Marta Arias y Bárbara Ayuso, que acaban de publicar un ebook sobre el país que no tiene desperdicio: Viaje al negro resplandor de Azerbaiyán.

 

Redactor jefe del periódico independiente (es decir, opositor) Khural, Avaz Zeynalli fue detenido el 28 de octubre de 2011 y condenado a nueve años de cárcelo por “extorsión, corrupción a gran escala y evasión de impuestos”. Las acusaciones fueron esgrimidas por Gular Akhmedova, una diputada del partido gubernamental días después de que se atreviera a publicar un artículo muy crítico con el presidente Aliev. Según se lee en la página de Reporteros sin Fronteras España, Akhmedova acusó a Zeynalli de “haberla amenazado con publicar información comprometida sobre ella si no recibía dinero a cambio. Sin embargo, la única prueba al respecto es una grabación de una llamada telefónica en la que la supuesta voz de Zeynalli es completamente irreconocible”. En mayo de 2012, tras una investigación sobre las cuentas del periódico Khural, Zeynally era acusado de “corrupción a gran escala y evasión de impuestos”.

 

Las maniobras del régimen no se ciñeron a la figura de Avaz Zeynally, sino que redoblaron la presión sobre el periódico Khural. Una semana antes de la detención de su redactor jefe, “el periódico se vio obligado a dejar de operar cuando funcionarios del gobierno entraron en la sede para llevarse los equipos informáticos y el mobiliario de la oficina. El argumento esgrimido por las autoridades de Bakú era que “Zeynalli no había pagado una multa total de 19.000 AZN (17.460 euros) en concepto de daños y perjuicios en relación a diferentes demandas por difamación interpuestas por tres personalidades importantes. De esta manera, Zeynalli también fue acusado de incumplimiento de una orden judicial. En realidad, la serie de procedimientos judiciales abiertos contra Zeynally son el resultado directo de un artículo que escribió el 17 de octubre de 2011 en el que criticaba al presidente Ilham Aliev. Después de la incautación de los equipos del periódico Zeynalli continuó publicando artículos críticos con el gobierno en internet”.

 

El 12 de marzo del año pasado, el Tribunal de Delitos Graves de Bakú condenó a Zeynally a nueve años de prisión por los cargos mencionados anteriormente y que buscan no solo dañar su reputación sino quitarle de la circulación (es decir, cerrarle la capacidad de dejar en entredicho al régimen): “corrupción a gran escala, extorsión y evasión de impuestos”. La diputada Gular Akhmedova ni siquiera participó en el juicio y no presentó ninguna prueba tangible para apoyar las acusaciones.

 

A pesar de los graves problemas de salud que padece, todas sus peticiones de libertad condicional que se han presentado fueron rechazadas al mismo tiempo que Avaz Zaynalli fue objeto de intimidaciones y de privación de sus derechos.

 

Vale la pena reproducir el arranque del reportaje que, con el título de Azerbaiyán, una democracia de cartón piedra que se sueña el Dubai del Cáucaso, Bárbara Ayuso y Marta Arias publicaron el año pasado en fronterad: “Irán y Rusia escoltan un país con ínfulas de grandeza. Azerbaiyán, que una vez fue rusa y ahora quiere ser la Dubai del Caúcaso, ha encontrado en el petróleo el pasaporte a la primera línea mundial. Bakú recibe al visitante con una imagen de cosmopolitismo y modernidad remozada, trufada de psicodélicos rascacielos y lujosas avenidas. Ilham Aliyev, el líder del país, presume de un escaparate de bondades y progreso, de crecimiento económico y elecciones cuatrienales. El hemisferio occidental se embelesa con sus luces de neón y, sobre todo, con las remesas de gas y petróleo que llegan de la ex república soviética que celebra exitosa Eurovisión, aspira a los Juegos Olímpicos y patrocina al Atlético de Madrid. Todo parece en calma a orillas del Cáucaso. Pero no. La engañifa ya la descubrió Chaves Nogales cuando en 1929 llegó hasta Bakú: la ciudad vive en una eterna dicotomía de un alma blanca y un alma negra. En la primera, Azerbaiyán ha ingresado en el templo de las libertades del Consejo de Europa, donde se codea de igual a igual con las democracias del continente, preparándose para liderar el órgano el próximo año. Se sienta en el Consejo de Seguridad de la ONU y se felicita de que cada día aumente la lista de países que le llaman amigo”.

 

En mayo de 2012, con motivo de la celebración del Festival de Eurovisión en la capital del país caucásico, Reporteros Sin Fronteras pidió que se rompiera el silencio que reinaba sobre los medios de comunicación en el país, y que tanto Arias como Ayuso pudieron comprobar de primera mano. En aquel momento, RSF denunció que cinco periodistas seguían encarcelados, dos habían sido asesinados desde 2005, y decenas sufren persecuciones y ataques personales que quedan impunes. Desde marzo de 2013, Reporteros sin Fronteras denuncia el encarcelamiento de Avaz Zeynalli y, “junto al Grupo Internacional de Socios por Azerbaiyán (IPGA), el Instituto para la Libertad y Seguridad de la Prensa, el Club de los Derechos Humanos y el Instituto para los Derechos de los Medios, denuncian el acoso a los profesionales de la información que han intentado ejercer de forma pacífica su derechos a la libertad de expresión en el país, y piden a las autoridades azerbaiyanas su inmediata liberación”.

 

Reporteros Sin Fronteras se adhiere a la demanda de 22 organizaciones de derechos humanos y defensores de la libertad de prensa para que el gobierno de Azerbaiyán “ponga inmediatamente en libertad a todos los periodistas, activistas políticos y defensores de los derechos humanos que hayan sido encarcelados por hablar sobre preocupaciones legítimas referentes a asuntos de interés público”.

 

 

Foto: Emilio López-Galiacho

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