Teatro para bebés, arte para niños, falta de atención

Publicado por el oct 16, 2013

Compartir

Una de las salas se había convertido de manera provisional en aparcamiento de carricoches. Hasta doce en batería pude contar. En la antesala, los jovencísmos espectadores o bien correteaban por la sala o bien aguardaban plácidamente dormidos en sus cochecitos o bien contemplaban el panorama desde el protector regazo de sus madres o padres. Dos niñas se movían por la barra del café de la Sala Triángulo ante la mirada vigilante de su madre y del barman. Teatro para bebés es un espectáculo insólito creado e interpretado por la estupenda actriz vasca Jone Irazábal, antigua compañera de clase en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, cuando estaba en los altillos del Teatro Real, con Adela Escartín, Ricardo Doménech, Francisco Nieva o Francisco García Pavón en el elenco de maestros. Lo más asombroso de la obrita A nada sabe (de 0 a 3 años) es que durante media hora de sinestesias (canciones, sonidos, imágenes, sabores, palabras y juegos) bebés, niños y adultos sigan ensimismados las peripecias de Baratxuri tratando de encontrar a su primo Bernardino, que desapareció a lomos de su bicicleta. Ni una lágrima, ni un chillido, ni una voz se escuchó durante ese auténtico ejercicio de sabiduría escénica que supone cultivar, con los ingredientes más sencillos (como una pecera llena de agua, una pajita, un timbre de bicicleta, una sábana, unas sombras), el arte de la atención.

A

Jone Irazábal y su ojo de pez en A nada sabe.

 

El mal se extiende como una peste contemporánea. Falta de atención. Tiene mucho que ver con el arte de escuchar. Escucharnos a nosotros mismos. Escuchar a los demás. Pero no como quien oyer llover, no mientras cambiamos de canal buscando nuevos estímulos a nuestro tedio. No sé si es imprescindible seguir el consejo de David Lynch sobre la meditación trascendental, pero entraría dentro de los parámetros, de la estrategia para –como jugadores de un ajedrez múltiple y maldito– ralentizar el curso voraz del tiempo. El artífice de la serie Twin Peaks y de películas como Terciopelo azul no cree que un artista pueda cambiar el mundo, pero sí reconoce que el arte sí que puede cambiar al que se deja impregnar por su aura. Un efecto decreciente. Como si buena parte del arte contemporáneo estuviera empeñado, en sintonía con el estado de las cosas, en cuestionar su propia capacidad para emocionar, para conmover, para romper la capa de hielo que recubre nuestro cerebro (como quería Franz Kafka).

Reina 1

De la sala Triángulo vamos caminando la mañana del domingo (son apenas las doce y media) al Centro de Arte Reina Sofía. Tenemos una cita elástica con la bailarina Tania Arias, que participa con un grupo de artistas en la exposición +- 1961. La expansión de las artes. Ni nos espera ni sabemos con certeza a qué hora hace su próximo pase. Como señala la propia web del museo, la exposición plantea «un análisis detallado de un año decisivo de la década de los sesenta que condujo a la invención de la expansión de las artes. En la exposición se examinan los orígenes del cambio, la actividad experimental y las primeras actividades colectivas que señalaron el comienzo de una expansión sin precedentes de la noción de composición y generaron un proyecto multidisciplinar que se desarrolló en tiempo real en el transcurso de ese mismo año». La sorprendente pesquisa que propone este +- 1961 que exige tiempo, atención, curiosidad y amplitud de miras por parte del paseante tensa un arco geográfico que va de San Francisco a Darmstadt, de Colonia a Nueva York, «lugares en los que una nueva generación de compositores, poetas, coreógrafos y artistas reinventaron su práctica a raíz de las innovaciones radicales que habían tenido lugar en el ámbito de la música avanzada. Un elemento central de esta actividad fue la partitura musical, que se había liberado de la notación convencional y se forjaba en formatos gráficos y lingüísticos. La capacidad fundamental de la partitura para registrar el tiempo –y para contenerlo, literalmente–, impulsó una actividad experimental que afectó a todos los medios y redefinió el acto creativo en las distintas disciplinas artísticas».

El repertorio gráfico, documental, primorosamente presentado, es apabullante: conmovedores los ejemplos de arte postal, que uno practicó a rebufo de aquellos años y de aquellos ejemplos sin saber muy bien lo que hacía, solo arrebatado por las contigencias del amor. Por ejemplo: mensajes cifrados en el periódico en el que entonces trabajaba, en el cierre. En un texto de una sección del periódico pasaba de redonda a cursiva una letra dentro de una palabra dentro de un párrafo. Repetía la operación al día siguiente en otro texto. Recortaba luego todos los artículos con las letras en cursiva marcadas y con ellas reconstruía el verso, la frase de una carta de amor pensada de antemano. No sé dónde están los originales. Tal vez en una dacha de Tarasovka (calle Yablonevaia, de los manzanos), no muy lejos de Kiev en electrichka. Pero pese a las partituras y a las grabaciones, todo está impregnado del espíritu del tiempo, y del espíritu del teatro: un arte que sucede ante la mirada, los sentidos, del espectador. Y que en su memoria se guarda. Por eso viaja cuando se hace, no como los cuadros, que se exponen, y permiten que su aura nos impregne, nos conmueva, nos trastorne. Por eso, al final, iremos a rendir homenaje a Ángeles Santos, y desde el centro de la sala, de lejos y de cerca, volvemos a experimentar la fuerza magnética de lienzos que pintó cuando no había cumplido los veinte años, como Tertulia y, sobre todo, Un mundo.

Al vernos aparecer, Tania persuadirá a sus compañeros de juego de que interpreten casi todo el repertorio de obras pensadas, soñadas y danzadas por Simone Forti, que a sus ochenta años vino desde Estados Unidos a instruirles en el arte de utilizar sus objetos, todos concebidos en 1961, de servirse de ellos para revivir una performance: Dance construction (una rampa con cuerdas con nudos para jugar a escalar una montaña mínima); Censor (cazuela de metal y tornillos, o una fiambrera con una indigesta tortilla, que Tania hizo sonar y resonó atronadora en la larga sala del museo, atrajo a muchos, espantó a otros, una danza para convocar/espantar a los espíritus), Cuerda (también de la serie Dance constructions, en la que una de las intérpretes se sube al columpio formado por una maroma gruesa y nueva que cuelga del techo. Enroscado el artilugio sobre sí mismo con la ayuda de otro intérprete –Tania, en este caso–, cuando se suelta la cuerda trata de recuperar su tersura perdida con un gracioso juego de sacarcorchos. El arte de columpiarse), y por último dos cajones alargados y huecos, bajo los que se colocan dos actores (están separados entre sí unos metros y desde su escondite establecen un diálogo a base de silbidos. Se parecen a los que empleábamos en La edad de oro de los perros, en la compañía de teatro Koyaanisqatsi, aunque en nuestro caso la inspiración nos llegó de Donald Judd. No sabía que en Simone Forti teníamos otro glorioso antecedente).

Reina 2

¿Cómo acercarse a estas obras, a estos actores que juegan ante nosotros, sin desconcertarnos, o dejándonos desconcertar solo lo justo para sentarse en el suelo o apoyarse en la pared y disfrutar? Haciendo exactamente lo mismo que los bebés de 0 a 3 años que disfrutaron sin conciencia, que prestaron extrema atención a A nada sabe, a ese Teatro para bebés. Siendo niños otra vez. Por eso, al terminar, la reacción espontánea de muchos bebés fue la de irrumpir en el escenario y abrazar agradecidos a la actriz, a Jone, que los recibía emocionada. Los mismos bebés que antes de empezar la función recorrían con curiosidad el escenario tocándolo todo, haciéndolo suyo. Me recordó a lo que vi en teatros de Mozambique y Ruanda con públicos que jamás habían ido al teatro, que no establecían la diferencia entre vida y representación, y que corregían a los actores, los interrumpían, porque su relato no se correspondía con la realidad, con su experiencia. Al final fuimos a darle dos besos a Jone primero, y a Tania, más tarde, en muestra de agradecimiento. Y después a decirle adiós a Ángeles Santos, que con su arte nos llevó tan lejos una vez y nos sigue llevando cada vez que nos asomamos a sus ventanas altas.

Compartir

ABC.es

Lluvia racheada © DIARIO ABC, S.L. 2013

Este blog está dedicado a la meteorología cultural y política, el teatro de nuestro tiempo, el periodismo y las sombras corredizas.Más sobre «Lluvia racheada»

Calendario
octubre 2013
L M X J V S D
« sep   nov »
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031