Días sin huella, marcas en el agua y un pájaro carpintero

Publicado por el ago 23, 2013

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RESTABLECIDO EL TRÁFICO FERROVIARIO TRAS ATROPELLO DE DOCE CABALLOS EN GIRONA-0VOD1106.jpg-

Nada nos prepara para lo inesperado. Si al menos tuviéramos a Horacio siempre al alcance de la mano. Lo intenta Harry Eyres en su Carpe Diem. Lecciones de vida con Horacio, donde este adalid del movimiento lento, que mantenía en el Financial Times una columna bajo el epigrafe ‘Slow lane’, anota:

«Así es como se presenta él mismo: Horacio es tu amigo de confianza. Sea cual sea el tiempo que haga, él te invita a entrar. Si es invierno, y no sé por qué lo es a menudo, habrá un cálido fuego, troncos encendidos. Se abrirá una botella de vino adecuada, quizá más de una. Y a medida que fluye el vino, también lo hará la conversación. Habrá recuerdos (os conocéis dsede hace mucho tiempo); se hablará de los viejos tiempos, del amor y de la vida».

¿Y de los caballos arrollados el jueves por un tren que cubría el trayecto entre Figueres y Barcelona, cerca de la estación de Fornells de la Selva?

El frescor de la mañana hace de El Retiro el mejor lugar para empezar un viernes de agosto en Madrid. Todavía no ha despuntado el sol desde la pequeña loma artificial del Bosque del Recuerdo, donde los jardineros se afanan, como en todo el parque, escardando, regando, recogiendo los desperdicios de los que no saben apreciar lo que dicen las praderas, lo que susurra el viento entre los árboles. Hay señales en el cielo, nubes jaspeadas sobre una superficie que va dejando de ser azul para volverse rosa pálido, blanco de corchea, una pizarra sobre la que aviones supersónicos trazan líneas que parecen las abscisas y ordenadas de un día que apenas ha comenzado a devorar esperanza. Un pájaro carpintero manda su mensaje en morse para los madrugadores, mientras tres polluelos recién nacidos duermen junto a su madre pata junto a uno de los estanques de los Jardines de Cirilo Rodríguez, donde reinan los pavos reales, aristócratas de una mitología que se extingue lentamente ante nuestros ojos.

Nueve caballos que se habían escapado de una hípica del municipio catalán de Fornells de la Selva fueron arrollados. Ocho murieron. El tráfico ferroviario tuvo que ser interrumpido. Recuerdo a Margarito, peyotero de Oilton, en Texas, que conocía su lenguaje. Cuando los equinos se encabritaban, por razones que nadie conocía, llegaba Margarito y les hablaba en una lengua que ellos entendían, y al instante estaban comiendo de su mano.

María Isabel Barreno, autora de libros como A morte da mãe o Crónica do tempo, reproduce en la contraportada del último Jornal de Letras, Artes e Ideias, fragmentos de su Diário, bajo el título de O enredo do mundo. En la primera anotación, correspondiente a la 2ª feira, 5 de agosto de 2013, habla de una mujer a la que se encontraba barriendo todos los días:

«Vinha do trabalho, à tardinha, chegava a casa e logo se entregava àquela tarefa. Varria e voltaba a varrer, olhar baixo, cara fechada. Meditabunda -palabra de som feio, mas que a descrevia perfeitamente».

Se pregunta Maria Isabel Barreno cuáles eran sus pensamientos, sus intenciones, en aquel barrer obsesivo, melancólico. ¿Limpiar su vida, limpiar el mundo, simular un orden del universo?

Yo me pregunto por los caballos muertos, por este caballo muerto junto a la vía, súbitamente muerta, con los trenes detenidos, y la impotencia de los hombres. ¿Qué habría hecho el mismo Nietzsche que se abrazó a un caballo en Turín que estaba siendo brutalmente castigado por su amo?

Escribe el poeta italiano Marcello Fois en su largo poema Canción del niño Octubre:

«En todo caso, no tengo miedo,

porque el miedo no era un sentimiento bien aceptado en mi casa;

de donde yo vengo,

melancolía, quizá fatalismo…».

Acaricio la cabeza de un león de piedra antes de abandonar el parque. Va a hacer calor. Me apresuro. Tengo cita con el médico. He tenido suerte. Lo que podría haber sido una profunda desazón se revela como algo sin importancia. Lo celebro con un desayuno en Le pain quotidien: un capuchino en taza grande, con azúcar moreno, y un croissant de harina integral. Camino hacia la parada del 146. Termino de leer el ejemplar del Economist que llegó ayer y que abre con la crisis de Egipto, pero que en su interior incluye un reportaje sobre la necesaria reforma del sistema penitenciario en Estados Unidos: un país con el 5 por ciento de la población mundial, pero un 25 por ciento de todos los presos, y donde un hombre acaba de ser sentenciado a cadena perpetua después de que la policía lo detuviera con menos de dos gramos de metanfetamina.

Pobres caballos de Fornells de la Selva.

 

Foto: EFE

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