Trenes contra la noche miserable

Publicado por el Jul 25, 2013

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Trenes

 

Uno de los más hermosos poemas de Bai Juyi (también conocido como Po Chuyi o Po Chüyi), que vivió entre los años 772 y 846, se titula Canto del río en crepúsculo. Son solo cuatro versos:

 

El sol moribundo extiende su luz sobre el agua.

Medio río rojo, la otra mitad esmeralda.

¡Encantadora noche a inicios del mes noveno!

Perlas de rocío, y la luna, un arco perfecto.

 

Cuando no hay nada que decir, mejor es guardar silencio.

 

Pero a veces el silencio puede doler como el filo oxidado de una guadaña contra la pierna desnuda.

 

Por eso, cuando la tragedia se abate sobre nosotros nos abrazamos, buscamos el consuelo en los demás, hasta en los desconocidos. Es un gesto natural, que habla de la mejor parte de nuestra naturaleza. Tiene algo de instintivo, como si tuviéramos grabado en nuestra memoria genética que sin ayudarnos unos a otros estamos perdidos.

 

Somos hijos de nuestra época. Nos fiamos de la tecnología que nos permite vivir mejor que nuestros antepasados. Pero a veces los artefactos nos juegas horrendas pasadas. Como la naturaleza, cuando nos golpea sin darnos tiempo a reaccionar.

 

En los trenes he encontrado siempre una forma de viajar pegada a la tierra, con tiempo para ver el paisaje, leer, conversar con los otros viajeros. En los trenes hallaba siempre una combinación armoniosa entre el progreso y la razón, entre la velocidad y la calma, entre la necesidad de llegar y el tiempo para pensar en la naturaleza del viaje.

 

Hasta que un accidente tan brutal como el que ocurrió el 24 de julio a las afueras de mi querida Compostela nos deja a los amantes de los trenes sin argumentos. La muerte, tan copiosa. La desolación, que deslumbra y envenena como una luz cegadora, que no ilumina, que no sirve para nada.

 

Me acuerdo del protagonista de El amigo americano, la versión que urdió Wim Wenders de la novela homónima de Patricia Highsmith, que asomado a la ventanilla de un tren en Alemania gritaba su desesperación al mundo.

 

Retomo el delicado poema de Bai Juyi como una forma de consuelo para los que hallaron la muerte entre las vías, y para los que quedan, para los inconsolables, esta noche de julio. Trenes contra la noche miserable. Trenes dulces. Tranvías como luciérnagas en la noche de Vigo. Trenes que veíamos pasar con nostalgia cuando no habíamos empezado a perdernos de la infancia y de la inocencia. Los primeros metros de Madrid. Trenes subterráneos. Trenes rigurosamente vigilados de la películas y de los sueños. Trenes del deseo y de la melancolía. Como si la noche cobalto pudiera ser una forma de consuelo.

 

 

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