El ‘best seller’ en que debería convertirse un libro tan triste como necesario

Publicado por el may 28, 2013

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Llega como las estaciones, como las lluvias, como el deshielo. Pero llega no como lo inevitable, sino como lo necesario.

Lo espero como agua de mayo, como luz en medio de la oscuridad para poder seguir leyendo, para combatir el miedo, para que los que están solos y abandonados a su suerte sientan que no es así, porque nosotros, que nos lo podemos permitir, no vamos a consentirlo.

Porque hemos acabado por comprender que nuestra libertad y nuestra conciencia dependen de gestos así. Porque hemos acabado por entender que ningún hombre es una isla. Lo dijo con mucha más elocuencia Martin Luther King en su Carta desde la cárcel de Birminhgham, el 16 de abril de 1963: «Dondequiera que se cometa, una injusticia supone una amenaza para la justicia en todo el mundo. Estamos atrapados en una red ineludible de reciprocidad, ligados en el tejido único del destino. Cuando algo afecta a una persona de forma directa, afecta indirectamente a todas».

Del título solo cambian los dígitos, como cambian los años, porque los años marcan ese ritmo: anual, de balance de situación, de escrutinio.

 

Amnistía

 

No hay un solo autor. No puede haberlo. Son muchos. Es así, también, como se forman los bosques. Como podemos conseguir que el mundo sea respirable.

Copio ahora del prólogo, que sí tiene firma, la de Salil Shetty:

«El 9 de octubre de 2012, unos talibanes armados dispararon en Pakistán contra Malala Yousafzai, de 15 años. Malaia recibió un tiro en la cabeza; su delito había sido defender a través de un blog el derecho de las niñas a la educación. Al igual que había sucedido en 2010 con Mohamed Bouazizi, cuyo gesto fue el detonante de protestas generalizadas en todo Oriente Medio y el Norte de África, la determinación de Malala traspasó las fronteras de Pakistán. El sufrimiento y el valor del ser humano, sumados al poder de las redes sociales, que no entienden de fronteras, han transformado nuestra idea de la lucha por los derechos humanos, la igualdad y la justicia y, a la vez, han generado un cambio perceptible en el discurso en torno a la soberanía y los derechos humanos».

El libro tiene 363 páginas. La portada y la contraportada son negras, con apenas una estiqueta amarilla. ¿Como aquellas estrellas que se cosían? Sin imágenes. No hace fáciles concesiones al espíritu comercial de la época. Lo abro al azar. Por la página 183. Sale ITALIA. Leo: «La comunidad romaní siguió padeciendo discriminación, segregación en campamentos por motivos étnicos, desalojos forzosos y privación de alojamiento. Era habitual que las autoridades no protegieran los derechos de las personas refugiadas, migrantes y solicitantes de asilo. Volvieron a fracasar…». Aquí cambia de página. Picado por la curiosidad, busco ESPAÑA. Es muy fácil de encontrar. El libro está organizado como un diccionario, o como una enciclopedia. Se puede atesorar en cualquier lugar de la biblioteca, entre los libros de geografía, historia, política, pero tampoco estaría a disgusto junto a la Historia universal de la infamia, de Jorge Luis Borges. Leo el arranque del capítulo dedicado a España:

«Se denunció repetidamente el uso excesivo de la fuerza por parte de la policía en manifestaciones. Organismos de derechos humanos condenaron a España por la falta de investigaciones adecuadas sobre las denuncias de torturas».

Esta misma mañana, mientras venía en el 146 al periódico, leía lo que Ryszard Kapuscinski escribió en El Imperio de los campos de concentración soviéticos en Magadán y Kolymá: «El lager era una estructura ideada con sadismo a la vez que con precisión cuyo objetivo consistía en destruir y aniquilar a la persona de tal manera que ésta, antes de morir, experimentara los mayores sufrimientos, humillaciones y tormentos. Era una espinosa red de destrucción de la cual, una vez metido dentro, el hombre a menudo era incapaz de salir».

Kapuscinski se basa en gran medida para su historia del sistema de lagers (el Archipiélago Gulag de Alexander Solthenitsyn), en los Relatos de Kolymá, de Varlam Shalámov, que en España está publicando la editorial Minúscula en uns tomitos azules que queman y que todos deberíamos leer para saber, también, de dónde venimos, y en qué se convirtieron algunos sueños de supuesta emancipación. Escribe Kapuscinski: «Vivos, pero también muertos. Varlam Shalámov habla del barco Kim, que llevaba en sus bodegas a tres mil presos. Cuando se rebelaron, los guardias inundaron las bodegas. Hacía un frío de cuarenta grados bajo cero. A Magadán llegaron bloques de hielo. Otro barco, con miles de condenados a bordo, encalló en los hielos del Ártico. Tardó un año en llegar a puerto; ni un preso quedaba con vida».

Un poco más adelante añade el reportero polaco: «Llegamos al golfo de Nogáiev y nos detuvimos junto al agua, al lado de unas barcas de pesca oxidadas y abandonadas. Es un lugar-símbolo, de un significado comparable con la entrada en el campo de concentración de Auschwitz o la rampa del ferrocarril de Treblinka. Este golfo, aquella entrada y aquella rampa son tres decorados diferentes de una misma escena: la bajada a los infiernos». En mi ficha de lectura, anoté: «Y sin embargo estos lugares, los lager soviéticos, Kolymá, no están grabados a fuego en nuestra memoria del horror. Y deberían estarlo de forma tan indeleble como Auschwitz y el mundo nazi».

En la carta con la que Ángel Gonzalo acompañaba este libro que debería convertirse en un best seller tan triste como necesario, me decía: «El mundo se está convirtiendo en un lugar cada vez más peligroso para refugiados, migrantes y quienes pierden su hogar debido a abusos contra los derechos humanos: se les priva de derechos y se los empuja a los márgenes de la sociedad con una mezcla tóxica de dogmas políticos. Las personas expulsadas de sus hogares son las más vulnerables del mundo, pues a menudo están abocadas a vivir miserablemente entre las sombras. Por motivos como la violencia de género, la desigualdad y la discriminación, las mujeres y los niños refugiados y migrantes están entre los más vulnerables de los vulnerables».

Ah, el libro se titula Informe 2013 Amnistía Internacional. El estado de los derechos humanos en el mundo, y se pude comprar aquí.

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