El tiempo es un animal que todos intentamos embridar

El tiempo es un animal que todos intentamos embridar

Publicado por el mar 27, 2013

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La costumbre nos constituye. Nos hace probablemente humanos, demasiado humanos. Pero de esa consistencia sacamos conclusiones que nos permiten vivir en las ciudades y en los campos gracias a la electrificación. En cada estrato, una civilización. Y no siempre la última mejor que la anterior, pese a la sospecha, profundamente progresista, de que vamos siempre a mejor. El progreso del hombre sobre la faz encharcada, estos días de marzo, de la tierra. Encharcados los campos de España y los de Italia, como he podido comprobar desde dos trenes muy distintos. Entre Madrid y Córdoba, entre Milán y Génova. Dos trayectos latinos, por paisajes cultivados, roturados por la conciencia de que estamos aquí para sacarle partido a la naturaleza. Y sin vergüenza, sin mala conciencia.

Ha llovido mucho este invierno en España y en Italia. Sigue lloviendo ahora mismo, disolviendo los afanes de tantos costaleros que se pasan el año preparando la procesión para que luego el cielo se les muestre poco propicio. Los creyentes recurren al cielo para suplicar clemencia: cuando la concede, es prueba de su misericordia. Cuando no, de su inextricable misterio. Es raro creer, aunque necesario para tantos que miran al cielo y se quejan de la lluvia, “porco goberno”, “maldita lluvia”. Mientras que para algunos, con cierta inclinación nupcial y antropológica a la melancolía, tan solo es la prueba de que el cielo meteorológico se apiada del verano futuro, de la sed que vamos a seguir teniendo después de esta estación de lluvias, tan larga, tan intensa, tan propicia para la lectura y la reflexión.

¿Por qué no la aprovechamos para leer por ejemplo uno de los libros más conmovedores y lúcidos que me he echado a la cara en los últimos años: Bajo una estrella cruel. Una vida en Praga (1941-1968), de Heda Margolius Kovály, que acaba de publicar Libros del Asteroide? Víctima primero de los nazis (su familia fue aniquilada en Auschwitz, logra huir del campo de concentración para encontrarse con el miedo en la cara de sus amigos cuando llama a sus puertas en una Praga todavía ocupada por los alemanes), luego de los comunistas (su marido, alto cargo del Partido, honesto a machamartillo, que creía en el sistema, fue ejecutado tras un juicio farsa en el que se declaró traidor tras haber sido sometido a torturas, y ella y su hijo, con el estigma, menospreciados, obligados a vivir en una miseria que casi les condena, a su vez, a muerte). La prosa de Heda Margoilius Kovály es todo menos pordiosera, y está trenzada con los hilos de la memoria y el amor, no del resentimiento. Pero no blanquea ningún sepulcro. No transige con los cobardes, ni con los asesinos.

Es dudoso que el progreso sea constante. Hay pruebas irrefutables de que no es así. A veces retrocedemos varios siglos de golpe, como cuenta Heda Margolius Kovály. ¿El alma humana? Para el filósofo Javier Gomá Lanzón, si preguntáramos a un homosexual, un negro, una mujer, un niño, un minusválido en qué época le gustaría vivir, la respuesta sería indefectiblemente: hoy, hoy, hoy, hoy, hoy, hoy.

Pero nos quejamos. Es legítimo. Está en nuestra naturaleza. Ir a África con frecuencia me ha servido para darle menos importancia a muchas cosas que aquí nos quitan el sueño y la alegría. Dada nuestra afición a los espejos, a fuerza de reconocernos como mamíferos implumes dotados de razón, de un lenguaje que nos sirve para bautizar a los animales y a veces entendernos, hemos llegado a curiosas conclusiones. Somos unos Narcisos bastante paradójicos. Tenemos conciencia, de la muerte y de la dicha, del deseo y de sus estragos, de lo que debemos y de lo que podemos hacer. Pero a veces nos olvidamos de aplicar el raciocinio a lo que vemos, de ponernos en el lugar del otro. Un ejercicio muy costoso.

Este blog, que es una prolongación de uno de niebla y viento dedicado sobre todo a los libros que estuvo en otra península de esta web cordial, quiere hablar de la lluvia racheada como una realidad concreta, extraída de la experiencia de sacar la cara por la ventanilla de los trenes (cuando se podía: como hacía Bruno Ganz en El amigo americano, la película de Wim Wenders, que acaso debíamos volver a ver antes de que llegue el supuesto buen tiempo) y de salir a la calle cuando el meteoro azota. Pero también como metáfora de un tiempo sin grandes alféizares ni marquesinas existenciales.

Un blog para experimentar con las palabras, con la percepción que el periodismo nos ofrece de este mundo. Aquí lo reflejamos. Arcadi Espada insiste en algo que no es moneda tan corriente en las facultades del gremio como debiera: que la objetividad no solo existe, sino que su fórmula es cualquier cosa menos hermética: poder dar cuenta de los hechos al margen de las propias convicciones. No debería ser tan endiabladamente difícil. Y no solo para los editorialistas.

Vamos a intentarlo. El mar es el de Génova, una tarde de primavera que parecía de invierno, hace apenas cuatro días, cuando cogimos un tren que parecía muy antiguo, semejante a los que me servían para ir de Vigo a Madrid y de Madrid a Vigo cuando estudiaba periodismo en la Universidad Complutense y no sospechaba que mi vida iba a ser esto.

Lluvia racheada. Buenas noches.

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Lluvia racheada © DIARIO ABC, S.L. 2013

Este blog está dedicado a la meteorología cultural y política, el teatro de nuestro tiempo, el periodismo y las sombras corredizas.Más sobre «Lluvia racheada»

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