Los padres curling

Publicado por el Feb 1, 2012

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Como en el curling, estos padres “lanzan” a sus hijos hacia el objetivo que ellos mismos se han fijado. Eligen el deporte que deben practicar sus hijos orientándose por sus propios gustos, que no siempre coinciden con los de los chavales, y se erigen en voz autorizada para exigir la alineación de sus hijos en los partidos e incluso dar instrucciones contradictorias a las marcadas por el entrenador. Con su actitud, además de menoscabar la autoridad del preparador, dificultan el desarrollo personal y social de los escolares.

Javier Esteban

El deporte escolar, junto al bilingüismo y a las TIC’s, es uno de los pilares básicos para la formación de los alumnos del siglo XXI, ya que ayuda al desarrollo físico, personal y social de los más jóvenes. El deporte desarrolla las cualidades físicas del individuo, favoreciendo aspectos como la coordinación o la psicomotricidad, muy estudiados y aplicados en los centros educativos.

Pero el aspecto que nos preocupa es el desarrollo personal y social del individuo dentro de la práctica deportiva y, en especial, la influencia que ejercen los padres. Hoy en día estamos enfrentados a un problema muy grave que afecta al deporte, pero también se podría extrapolar a otros ámbitos educativos. Ese problema es el de los denominados padres “curling”. Antes de adentrarnos en él expliquemos a qué se debe ese calificativo.

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El curling es un deporte de precisión, similar a la petanca, que se practica en una pista de hielo. Dos equipos compiten entre sí con el objetivo de lanzar deslizando piedras de granito con un peso de 20 kilos sobre un corredor. Los puntos se otorgan en función de la cercanía de estas piedras a la diana marcada al final del pasillo.

Para facilitar que la piedra se deslice, los equipos cuentan con una especie de cepillos que sirven para limar las asperezas del hielo y acomodar el camino para que la piedra llegue sin contratiempos a la diana o para arañar el hielo y conseguir frenar la piedra para que no se pase de su objetivo.

Una vez explicado esto, queda patente que uno de los problemas que sufren los entrenadores y coordinadores de los equipos de deporte es la presión de los padres, que, como en el curling, se planifican “su” objetivo deportivo -la diana- y después “lanzan” al niño o niña -la piedra- para acercarse al blanco. Hasta aquí, nada malo para el entrenador ni para el coordinador, pero sí para el alumno, que no ha tenido poder de decisión, sino que se le ha fijado una meta, el triunfo, y se le ha impuesto un camino, que es el deporte elegido por el padre.

Por tanto nos encontramos ya con el primer inconveniente que generan los “padres curling”, el hecho de que muchos niños practiquen un deporte que no les apetece simplemente porque es en el que su padre ha triunfado o, en el peor de los casos, en el que el adulto ha fracasado y pretende resarcirse de su frustración por medio de su propio hijo, viendo así realizadas las ilusiones que él tuvo y no alcanzó.

Alguno se preguntará qué tiene esto de negativo para el desarrollo de los niños, pues en edades tempranas es lógico admitir que son los padres los que tienen que decidir por ellos, intentando conducirles por el camino que creen más adecuado, al igual que eligen nuestros colegios religiosos para su educación frente a otras opciones educativas.

Lo malo que tiene es que muchos niños se ven abocados a detestar el deporte que practican, pues el hecho de realizar una actividad que no es de su agrado puede generar un rechazo que además conlleva el riesgo de que el niño generalice esa repulsa por el deporte en general y no exclusivamente por la disciplina deportiva que se la ha impuesto.

Frente a esta situación, nuestros profesores y entrenadores tienen el arma del multideporte, mediante el cual se pueden descubrir las habilidades más adecuadas para cada niño y las preferencias de estos, pero siempre que el padre atienda los consejos del experto en deporte que le aconseje sobre lo mejor, por aptitudes y por apetencias, para su pupilo.

Pero el segundo problema y el más grave que generan los padres curling para los educadores/entrenadores es que interfieren en su labor. Los padres, en algunas ocasiones, menosprecian la labor de los monitores y se convierten en una segunda voz autorizada para el niño durante los partidos y los entrenamientos.

Este es el verdadero problema que generan los “padres curling” con su afán protector, y las consecuencias pueden ser desastrosas para el entrenador, pues se tambalea la autoridad del mismo sobre el grupo cuando un padre exige que su hijo sea alineado y pone en tela de juicio su credibilidad cuando un progenitor da órdenes contradictorias a las dictadas por el preparador.

Padres helicóptero

Lo más grave de todo es que, en la mayoría de las ocasiones, estos padres “helicóptero” que sobrevuelan al niño, protegiéndole cuando realiza cualquier actividad, están impidiendo el desarrollo personal y social del pequeño, están truncando uno de los pilares básicos de la educación de su hijo, sin reparar en los daños que está ocasionándole para el futuro.

No piensa en que el niño debe de ser libre para elegir su afición, que tiene que disfrutar de ella por el hecho en sí de practicarla, sin sentir presión por el éxito,  y que ha de hacerla entre un grupo de amigos, sometiéndose a la autoridad existente en el conjunto y acatando sus reglas. Todo eso sembraría la semilla para que ame el deporte, sea profesional o no en el futuro, y le aportaría unos valores humanos y cristianos equiparables a los que puede transmitir la actividad pastoral.

Esta última afirmación no es una aberración, pues no hay que olvidar que el Papa Juan Pablo II ya habló del deporte como la nueva evangelización, cuestión que ratificó Monseñor Agustín García-Gasco, como Arzobispo de Valencia, en mayo de 2004 cuando dijo que “la llamada de la nueva evangelización nos anima a no encerrarnos en los templos, sino a abrirlos para que el deporte y todas las expresiones humanas puedan ser portadoras del mensaje de paz y amor cristiano, que tanta falta hace a nuestro mundo”.

Ese mensaje demanda la ayuda de todos, familias, entrenadores, coordinadores y alumnos, para no quedar oculto tras los intereses personales, las frustraciones, los egoísmos y los planes de futuro de esos padres curling o helicóptero que invaden nuestros campos de juego a lo largo y ancho del mundo, imponiendo sus equivocados criterios y sin detenerse a pensar que el deporte es un instrumento esencial al servicio de la educación católica, pero cuyo uso erróneo puede provocar daños irreversibles en el proceso formativo.

 

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