Primera escucha de «Crosseyed Heart», de Keith Richards

Primera escucha de «Crosseyed Heart», de Keith Richards

Publicado por el sep 8, 2015

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Este viernes aparece el disco en solitario de Keith Richards. No es moco de pavo: uno de los músicos más importantes del rock de todos los tiempos, con más de cincuenta años de carrera a sus sufridas espaldas, lanza el que es su segunda entrega emancipado de los Rolling Stones. Y eso que se han pasado media vida tirándose los trastos a la cabeza entre él y Mick Jagger. Pero bueno, el caso es que «Crosseyed Heart» ya está aquí y, ojo, las sensaciones son buenas. Muy buenas. Para ello ha contado con una voz cascada pero bien aprovechada, su instinto a la guitarra y una ganas tremendas de publicar canciones, ya que su banda de toda la vida parece que no tenía intención de hacer nada parecido.

Se trata de 15 canciones salidas de su puño y letra, con la colaboración de Steve Jordan, excepto un clásico del blues, «Goodnight Irene», de Lead Belly.

El disco comienza con el tena que da título al disco, «Crosseyed Heart». Un blues de corte muy añejo y guitarra acústica. Keith se empapó en sus años mozos de los grandes y primigenios bluesmen, así que lo clava, como no podía ser menos.

Continuamos con «Heartstopper», muy stoniana. Con esos riffs rápidos, pero por fortuna sin ese alarde grandioso de producción que hacía un ciertamente cargantes las últimas entregas de la banda.

Vamos con «Amnesia». También sigue la línea clásica de los Stones. Un tema rápido, divertido. Observamos que para empezar el disco no quiere alejarse de los parámetros por los que es más conocido.

Con «Robbed Blind» levantamos el pie del acelerador, y nos dejamos mecer por la voz del abuelo, arrastrando su voz nasal. Bonita, con steel guitar ayudando a ese movimiento cadencioso.

«Trouble» fue escogido como single. Podría pasar por la clásica aportación en solitario de Keith a los discos de los Rolling. Aquí su voz se fuerza más, pero el tío tiene olfato para que las guitarras suenen de lujo.

No podían faltar los aires jamaicanos que al guitarrista que se esnifó las cenizas de su padre tanto le gustan. «Love Overdue» se encarga de poner ese ambiente de humo espeso y vida que pasa relajadamente.

En «Nothing On Me» no sé si damos signos de cansancio el protagonista del asunto o nosotros. Prescindible.

No pasa lo mismo con «Suspicious», aunque no todo el mundo opinará lo mismo. Tema lento en donde el corazón rebelde de Keith se va derritiendo con su voz de lija.

«Blues in the Morning». El sonidos se nos va a los años cincuenta. Keith se escora hacia un rock clásico, pero sin abandonar el sonido sucio. Una curiosa mezcla.

En «Something for Nothing» los tambores lejanos se van acercando para anunciar la irrupción del viejo maestro, acompañado de coros. Otro tema que también podría haber dejado para el álbum de rarezas o caras b. ¡No hacía falta lanzarse a ocupar todo el espacio temporal disponible del disco!

El principio de «Illusion» nos hace pensar que tras el atracón que llevamos encima, un tema así, lento, hipnótico, arrastrado, se nos hace también cuesta arriba, pero la cosa cambia cuando de repente entra Norah Jones (alguno pondrá cara de incredulidad). Ella no es la alegría de la huerta, pero nos damos cuenta de que una voz femenina ofrece un contraste chulo con esa garganta que suena como erosionada por mucho aguardiente. Vale, sin el como.

«Just a Gift» es otra balada de sonido sucio, que funciona, a pesar de que Keith ha dejado una recta final de tintes muy parecidos.

«Goodnight Irene» es la única tonada ajena. Se trata de casi un himno en Estados Unidos, obra del bluesman del Delta Lead Belly. Una canción estupenda que habría que ser muy zote para estropearla, pero que le pega especialmente bien a alguien tan unido sentimentalmente a ese sonido.

Para su penúltimo tema, «Substantial Damage», Keith vuelve a afilar su arma, y además eleva la voz. No aporta mucho, pero bueno, ahí está.

El remate se llama «Lover s Plea», y en él nuestro amigo se pone en plan soul. Resulta extraño escuchar a este hombre en modo meloso, con sección de viento enfatizando la emoción. No puede haber algo más alejado de las inmaculadas voces negras que los quejidos de Keith Richards, pero la falta de cualidades en sus cuerdas vocales las sustituye con su innegable personalidad.

 

 

 

 

 

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Somos cuatro redactores de ABC amantes de la música pop y sus aledaños. Cuatro generaciones diferentes, con sus distintos puntos de vista impregnados de la peculiar visión que imponen los momentos vividos. Con Manuel de Fuente, el de mayor experiencia, guiando al resto en sus pasos a través del proceloso camino de la crítica y el debate musical. Más sobre «ABC Road»

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